La paradoja el calor en Ourense: de 55 muertes este verano en Galicia, Ourense sólo registró una

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Pese a registrar algunas de las temperaturas más altas de Galicia, Ourense presenta una de las menores tasas de mortalidad atribuible al calor, una paradoja que expertos relacionan con la adaptación histórica de la población, aunque advierten de que las olas de calor prolongadas siguen suponiendo un riesgo para los grupos más vulnerables.

Trabajadores realizando tareas de asfaltado en la ciudad a pesar de las altas temperaturas
Trabajadores realizando tareas de asfaltado en la ciudad a pesar de las altas temperaturas | José Paz

En Ourense el calor no llega de sorpresa. Forma parte del verano, de los horarios, de las persianas bajadas, de las calles vacías a mediodía y de una manera de organizar el día que se ha transmitido durante generaciones. Esa costumbre ayuda a explicar una resistencia ourensana al calor, aunque la población no sea inmune. En los últimos días, La capital provincial ha llegado a alcanzar los 42,5 grados, pero Ourense se sitúa a la cola de la mortalidad atribuible a la temperatura en Galicia.

Desde el inicio del verano, el 21 de junio, las estimaciones de mortalidad diaria del Instituto de Salud Carlos III atribuyen tan solo una defunción a la temperatura en la provincia de Ourense, frente a 33 en A Coruña, 15 en Lugo y 6 en Pontevedra. Su sistema MoMo no cuenta muertes individuales, pero calcula estadísticamente cuántas defunciones pueden asociarse a la temperatura. Esto ayuda a plantear la paradoha ourensana: una provincia envejecida y expuesta a temperaturas extremas presenta, por ahora, mucha menos mortalidad atribuible que el resto de Galicia.

La explicación está en parte en los umbrales sanitarios. Sanidad no mide el riesgo del calor igual en todos los territorios, porque una misma máxima no tiene por qué provocar el mismo impacto en zonas acostumbradas a temperaturas diferentes. En Ourense, los límites a partir de los cuales aumenta el riesgo son especialmente altos en buena parte de la provincia: 38,3 grados en el Miño ourensano, 38,6 en el sur y 39,2 en Valdeorras.

Esa mayor tolerancia aparece también en la literatura científica. Estudios vinculados al Instituto de Salud Carlos III describen una adaptación progresiva al calor en España, ya que cada vez es necesaria una temperatura más elevada para que aumente la mortalidad por altas temperaturas. En todo caso, esa adaptación no es una protección absoluta ni actúa igual en todos los grupos sociales.

Mercedes Hernández, médica de Atención Primaria en Ourense, aterriza esta situación. “Hemos aprendido a vivir así”, explica. Habla de hábitos heredados entre generaciones, de los consejos de los abuelos, de beber agua de manera constante y de recurrir a comidas frescas. “En otros lugares no están acostumbrados a esta situación”, asegura.

Pero esa costumbre tiene un techo. Hernández advierte contra cualquier lectura triunfalista: “No porque no haya noticia o no la leamos deja de haber muertes todos los años en las olas de calor”. El riesgo se concentra sobre todo en personas mayores, enfermos crónicos, personas solas, con pocos recuersos o que no puedan valerse por si mismos.

Ourense aguanta más calor que otros territorios gallegos, pero no es inmune. La costumbre, los hábitos y la adaptación ayudan a explicar sus umbrales más altos y la baja mortalidad atribuible en las épocas más calurosas del años, pero el peligro crece cuando los episodios se alargan y las noches no refrescan.

Las recomendaciones han cambiado con el tiempo

Las altas temperaturas ya no se presentan como episodios puntuales episodios puntuales. Mercedes Hernández, médica de Atención Primaria en Ourense, advierte de que el contexto actual obliga a pensar soluciones válidas para poder manenerlas durante varios días seguidos. “Antes yo aconsejaba bajar las persianas de casa, y no salir a la calle, ahora ya no puedo hacerlo realmente”, señala. Además, esta exposición se acumula en las viviendas, en las calles, en el cemento y también en el propio organismo.

Por eso, Hernández poner como prioritario mantener la hidratación de forma constante y evitar el consumo de bebidas alcoholicas, que favorece la deshidratación. También recomienda extremar la prudencia con mayores, niños, enfermos crónicos y personas medicadas, especialmente con diuréticos o tratamientos psiquiátricos. El deporte debe quedar para primera hora o la noche, nunca para las horas centrales. “Son días donde todos somos vulnerables a pesar de que no lo parezca”, advierte.

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