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El primer café | Viernes, 13 de febrero
TREN DE BORRASCAS
La provincia de Ourense, junto al interior de Pontevedra y la zona norte de Portugal, ha registrado la mayor anomalía negativa de radiación solar durante el arranque de 2026, consolidándose como una de las zonas más afectadas de la Península Ibérica por el paso sucesivo de borrascas.
Según un análisis elaborado por el investigador Dominic Royé, doctor en Geografía Física de la Misión Biológica de Galicia (CSIC), la ciudad de Ourense ha sufrido un descenso del 57% en las horas de sol habituales para este periodo, un dato que supera los registros de la costa atlántica y sitúa el pasado mes de enero como el segundo con menos insolación de la serie histórica iniciada en 1984, solo por detrás de 1996.
Los datos, obtenidos a través de la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos (Eumetsat), confirman que el interior sur de Galicia ha actuado como epicentro de la nubosidad. Mientras la media de déficit solar en la Península se situó en 29 horas menos de lo normal, la urbe ourensana y su área de influencia han perdido entre 70 y 80 horas de luz respecto a los valores climáticos medios, que oscilan entre las 100 y 120 horas para un mes de enero estándar.
El informe detalla que la reducción de la insolación ha sido desigual en el territorio, castigando con mayor intensidad a la dorsal geográfica que separa las provincias de Pontevedra y Ourense. Municipios como Beariz, Forcarei y Mondariz marcan el máximo registro negativo, con pérdidas que rozan las 80 horas de sol.
En la comparativa urbana, Ourense presenta peores datos que las ciudades del eje atlántico. Frente a la caída del 57% en la ciudad de As Burgas, Vigo registró un descenso del 48%, Santiago de Compostela un 50% y A Coruña un 46%. Ciudades del interior peninsular como Madrid (-20%) o Burgos (-40%) también presentaron cifras negativas, aunque inferiores a las gallegas. Únicamente el sureste peninsular (Almería y Murcia) y Baleares se mantuvieron en valores normales.
Dominic Royé atribuye esta disparidad entre el interior y la costa a la “presión orográfica”. A pesar de que las precipitaciones afectaron a toda la comunidad, la orografía del valle del Miño en Ourense favorece la retención de nubosidad y la formación de nieblas que persisten durante gran parte del día, impidiendo la entrada de radiación solar incluso en ausencia de lluvia.
Por el contrario, en las zonas costeras, la acción del viento facilita la rotura de la nubosidad, permitiendo mayores intervalos de insolación.
El fenómeno se enmarca en un contexto de circulación atmosférica inusualmente activa. La Agencia Estatal de Meteorología ha confirmado que la temporada actual ha batido récords en la sucesión de borrascas de alto impacto, alcanzando la letra O con el nombramiento de Oriana.
Royé advierte que una reducción tan drástica de la luz solar - cercana al 60% en el caso de Ourense - tiene efectos tangibles. El déficit de exposición solar directa influye en la regulación de los ritmos circadianos y en la síntesis de vitamina D y serotonina, lo que puede derivar en alteraciones del estado de ánimo y un aumento de la fatiga en la población.
Para el climatólogo Dominic Royé, el caso de Ourense ciudad, “l déficit se debe sobre todo a que está en un valle, ya que las condiciones atmosféricas provocan nieblas y brumas hasta el mediodía”. Esta trampa orográfica impide aprovechar las pocas horas de luz de un día corto de invierno, algo que no ocurre igual en la costa, donde “la nubosidad rompe más rápido” por la acción del viento, lo que explica que Muxía solo perdiera 30 horas frente a las casi 80 de zonas del interior como Beariz o las 70 de Ourense ciudad.
El análisis de Royé establece un paralelismo directo, aunque con matices, con el invierno de 1996, el único precedente más oscuro que el actual. “En el conjunto de la Península, este ha sido el segundo enero con menos horas de sol después del 96. La media de pérdida fue del 33% entonces y este año ha sido del 30%”, explica. Sin embargo, el experto destaca una diferencia crucial en el reparto de la penumbra: mientras que en 1996 existió “una franja en el Cantábrico donde hubo incluso más horas de sol”, el fenómeno de 2026 ha sido “casi homogéneo” y democrático en su oscuridad, afectando por igual a toda la Península con la única excepción de Almería y Murcia.
Royé advierte que esta falta de luz tiene un efecto fisiológico inmediato, “pero también psicológico, porque nos deprime”. Esta sensación de abatimiento se ve agravada por la percepción de amenaza constante: “En la prensa está muy presente que hay borrascas de alto impacto, e influye que todas tengan nombre”.
La borrasca Oriana lanza hoy su último embate con lluvias intensas y una caída de la cota de nieve a 700 metros. Tras un febrero récord -donde en 11 días ha llovido el doble que en todo un mes normal-, la Confederación Hidrográfica mantiene 22 avisos, con nivel rojo en el Sil (O Barco) y el Miño estabilizado en caudales máximos, aunque avanzan posibles nuevas crecidas hoy en el Avia. El temporal cortó ayer la línea Lugo-Ourense por una avería en Os Peares, tras la caída de un árbol, y la Diputación ha activado obras de emergencia tras el derrumbe de la carretera en Carballeda de Avia. Un operativo de 80 operarios trabaja en toda la provincia para limpiar desprendimientos y garantizar la seguridad. La esperanza llega este Sábado de Entroido: el anticiclón regresa transitoriamente, aunque el domingo se volverá a nublarse y el lunes habrá algunas lloviznas, antes de la llegada de más frentes el Miércoles de Ceniza.
A pesar del mal tiempo, los facultativos insisten en no abandonar el hábito de salir a la calle cuando el tiempo lo permita. La exposición a la luz solar es clave para prevenir el déficit de vitamina D, fundamental para la salud ósea, el sistema inmunitario y el equilibrio general del organismo, y esto se mantiene a pesar de las lluvias.
La médica de familia Mercedes Hernández recuerda que “15 minutos al día por la mañana es necesario, tanto por la vitamina D como por el estado de ánimo”. Este buen hábito, acompañado de una dieta equilibrada, ayuda a compensar la menor radiación solar del invierno y a mejorar también el bienestar emocional de la población.
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