Hurgando entre las cenizas

UIFO

Los agentes ambientales de la Unidad de Investigación de Incendios Forestales valoran que los fuegos del Macizo Central son intencionados. “Están relacionadas con la ganadería y cuestiones cinegéticas”, asegura Aurelio Mosteiro

Delimitar el punto de origen del fuego es la primera tarea.
Delimitar el punto de origen del fuego es la primera tarea.

Cuando las llamas se apagan, pero los árboles aún humean, ellos entran en acción: los agentes ambientales de la Unidad de Investigación de Incendios Forestales (UIFO). Escrudriñan las cenizas para dar con el punto de origen de los fuegos y, a partir de ahí, contar su historia. Los incendios forestales dejan pistas sobre su origen, aunque no en pocas ocasiones requieren tiempo para dar con la persona que prendió la llama. Hay investigaciones que tardan dos o hasta tres años.

Esta unidad, adscrita a la Dirección General de Defensa del Monte, dependiente de la Consellería de Medio Rural, fue creada en agosto de 2021 para reforzar el trabajo que hacen los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado (el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil -Seprona-, Policía Autonómica y Policía Nacional). Hay trabajo para todos.

Una agente ambiental marca el inicio de un fuego.
Una agente ambiental marca el inicio de un fuego.

El verano de los mil fuegos

Los 15 agentes ambientales que integran la unidad son especialistas y están entrenados para determinar el origen y las causas por las que arden los montes. Este mes de agosto ha sido el más complicado desde que comenzaron a trabajar hace cuatro años. Con un verano que sobrepasará los 1.000 incendios en toda Galicia, resulta imposible llegar a todos. El triaje prioriza los de situación 2 (peligro para la población) o con víctimas; grandes superficies devastadas y zonas con reiterada actividad incendiaria.

El coordinador adjunto 2 de la UIFO para la zona de Ourense y Pontevedra, Aurelio Mosteiro, asegura que en torno al 75% de los fuegos de la pasada semana, cuando ya ardía con virulencia la alta montaña, son intencionados, aludiendo a casos cocretos como los grandes siniestros de Chadrexa de Queixa (en las parroquias de Parafita y Requeixo), Maceda (Castro de Escuadro), Vilariño de Conso o A Mezquita. “La media gallega estaba en torno al 60%-70% en cuanto a la intencionalidad, superando las negligencias o imprudencias, pero puntualmente en semanas como esta (la entrevista se realizó el día 13) puede rebasar el 75%”, precisa Mosteiro.

“Las líneas de investigación en el Macizo Central más potentes que tenemos” -asegura- “están relacionadas con la ganadería y cuestiones cinegéticas”. Y no siempre para lograr un beneficio económico sino por rencillas entre lugareños por prohibiciones de pastoreo. El perímetro del incendio de Chandrexa ya abarca 120 kilómetros y 19.000 hectáreas calcinadas tras juntarse con el de Mormentelos (Vilariño de Conso).

Para este agente, a lo largo de este verano, hubo “muchos fuegos provocados de forma intencionada, con un dolo muy claro, porque las condiciones meteorológicas eran muy desfavorables, con temperaturas elevadas y mucho viento”. Considera que los autores son “criminales que saben que en esta época van a causar daño y alarma social, porque la propagación es fácil”. Y enumera negligencias como el tren que supuestamente calcinó 108 hectáreas en Seixalbo.

Trabajos agrícolas

El coordinador de la UIFO menciona otra variable con peso durante este verano: los fuegos relacionados con trabajos forestales. “LLevamos casi dos meses sin lluvia, con baja humedad y temperaturas altas, por lo que cualquier actividad laboral que implique uso del fuego o el empleo de maquinaria que provoque una chispa puede originar incendios que en poco tiempo alcanzan grandes dimensiones”, comenta.

Ocurrió en Oímbra el pasado día 12 cuando un operario manejaba un tractor que desbrozaba la carretera que une las localidades de Casas dos Montes, A Granxa y el puente del río de Medeiros, pese a la prohibición de la Xunta tras declarar el nivel 2 de alerta en toda la provincia. Originó un incendio que a día de hoy no fue extinguido, calcinando ya 17.000 hectáreas al unirse a otro de Xinzo y dejó heridos de gravedad a tres brigadistas que continúan hospitalizados en la Unidad de Quemados del CHUAC.

Ese mismo día, ardía en A Esqulqueira (A Mezquita), una zona con “fuegos reiterados” por temas ganaderos, resalta Mosteiro.

La UIFO cuenta con una red de colaboradores, de casa y de fuera. “Nos valemos de la información que nos proporcionan los bomberos forestales, los agentes ambientales y personas que trabajan sobre el terreno y que después vuelcan los informáticos”. Pero también los vecinos son muy valiosos y colaboran. Los investigadores no precisan que les proporcionen nombres y apellidos.

“No queremos que señalen a nadie, porque eso en una aldea pequeña crea problemas”, precisa Mosteiro. Hay otro tipo de información muy valiosa: “Nosotros lo que queremos es que la gente nos diga cuál es el conflicto que se está produciendo en esa zona y cuáles pueden ser las personas que están implicadas en esos conflictos”.

Aunque el esclarecimiento ronda el 30%, los agentes ambientales no se sienten frustrados: “Estamos mejorando, y estamos consiguiendo mejores condenas porque somos capaces de obtener pruebas más concluyentes. La investigación de incendios funciona continuamente y con la incorporación de nuevas tecnologías somo capaces de conseguir pruebas indiciarias directas”. Hoy cuentan con casi 100 cámaras en los montes ourensanos, usan drones, balizamientos de vehículos, medios tecnológicos para cercar al incendiario.

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