Ourense no tempo | Crónica negra: la niña Carmen y el crimen del Areal
LEMBRANZAS
Rafael Salgado ofrece otro viaje a través de los años con una nueva edición de Ourense no Tempo
No es la crónica negra la que más me gusta recordar, pero con frecuencia me comentáis que es bueno no olvidarla intentando que no se repita. Difícil, porque muchos no aprenden por más que se equivoquen, pero…
En mis lecturas son muy variados los casos que podrían incluirse en esta crónica negra ourensana, algunos son causa de mayor repulsión que otros, principalmente cuando la víctima es una niña indefensa como es este caso. Si por encima el asesino también es menor de edad, aún resulta más inexplicable, pero ocurrió: El asesinato de San Cosme en1909.
Me llamó la atención en su día ver que la prensa situaba los hechos en el barrio de San Cosme, extramuros de la ciudad, cuando los hechos ocurrieron en la calle Areal (aprox. por detrás de la actual Serra Martiñá). Al final decidí no preocuparme por el lugar exacto, y al no existir que yo sepa imágenes del caso, con ayuda de la I.A. he intentado simular un escenario…
Retrocedamos a comienzos del año 1909. En un caserón de la calle del Areal (que desemboca en San Cosme), viven la viuda Felicia Conde de 40 años con sus tres hijas de 14, 10 y año y medio; hace poco más de un año que falleció el marido quien las dejó en una posición más o menos holgada: casa, fincas, unos galpones que alquilaban para cría de ganado a otros vecinos y algo de dinero.
Por otro lado, los hermanos G. Q. Avelino (15) y Manuel (17), de una familia desestructurada, la madre con no buenos antecedentes y el padre se había suicidado a finales del año anterior. Felicia que conocía a la familia, al necesitar ayuda para las fincas decide contratar a Avelino a comienzos del año, pero poco después viendo las pocas ganas de trabajar del muchacho lo despide y le da su puesto a otro hermano G.Q. de once años. En el poco tiempo que estuvo en la casa, Avelino conoce los andares y secretos, con lo que en varias ocasiones se sabe que durmió en alguna dependencia anexa con su hermano mayor, y seguramente que, aunque pasaran desapercibidos algún pequeño hurto llevó a cabo. El caso es que la confianza fue a más, y así el 24 de julio en compañía de su hermano entran de noche a la casa se comen unos trozos de empanada y cogen unas calderillas que estaban en la cocina.
Ojalá hubiera quedado ahí la cosa. Viendo lo fácil que les resultaba entrar y salir sin ser vistos, y conociendo la ubicación del arca donde Felicia guarda sus ahorros, deciden volver a actuar el 31 de julio.
Duermen esa noche en un Ripper estacionado próximo a la calle del Baño, cosa que hacen con frecuencia y saben que temprano los verá el “Cojo”, un vendedor de hierba que los conoce de pequeños, y les servirá de coartada. Al despertar con cuidado de no ser vistos se acercan al caserón, donde al rato ven salir a Felicia con su hija mayor y el hermano pequeño de los G.Q. que había ocupado el puesto de Avelino. Entran en la casa y se dirigen hacia la habitación donde se guarda el arca. La desgracia quiso que en ese momento la niña Carmen de 10 años se despertara por el ruido y al salir de su cuarto viera a los ladrones. Soltó un grito y uno de ellos dio la vuelta y al verla, con un hacha que había cogido en la casa para romper el arca, le asestó dos golpes mortales en la cabeza. Con frialdad pasmosa siguen hacia el cuarto y con habilidad la abren y se hacen con el botín, unas pocas joyas y aproximadamente unas 1.500 pesetas.
Salen de la casa y cada uno por su lado se encaminan al centro de la ciudad. Avelino se dirige directamente al bar de Panchito en la plaza de la Trinidad, sabe que el podrá ayudarle a escapar y también intentará proporcionarle coartada. Manuel en busca de afianzar su coartada busca al “Cojo”, y le encuentra en la plaza mayor delante de la Armería Calvo y le convence de ir a comer algo en el Panchito…
Hacia la plaza de la Trinidad se dirigen y allí se encuentran con su hermano y al poco rato baja Manuel Otero “Panchito” el tabernero. Durante el juicio se demostraría que todo era un montaje para que Alejandro “El Cojo”, pensando que decía la verdad los encubriera.
Con total frialdad aparente los dos hermanos y Panchito que se había comprometido a ayudarlos a escapar hacia Coruña donde embarcarían para América, encargaron a la criada que fuera a comprar unos pollos para prepararlos y mientras se pusieron a jugar a las cartas los cuatro. Así los encontró la pareja de la Guardia Civil que los buscaba desde poco después de ocurridos los hechos. Varias pistas encontradas en el lugar del crimen los acusaban y para terminar de aclararlo, en la taberna se encontró el dinero y algunos de los objetos robados.
A pesar de la sencillez del caso, la justicia para garantizar que no se cometan errores, es lenta y así fue como el juicio tardó en celebrarse casi dos años. El 24 de mayo de 1911 se dicta sentencia: Condenando a cada uno de los hermanos a 18 años de cárcel y a Manuel Otero a 8 meses por encubridor. Además de una indemnización para la familia de la fallecida.
Con todo eso se hizo justicia pero la perdida jamás se repone, los crímenes son así, se pueden perdonar, pero jamás olvidar.
Ante la inexistencia de imágenes, he usado la I.A. para animar el relato.
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