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Hay colores que aparecen de forma tímida en las pasarelas, como si probaran suerte entre tonos que ya son habituales, y hay otros que llegan para conquistar. El burgundy pertenece al segundo grupo. No es una moda efímera ni un capricho de temporada: es la consolidación de un clásico reinventado. Y aunque podríamos bromear con referencias culinarias y hablar de brindar con él, lo cierto es que hoy el burgundy es más que un tono: es una declaración de estilo, un puente perfecto entre la sobriedad de los neutros y la intensidad de los colores vibrantes.
Durante las últimas temporadas, la moda nos sirvió un menú cromático de lo más variado: rojos cereza, marrones achocolatados… Cada uno aportó frescura y novedad. Sin embargo, era cuestión de tiempo que el espectro se ampliara hacia los matices del vino. El burgundy —profundo y elegante— se convirtió en el protagonista indiscutible de las colecciones otoño/invierno 2025 y, por lo que hemos visto en los avances de primavera/verano 2026, seguirá marcando tendencia.
¿Qué tiene el burgundy que lo hace tan atractivo? En primer lugar, su versatilidad. A diferencia del rojo brillante, que exige confianza y a veces intimida, el burgundy se mueve con naturalidad entre la sobriedad y el atrevimiento. No grita, pero tampoco pasa desapercibido. Es más cálido y expresivo que el negro o el marrón, pero no tan intenso como un escarlata. Es, en otras palabras, el color puente que tu armario necesita para renovar su narrativa.
Este equilibrio lo convierte en una inversión práctica para la temporada. No se trata de un tono pasajero ni de un capricho que terminará olvidado al fondo del armario. El burgundy es suficientemente clásico para resistir el paso del tiempo, pero lo bastante actual para sentirse fresco y novedoso.
La moda tiene esa fascinante capacidad de trasladar lo que vemos en los desfiles a la vida real, y el burgundy ha demostrado ser un ejemplo perfecto. En las colecciones de otoño 2025 lo vimos reinar en casas como Khaite, Ferragamo, Saint Laurent y Max Mara, cada una interpretándolo a su manera: desde abrigos minimalistas hasta vestidos fluidos y conjuntos de cuero que parecían hechos para dominar la temporada.
La apuesta más sorprendente vino de la mano de Demna en Gucci, donde el burgundy ocupó un lugar protagonista recién presentado para primavera/verano 2026. Con ello, el diseñador confirmó lo que ya intuíamos: este color no solo será clave en climas fríos, sino que se adaptará con la misma fuerza a los meses más cálidos, ya sea en tejidos ligeros o en combinaciones inesperadas.
En paralelo, el street style validó la tendencia con creaciones menos conceptuales y más cotidianas. Abrigos burgundy con vaqueros rectos, bolsos en este tono acompañando estilismos neutros, labios en vino tinto como único acento cromático… La calle, como siempre, tradujo el lenguaje de la pasarela a un diccionario accesible para todos.
La pregunta inevitable: ¿cómo sumarse al fenómeno burgundy sin sentirse disfrazada? La respuesta es más sencilla de lo que parece, porque la magia de este color radica en su capacidad de adaptarse a distintos estilos, edades y contextos.
1-Monocromático
Si algo aprendimos de las propuestas de Saint Laurent es que un look en burgundy de pies a cabeza resulta magnético. Ya sea un vestido maxi fluido, un traje sastre o un conjunto de punto, el monocromo en este tono estiliza y aporta una sofisticación casi cinematográfica.
2-Con neutros, para un contraste elegante
Beige, gris, blanco roto y negro son aliados naturales del burgundy. Un bolso, unos zapatos o incluso un abrigo en este tono se convierten en piezas clave cuando se integran a un fondo neutro. Es una fórmula sencilla pero infalible.
3-Con pasteles empolvados, para un aire romántico
El rosa palo, el lila suave o el azul bebé encuentran en el burgundy un contrapunto inesperado. Esta mezcla suaviza la intensidad del color y lo acerca a un terreno más delicado, perfecto para quienes buscan un look con matices naif.
4-En accesorios, para los minimalistas
No hace falta renovar todo el armario. Basta con un bolso estructurado, unas botas altas o incluso unos guantes burgundy para marcar diferencia. Los accesorios en este tono funcionan como inversión segura, porque elevan cualquier look sin esfuerzo.
5-En belleza, para un impacto inmediato
No podemos olvidar la fuerza de un pintalabios burgundy o un esmalte de uñas en este tono. Son pequeños gestos que transmiten seguridad y elegancia sin necesidad de vestir el color de pies a cabeza.
El burgundy no es solo un color: es también una sensación. Nos remite al calor de una copa de vino en una noche fría, a la textura del terciopelo, a la riqueza de un cuero bien trabajado. Vestirlo es entrar en un universo de referencias sensoriales que evocan lujo, confort y cierta intensidad emocional.
En un mundo que transita entre la sobriedad y la necesidad de expresarse con fuerza, este tono logra un balance único. Nos ofrece profundidad sin dramatismo, energía sin estridencia. Y quizá ahí radique su atractivo: en una época marcada por la búsqueda de equilibrio, el burgundy aparece como una metáfora visual de esa aspiración colectiva.
Al observar cómo las casas más influyentes lo han integrado a sus colecciones, queda claro que el burgundy no es una moda efímera. Lo veremos en tejidos invernales como lana, terciopelo y cuero, pero también en sedas, gasas y algodones ligeros en las propuestas de primavera/verano. Es decir, no se limita a una estación: promete acompañarnos durante todo el año, adaptándose con flexibilidad a distintos climas y estilos de vida.
La industria, siempre ávida de novedad, suele dudar de los colores que prometen quedarse. Pero el burgundy no depende de la sorpresa: se sostiene en su propia solidez estética. Es un clásico que se renueva, y ahí reside su fuerza.
Cómo invertir inteligentemente
Si piensas en incorporar burgundy a tu armario, considera estas piezas clave:
-Un abrigo estructurado: será el centro de atención y transformará incluso el conjunto más simple.
-Un bolso de calidad: ideal para elevar looks cotidianos.
-Un par de botas altas: perfectas para otoño e invierno, con un toque inesperado frente al negro habitual.
-Un vestido versátil: que puedas usar con sandalias en primavera o con botines en invierno.
-Un pintalabios icónico: la manera más fácil y económica de sumarse a la tendencia.
Con estas piezas, no solo te alineas con la temporada, sino que construyes un fondo de armario atemporal.
Más allá de la moda, este color empieza a permear también otros ámbitos. En decoración, por ejemplo, se convierte en un acento sofisticado en sofás, cojines o vajillas. En joyería, aparece en piedras semipreciosas y esmaltes. Incluso en el mundo de la gastronomía, los restaurantes de vanguardia lo integran en su estética para transmitir lujo y calidez.
La transversalidad del burgundy confirma su relevancia cultural. No es solo un capricho de diseñadores: es un fenómeno que dialoga con distintas disciplinas y sensibilidades.
Confirmado: el burgundy es el color de la temporada. No lo decimos solo quienes observamos las pasarelas, lo confirma la calle, la belleza y hasta el diseño de interiores.
Su versatilidad lo convierte en una inversión inteligente, su profundidad lo hace emocional, y su capacidad de adaptación asegura que no será un amor pasajero.
Así que, la próxima vez que te preguntes cómo renovar tu armario sin caer en lo obvio, piensa en burgundy. Porque, como dirían algunos en inglés, burgundy is always a good idea.
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