MINICOCHES PARA RODAR
Los menores de edad se suman a los mayores a bordo de microcoches
MINICOCHES PARA RODAR
El Biscúter fue el primer microcoche que se echó a rodar por las vías españolas en los años 50. Se empezaron a fabricar tras la posguerra. Un vehículo pequeño, sencillo y barato considerado el precursor de los mal llamados “coches sin carné”. Esos que se ven, incluso a pares (como en la foto superior) en una mañana cualquiera, en este caso, delante del centro social de Maceda. Dentro, en la cafetería, sus conductores charlan tras desplazarse desde pueblos cercanos para hacer unos recados.
Realmente, no son “coches sin matrícula” ni “coches sin carné” _una denominación errónea que proviene de Francia, en donde no hacía falta licencia y eran los “voitures sans permis” (VSP)_. En España, desde que los minicoches actuales se empezaron a comercializar, a finales de los 90, siempre se requirió permiso y registro. Se pueden conducir con carné de ciclomotor AM o con licencia para el manejo de maquinaria agrícola (LVA).
Son cuadriciclos ligeros enmarcados en la categoría L6e. En la provincia se matriculan al año 40 microcoches nuevos y 80 de segunda mano. No son muchos, pero van en aumento. En general, se promocionan para uso urbano con capacidad para dos personas, una velocidad máxima de 45 km/h, menos de 50 c. c. y 4 kW de potencia. Pero en Ourense, su uso se centra principalmente en el rural y por conductores de avanzada edad que nunca han sacado el carné o solo tienen el de moto o tractor. “Dependían de los autobuses que dejaron de conectar pueblos, de hijos o vecinos; y moverse solos supuso algo importante”, explica Álvaro Grande, responsable del concesionario Tougran en Xinzo.
Los conductores mayores representan hasta un 70% de los compradores, pero Grande destaca un cambio de tendencia porque en Ourense se intenta incorporar a los menores. “Es una solución para chicos de entre 15 y 18 años que no disponen a todas horas de sus padres para ir a extraescolares o al instituto”, explica. Este giro se nota también en sus prestaciones. No son una carcasa sin más, “cuentan con pantalla táctil, aire acondicionado, llantas de 16 o 17 pulgadas, asientos baquets (deportivos de una sola pieza)...”, detalla Grande que recalca que la siniestralidad no es alta. “Se destinan mayoritariamente a gente mayor, pero no por eso son malos conductores”. Algunos incluyen chasis de aluminio indeformable, “las piezas exteriores son de plástico, pero el posible golpe se amortigua”. Un gran equipamiento que se refleja en el precio. El modelo eléctrico más económico y nuevo cuesta 11.300 euros, pero se vende más el diésel, cuyo precio oscila entre los 12.600 y los 20.000 euros. Vendedores y usuarios reconocen que no son baratos, pero “no se compran por capricho o lujo”. Ven estos microcoches como una solución para mantener la vida social y tener autonomía con toda una red de carreteras convencionales por delante.
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