Cinco pueblos imprescindibles para descubrir la historia y el patrimonio de Ourense este verano
VILLAS CON ENCANTO
Estos son los cinco pueblos más históricos de la provincia de Ourense para descubrir este verano entre villas medievales y legado romano
La historia de Ourense es también el legado de la época romana y de villas que brillan con luz propia, un viaje por el interior de una provincia fascinante donde la tradición, el agua y la piedra se vertebran de una manera única en Galicia.
Diseñar una ruta de verano por sus enclaves más singulares es adentrarse en un viaje a través del tiempo, con una aventura que comienza a orillas del embalse de As Conchas, en Bande, donde se encuentra el Aquis Querquennis. Este complejo arqueológico de la antigua Vía XVIII emerge entre las aguas cuando baja el nivel en época estival, permitiendo pasear libremente por lo que fue un campamento militar romano y una mansión viaria. La experiencia culmina al sumergirse en sus pozas termales al aire libre, un regalo de salud y tranquilidad en pleno entorno natural.
Muy cerca, la historia da un salto temporal en Vilanova dos Infantes, en Celanova. Esta pequeña aldea fortificada cautiva por su arquitectura popular, con hórreos y calles empedradas. Su gran tesoro escondido es la diminuta Capilla de San Miguel, una auténtica joya mozárabe del siglo X que descansa resguardada por su imponente Torre da Homenaxe.
Bordeando el río Arnoia llegamos a Allariz, ejemplo modélico de recuperación urbana galardonado con el Premio Europeo de Urbanismo. Pasear por su cuidado casco histórico es rememorar la infancia de Alfonso X el Sabio entre antiguos molinos de cuero rehabilitados como museos y restaurantes a la orilla del río.
Siguiendo la ruta hacia el corazón de la comarca del Ribeiro, Pazos de Arenteiro (en Boborás) recibe al viajero con una atmósfera congelada en el tiempo. Estrechamente vinculada a la Orden del Temple y al esplendor del comercio del vino, esta aldea monumental destaca por su altísima concentración de pazos barrocos, casas blasonadas e iglesias románicas.
El itinerario culmina a las puertas de la Ribeira Sacra con Castro Caldelas. Encaramada en lo alto de una colina, la villa invita a perderse por un laberinto de callejuelas empinadas adornadas con galerías de madera blanca, con el Castillo de los Condes de Lemos, del siglo XIV, custodiándolo todo desde la cima.
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