Mapa | Dos semanas de pesadilla dejan el 15% del monte ourensano calcinado
CASI 90.000 HA
El mayor incendio de la historia de Galicia, que devoró parte de Valdeorras, estabilizado tras 10 días de lucha contra las llamas
Ourense comienza a recuperar el aliento tras dos semanas de asedio incesante del fuego. La provincia cierra los 15 días más oscuros de su historia reciente con un balance desolador: una ola incendiaria que ha arrasado casi 90.000 hectáreas, un 15% de la superficie forestal total, a falta de consolidar las mediciones finales en Valdeorras.
La jornada de ayer supuso un punto de inflexión y trajo las noticias más esperanzadoras. La Consellería do Medio Rural dio por estabilizado el incendio de Valdeorras, que se originó en Seadur (Larouco) hace diez días. Con más de 30.000 hectáreas devoradas, se convierte oficialmente en el incendio más grande registrado en la historia de Galicia, dejando una cicatriz imborrable en la comarca.
Pese a la mejoría general, la lucha contra las llamas aún no ha terminado. Al cierre de esta edición, dos frentes importantes mantenían en vilo a los equipos de extinción: Pena Trevinca, donde las llamas seguían avanzando hacia Casaio (Carballeda de Valdeorras), dejando 3.600 hectáreas calcinadas; y Chandrexa-Vilariño de Conso, ya con “evolución favorable” en Chandrexa y Vilariño todavía pendiente de estabilización.
Además, los equipos vigilaban de cerca el incendio de Os Peares (en el municipio lucense de Carballedo), que en las últimas horas amenazaba con cruzar el límite provincial hacia A Peroxa. Mientras tanto, en las Rías Baixas, los fuegos de Vilaboa y Oia fueron estabilizados.
El día después
Con el humo disipándose, los alcaldes de los 32 municipios ourensanos afectados afrontan ahora dos grandes temores: la titánica tarea de la reconstrucción y el riesgo inminente de erosión y arrastres que provocarán las próximas lluvias en las tierras quemadas. Concellos como Chandrexa de Queixa, Manzaneda y Oímbra ya han solicitado formalmente la declaración de zona catastrófica, un paso que muchos otros seguirán en los próximos días.
En medio del desastre, emerge un sentimiento compartido de orgullo. Los regidores destacan la ejemplar respuesta de los vecinos, que “salieron en masa a proteger sus casas” y se convirtieron en la primera línea de defensa cuando los medios no daban abasto ante la simultaneidad de los focos.
De esta catástrofe nace también una reflexión unánime y urgente: es imperativo cambiar el modelo de gestión y uso del monte. Aunque las fórmulas para lograrlo varían, existe un consenso absoluto en que es la única vía para evitar que una tragedia de estas dimensiones vuelva a repetirse. Sin un cambio estructural, esta no será la última vez que Ourense arda de esta manera.
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