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DESDE EL EXILIO
El rey emérito cumple 88 años y lo hace, igual que cuando nació, en el exilio y sin una perspectiva clara de si próximamente podrá regresar de forma definitiva a España desde Emiratos Árabes Unidos, donde trasladó su residencia en agosto de 2020, más ahora tras la polvareda levantada por la publicación de sus memorias y la concesión de varias entrevistas reivindicando su legado.
Tanto en “Reconciliación”, el libro autobiográfico escrito junto a la autora francesa Laurence Debray, como en las declaraciones a varios medios galos, Juan Carlos I ha dejado claro que extraña su país y que desearía volver en cuanto fuera posible, aunque también ha reconocido que es una decisión que no solo le compete a él.
“España dejó un vacío dentro de mí. Y ese vacío seguirá existiendo hasta que pueda volver a vivir allí con total normalidad”, asegura el emérito en sus memorias, en las que reconoce su nostalgia por el país del que fue rey durante 49 años.
“En Abu Dabi llevo España muy dentro de mí. Nada ni nadie puede arrebatarme ese privilegio y ese orgullo, aunque todavía hoy mis breves visitas a España estén sujetas a la aprobación de la Casa Real y me vea privado de una vida familiar en la Zarzuela”, sostiene en el corolario final el padre de Felipe VI.
El emérito, a quien no le gusta que se le mencione como tal, también habla de que su final puede estar cerca, dada su edad, y especula sobre cómo será su funeral. “No estoy obsesionado con mi muerte. Pienso en ella con serenidad, a fuerza de ver partir a los amigos. Cuando llegue mi hora, llegará”, afirma en las páginas de “Reconciliación”.
“Entonces podrán hacer lo que quieran conmigo”, señala Don Juan Carlos. “¿Hay planes para mi funeral? No lo sé. Nadie me lo ha dicho nunca”, admite, recordando que en el caso de la familia real británica hay planes detallados para cada uno de los miembros.
El antiguo monarca da a entender su deseo de ser enterrado en el Panteón de Reyes del Palacio de El Escorial, donde por expreso deseo suyo fue enterrado en 1993 su padre, Don Juan, pese a que nunca reinó, y su madre, Doña Mercedes, a su muerte en el 2000.
El rey emérito se decidió a publicar el pasado 1 de diciembre un vídeo, el primero dirigido a los españoles desde su abdicación en junio de 2014, en el que además de reivindicar el “papel esencial” desempeñado por la monarquía durante la Transición, enviaba un mensaje a los más jóvenes.
“Os pido que apoyéis a mi hijo el rey Felipe en este duro trabajo que es unir a todos los españoles y que España siga siendo y jugando un papel tan relevante en el mundo”, les trasladó.
Estas palabras fueron la gota que colmó el vaso en Zarzuela, donde por regla general no se ha comentado nada relacionado con Don Juan Carlos desde que abandonó la vida pública y posteriormente partió al exilio, pese a los distintos frentes judiciales en los que se vio implicado en los últimos años.
Tampoco la publicación a principios de noviembre de “Reconciliación”, en donde el emérito considera “insensible” el modo en que le ha tratado su hijo aunque comprende que lo ha hecho por deber y admite su “malentendido personal” con la reina Letizia, provocó la reacción de la Casa del Rey.
El mensaje publicado el 1 de diciembre, que llegó apenas dos semanas después de los actos para conmemorar la proclamación de Juan Carlos I el 22 de noviembre de 1976 -a los que este no estuvo invitado, salvo una comida familiar privada en El Pardo-, recordaba en buena medida al que trasladó Franco a su muerte a los españoles, a quienes pidió “el mismo afecto y lealtad” que él recibió y “el mismo apoyo de colaboración” para el nuevo rey.
Precisamente, la forma en la que el emérito habla de su relación con el dictador había sido uno de los pasajes de sus memorias que más malestar habían provocado, sobre todo entre algunos miembros de la clase política.
En ellas, Don Juan Carlos reconoce que si fue rey fue gracias a Franco y que apreciaba “su inteligencia y su sentido político”, además de asegurar que fue él quien en su lecho de muerte le dejó “las manos libres” para iniciar un proceso de reforma que culminaría con la Transición.
Tampoco ha allanado el camino para su regreso el que haya dicho no arrepentirse de nada ni tener remordimientos, aunque en la entrevista concedida en la cadena “France 3” el pasado 26 de noviembre sí que dijo que si volviera atrás sería más cuidadoso en su forma de actuar. “No soy un santo”, admite en el libro, en el que lamenta que para muchos pesen más los “deslices de su vida privada que su labor como rey democrático, moderno y unificador”.
Los últimos desplazamientos a la península, en general con Sanxenxo como principal destino, han ido suscitando menor interés hasta la publicación de sus memorias.
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