Renfe y Adif abandonan a su suerte a los usuarios del tren en Ourense

CONEXIÓN GALICIA SUR

La Galicia Sur quedó tres días sin ferrocarril por el precario estado de la vía y la dejadez del operador

Estación de Vigo-Guixar.
Estación de Vigo-Guixar. | Jorge Santomé

Ourense y Vigo quedaron incomunicadas por ferrocarril, más por la gestión de Adif y Renfe que por las sucesivas borrascas que atraviesan la península ibérica. La primera, por el retraso en las obras de mejora en líneas convencionales con décadas de mantenimiento deficitario, como la del Miño entre Ourense y Vigo, lo que las hace más vulnerables a condiciones meteorológicas adversas. La segunda, por incumplir sus obligaciones de servicio público, utilizando el temporal como excusa incluso cuando el administrador de la infraestructura indicaba que no existía ningún daño en las vías.

Renfe abandonó a su suerte a los viajeros, sin proporcionar transporte alternativo, pese a que el transporte por carretera seguía operativo y no se había activado ningún nivel de riesgo. Mientras tanto, en Portugal, los trenes del norte circularon con normalidad, salvo el Celta Vigo-Oporto, suspendido “por decisión del operador español”, según Comboios de Portugal. La normalidad entre Ourense y Vigo no se restableció hasta la mañana del domingo.

175 puentes entre Vigo y Covas requieren reparación.
175 puentes entre Vigo y Covas requieren reparación. | M. Gil

Décadas de falta de mantenimiento han llevado las líneas convencionales gallegas al límite de su precariedad. Solo la inclusión de Galicia en el corredor atlántico de mercancías permitió planificar su renovación, aunque desde entonces los planes se han ido aplazando reiteradamente.

Diez años de retraso

En febrero de 2019, el entonces ministro de Fomento, José Luis Ábalos, presentó un Plan Director con una inversión prevista de 650 millones de euros para los 420 kilómetros de la línea Vigo-León, con el objetivo de concluir las actuaciones en 2025. Entre los problemas detectados figuraban graves deficiencias de drenaje, inestabilidad del terreno y cerca de una decena de viaductos catalogados como C1, es decir, con daños que pueden afectar a su seguridad estructural.

La normativa vigente entonces exigía que estos puentes fueran reparados en un plazo máximo de cuatro años. Pero Ábalos no cumplió, ni tampoco sus sucesores, Raquel Sánchez y Óscar Puente. El Plan Director se ha ido actualizando con nuevas cifras, sin llegar a materializarse.

El último eleva la inversión a 1.056 millones de euros entre Vigo y Covas, pero solo han concluido los 46 kilómetros entre Ourense y Monforte de Lemos. Actualmente se trabaja en los 12 kilómetros entre Vigo y Redondela, y se espera iniciar este año el tramo hasta Guixar.

Entre Monforte y Covas (85 km) los proyectos se contrataron en 2021, pero las obras siguen sin licitarse. Entre Guillarei y Ourense (95,6 km) los proyectos aún no han sido adjudicados y tendrán un plazo de redacción de 42 meses, a lo que habrá que sumar la licitación y ejecución. En el mejor de los casos, las obras no terminarán hasta 2035, es decir, diez años después de lo previsto.

Mientras tanto, existen 180 kilómetros de vía en situación crítica, con 9 puentes en estado C1 y 166 en C2, además de desmontes y terraplenes que requieren intervención urgente.

Una dejación de funciones consentida por el Ministerio de Transportes

Llueve sobre mojado. La decisión de Renfe de abandonar a su suerte a los usuarios del tren en la Galicia Sur, sin transporte alternativo y sin que hubiese una alerta específica que recomendase la suspensión de los servicios ferroviarios ya no sorprende. No hace falta más que recordar que el mes que viene se cumpliran seis años de la declaración del estado de alarma por covid, una dramática situación que paralizó a todo el país pero que una vez que se restableció na normalidad dejó a este mismo territorio sin la mayor parte de sus trenes: los dos servicios nocturnos con Madrid y Barcelona, el diurno con el País Vasco y varios trenes regionales y de media distancia que pese a estar declarados de obligación de servicio público desaparecieron del mapa ferroviario. Los primeros, por azones comerciales, los segundos, sin más explicación. Si tal dejación en sus obligaciones es posible es porque Renfe cuenta con la complicidad del Ministerio de Transportes, que ha consentido estos hechos.

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