"Viajamos de pie en el tren y sin que nos dieran ni agua", la odisea de llegar a Madrid tras el caos ferroviario en Ourense
MILLARES DE VIAJEROS AFECTADOS
La avería en O Irixo desencadenó un colapso ferroviario con trenes saturados, largas esperas y pasajeros obligados a viajar de pie
El viaje hacia Madrid se convirtió este miércoles en un calvario para cientos de pasajeros. Imanol Hernández, uno de los afectados por el colapso ferroviario, relata una odisea marcada por el absoluto descontrol de Renfe. Su ruta arrancó en Santiago a las 10.30 horas. Tras subir a su tren Avlo, los pasajeros fueron desalojados apenas media hora después porque la operadora había decidido requisar ese convoy vacío para rescatar a los viajeros atrapados por la avería de O Irixo.
"A la una de la tarde nos subieron a casi 500 personas en buses hacia Ourense sin darnos absolutamente ni una botella de agua", relata el afectado, lamentando que la compañía incumplió la normativa europea de asistencia y manutención ante grandes retrasos. "Nos dijeron que iban y que venían, y ya nos volvíamos a subir al tren, y ya todo guay y ya todo seguía. Primera mentira, eso no fue cierto", añade.
La llegada a la estación Empalme de Ourense no mejoró la situación, ante un apagón inaudito de seguridad debido a la aglomeración de pasajeros. Ante el escaso personal de la operadora, que apenas daba abasto frente a la multitud indignada, los controles desaparecieron.
"Tanto en Santiago para subir a los autobuses, como en Ourense para subir al tren, no nos pidieron el DNI en ningún momento ni comprobaron los billetes; pudo entrar quien fuera. Las dos personas que estaban ahí de amarillo de Renfe estaban desbordadas, la gente gritándoles... no puede ser. Pero no es culpa de ellos, es culpa de los jefes", asegura Imanol.
El convoy hacia Madrid, que estaba listo a las dos de la tarde, retuvo su salida para ir aglutinando a los afectados de otros enlaces que llegaban por carretera, metiendo en un solo tren a los viajeros de varios servicios distintos.
Esta unificación provocó un sobreaforo masivo que superó con creces la capacidad de las plazas. Numerosos usuarios se vieron obligados a viajar de pie, una estampa insólita y muy peligrosa en la alta velocidad. La saturación fue a más porque en las paradas intermedias de A Gudiña y Zamora siguió subiendo gente sin asiento asignado, lo que llevó a los propios pasajeros a tener que ceder sus sitios por pura humanidad.
"Subieron a una señora con dependencia, con bastón, en Zamora y no había dónde ponerla. Me tuve que levantar y hacer medio camino de pie", relata el pasajero, señalando que la gente se iba al vagón de la cafetería para hacer hueco a los más vulnerables.
Esta dantesca situación vulnera las estrictas normativas impuestas en España tras el trágico accidente de Angrois, que exigen que cada pasajero viaje debidamente identificado y en su asiento asignado para saber exactamente quién va en cada vagón en caso de accidente.
"Tuvimos el accidente más gordo de España y no lo respetan. Cada uno se sentó donde quiso, donde le dio la gana", critica.
Tras horas de hacinamiento y calor, la desesperación terminó estallando en la estación de Chamartín, en Madrid, ya en la noche del miércoles, cuando tenía programada su vuelta, que acumulaba varias horas de retraso. Allí, este pasajero cuenta que las grandes colas derivaron en enfrentamientos, en los que varios viajeros acabaron arrojando agua a agentes de la Policía Nacional, que tuvieron que intervenir en la estación y llevarse a varias personas identificadas.
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