Loreidys Pérez, de la rebelde Sierra Maestra a la serena agua del Tinteiro
LA NUEVA OURENSANÍA
De las escarpadas montañas de la Sierra Maestra cubana proviene el linaje de Dionicio Loreidys, hijo de la revolución castrista, hoy afincado en Ourense. El relato del fin del sueño cubano, en cuerpo y alma de un amante de estas tierras
Tiene un nombre bautismal Alberto Pérez Zamora de estos que no se olvidan. “Dionicio Loreidys”, apunta. Muchos años después, ya adulto, trabajando en la radio con un programa infantil, se puso un Alberto en medio. “Nací en el año 1966, el día de San Dionisio, mi familia es de un cuartón que se llama Las Trochas, San Isidro, en la Sierra Maestra cubana”, revela. Describe un lugar tan bello como intrincado, rural, humilde y en medio de la naturaleza. “Crecí en el pueblo de Media Luna hasta que salí a formarme”, relata Loreidys. Por llevar un poco la contraria, y para que el lector no lo olvide, no le vamos a llamar por el nombre corriente que se puso con los años, suena mucho más auténtico Loreidys.
Período soviético
“De allí me fui a estudiar Niquero, después a La Habana a una facultad en idioma ruso, y posteriormente a la Unión Soviética”, comenta. Un barco le llevó en dieciocho días a Odesa, hoy Ucrania, y tras una semana se marchó a Minsk, hoy capital de la República de Belarús. “En mi primera semana allí asistí al ballet, a una presentación de Aurora Bosch, renombrada bailarina cubana”, concreta.
Las pinceladas con las que ilustra su historia dejan claro desde un inicio que estamos ante una persona sensible y refinada. Nos contará minutos después Dionicio que lleva años como coordinador de artistas de Iberoamérica para el Slavianski Bazaar, un festival de las artes eslavas y la canción pop que tiene lugar anualmente en Bielorrusia.
Sabemos también que acaban de nombrarlo secretario de la asociación de autónomos de la provincia de Ourense, y que tiene su propia gestoría de trámites al migrante. “Desde buscar un nacimiento de un español en los archivos, hasta todo tipo de diligencias para la residencia o repatriación de los interesados”, explica. Entendemos que lo de las artes ocupa su corazón, pero con este capitalismo atroz, algo más tiene que dotar los bolsillos de cuartos para mantenerse. “Todo arrancó porque fui voluntario de la Cruz Roja, y empezaron a llegar los primeros refugiados ucranianos con los que hice de coordinador, de ahí también surgió la asociación Avante, de la que soy secretario”, explica. Su dominio del ruso fue el que le abrió las puertas del mercado laboral, un pan bajo el brazo que le dejó Fidel, en forma de alfabeto cirílico.
Período cubano
“En realidad soy ingeniero pedagogo en la construcción civil”, aclara sobre sus estudios en la antigua URSS. “Era un programa que tenía la revolución para formar jóvenes allá, fui uno de esos 30.000 cubanos”, concreta. “El verano que no volvía a casa, trabajaba en las vías del Baikal-Amur, el tren transiberiano”, explicita.
Volvió Alberto cuatro años después a Cuba, y el alcalde de su pueblo le pasó de ser maestro de hidráulica, a una estación de radio regional incipiente, por sus claras dotes comunicativas, y presuponemos su buena dicción al micrófono. “Después me promueven a la radio nacional en Bayamo, donde estuve hasta 2010, y posteriormente paso a la planta matriz, en Radio Rebelde, en La Habana, hasta 2019, que vine para España”, relata Loreidys.
No podemos evitar preguntarle a un periodista por libertades de prensa en Cuba, y habla Dionicio alto y claro. “Jamás me paró nadie a mí por un trabajo, ni el gobierno, ni el partido… y yo tuve una etapa de enfrentamiento a ministerios… cuando Fidel dejó el poder se hicieron muchas cosas que no encontraron ruta”, comenta. “Durante cuatro años recibía quejas de la población y aunque a veces no publicaba los trabajos, les buscaba de alguna manera solución”, explica sobre su modus operandi en la emisora que fundó Che Guevara.
“Yo me sentí dichoso de haber tenido la mano de Fidel, defectos los que quieras, pero para nuestra generación fue una luz y una salida a la pobreza”, opina. “Los programas sociales fueron muy certeros aunque en el ámbito económico no consiguiera los mismos empeños”, concluye.
Emigró Alberto porque, enfermo el comandante, empezó a ver que el proyecto iba en una dirección que no era la que según él, el líder había forjado durante sesenta años. “Hoy Cuba ya no es un país, sin electricidad, ni pan ni leche”, enumera ejemplos que sobre la marcha le vienen a la cabeza.
Vino con su mujer, sus dos hijos en común y otra hija que también vive ya con su propia familia, y que cuenta treinta y ocho años. “En Cuba somos muy productivos”, comenta entre risas, es ya Loreidys bisabuelo, a sus cincuenta y nueve tacos. “Tengo un nieto, Liam Lucas, el primer gallego de la familia”, revela por teléfono. El ascendente familiar se encuentra en Zamora y en las Islas Canarias. “Yo, como militante del partido, no pude hacerme la nacionalidad hasta hace un año, pero mi bisabuelo era español”, comenta.
Período gallego
“La hermana de mi esposa estaba aquí en Ourense”, revela el porqué de esta zona del mundo. “Mi mujer tenía unas manchas y aquí desaparecieron”, añade con gracia. El milagro de las aguas del Tinteiro obró en esta familia que, durante el primer año de estancia, se la pasó dando paseos por el borde del Miño, para pasar el rato. Le contamos lo de la creencia popular de la peregrinación de nueve días para arreglar la dermis, y confiesa que la cuenta no la llevaban, pero que eran asiduos a las charcas.
Despedimos a Dionicio Alberto Loreidys Pérez Zamora, no sin antes preguntarle sobre su alma. “Honestidad, franqueza, fidelidad”, dice sobre sí mismo, y resulta curioso lo de las coincidencias, por la última palabra entrecomillada. ¿Elegimos a nuestros dioses o nuestros dioses nos eligen”, ahí dejamos pregunta al aire, ¿un poco de ambas?, quizá la cuestión no tenga respuesta.
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