Un colegio rural de Ribadavia que hace la diabetes más llevadera

SAMPAIO

En el Colegio Rural Amencer de Sampaio padres, alumnos y profesores trabajan en equipo para ayudar a Karla Raña Souto, que con seis años de edad convive desde hace tres con diabetes tipo 1, siendo un ejemplo de convivencia e integración.

Karla Raña, con la mascota Draco, rodeada de sus compañeros, profesores y padres.

El Colegio Rural Amencer Sampaio, en Ribadavia, celebró ayer el Día Mundial de la Diabetes, que para este pequeño centro escolar tiene un significado especial, ya que en él estudia Karla, una niña de seis años, diagnosticada con diabetes tipo 1 hace tres años. “Karla debutou na enfermidade moi pequena, con tres aniños, e veusenos o mundo enriba. Non sabíamos nada, e eu pensei que a nena non podería facer unha vida normal nin seguir no cole”, recuerda su madre, Karina Souto.

A partir de entonces, para ella y su marido, Juan Carlos Raña, el sensor, la bomba de insulina, los controles y una mochila conectada al móvil familiar pasaron a formar parte de su día a día. “Hay que vixiar as 24 horas o seu nivel de azúcar, darlle de comer cando o precisa e estar pendientes do móvil que nos permite ver cómo están os seus niveis”.

El Colegio Rural Amencer Sampaio, un pequeño centro con 18 alumnos y 9 docentes, se convirtió en un apoyo decisivo. “O profesorado fixo un esforzo incrible para normalizar a vida de Karla”, señala su madre. Gracias a la asociación Anedia, todo el profesorado recibió formación específica sobre mediciones, alimentación y actuación en emergencias.

Vanesa Carballo era su tutora cuando fue diagnosticada y recuerda que “era moi pequena e todo era moi complicado. Actualizamos o protocolo escolar e traballamos coa aula e coas familias para concienciar”. Contaron para ello con la ayuda de una mascota, Draco, “coa que explicamos aos nenos o que era a diabetes e como actuar, e aínda hoxe segue con nós na aula. Os nenos aprenderon a normalizar a situación. Tamén adaptamos actividades, sobre todo o que ten que ver coa alimentación porque Karla non come o mesmo ou ten que comer máis veces e hai que supervisar as cantidades”.

Todas las escuelas de la red en el municipio, ubicadas en Sampaio, Francelos y San Cristovo, participaron en esta integración. Adaptaron rutinas, menús y excursiones para que Karla no quedara al margen. “Fixemos unha excursión a un parque acuático, e Karla levaba a bomba e había que saber quitarlla e volvela poñer. Fixémolo en comunicación cos seus pais e puido desfrutar cos seus compañeiros”, explica la directora, Raquel Rodríguez. “Non é a nosa función, pero a felicidade da nena é para nós o primeiro”, señala, “non hai que aillar aos nenos que teñen algunha doenza ou dificultade. Hai que normalizar e integrar”.

Con motivo del Día de la Diabetes, organizaron una jornada especial con pulseras, globos y actividades con alumnos y familias de los tres colegios. Karla llegó con su Barbie diabética, idéntica a ella. Tres años después, Karla está perfectamente integrada, y lleva una vida normal en el colegio, dentro de su dolencia, con la que ella, su familia, compañeros y profesores, han aprendido a convivir.

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