Víctor se jubila tras ganarse el corazón de los agentes de la Policía Nacional de Ourense mientras cuidaba la Comisaría

21 AÑOS DE TRABAJO

"Me sentía como si estuviera en mi casa, muy querido y respetado”, asegura José Benito Moráis, al que todos conocen como Víctor y quien confiesa que le da pena separarse de su familia de la Comisaría.

José Benito Moráis, frente a la Comisaría, que fue su casa durante los últimos 21 años.
José Benito Moráis, frente a la Comisaría, que fue su casa durante los últimos 21 años. | ÓSCAR PINAL

El ourensano José Benito Moráis (66 años), al que todos llaman Víctor, conoce la Comisaría de la Policía Nacional de Ourense como la palma de su mano. Habla con orgullo de su gran pabellón, el gimnasio, el museo o el helipuerto, pero guarda silencio cuando le preguntan sobre los secretos de este edificio que pocos conocen como él. No en vano, pasó los últimos 21 años recorriendo sus pasillos.

En su caso, no se le distinguía por su uniforme, tampoco por llevar una pistola en la cintura ni por medallas colgadas del pecho, pero su maña era fundamental para que la labor policial se llevase a cabo. Él se encargaba del mantenimiento del edificio, un empleo que realizó con orgullo y pasión hasta agosto, cuando le tocó jubilarse.

Su desembarco en la Comisaría llegó en el año 2005. Estaba trabajando en la casa del que en aquel momento era el comisario (Avelino Luis de Francisco) arreglando un baño. “En personal buscaban a una persona para encargarse del mantenimiento, me lo propusieron y fui para allá”, recuerda. En ese momento no lo sabía, pero tuvo una larga trayectoria en la que vio pasar hasta ocho comisarios mientras él seguía en su puesto.

Este año fue su turno. Le tocó jubilarse y, aunque lo ve como una etapa ilusionante en su vida, es consciente de que va a echar mucho de menos a sus compañeros de la Comisaría, que él define como una gran familia. “Son muy abiertos y muy buena gente. Me sentía como si estuviera en mi casa, muy querido y respetado”, indica. Ese buen ambiente se trasladaba incluso fuera del trabajo con quedadas para tomar algo o comer. Víctor confiesa que con la edad ha aprendido que estas son las cosas que realmente uno valora en la vida.

Ahora, no los verá a diario, pero seguramente seguirá en contacto con ellos y realizando planes porque le tienen un cariño inmenso. Así se demostró el día del patrón de la Policía Nacional, donde recibió el mayor aplauso de todos los que subieron al escenario. Además, a su fiesta de despedida acudieron más de 100 agentes.

De esta forma, sus compañeros quisieron mostrar su reconocimiento a un hombre trabajador, eficaz y sobre todo discreto. Una cualidad muy importante en su puesto. “En una comisaría hay que saber dónde estás en primer lugar. Saber dónde puedes entrar y dónde no”, asegura. En esta línea va el consejo que le da a su sucesor: “Hay que guardar respeto, mirar, oír y callar”. Él lo hizo durante 21 años y, aunque lo echará de menos, un nuevo capítulo ha comenzado en su vida.

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