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Un estudio elaborado por la Universidad Queen Mary de Londres y las universidades de Oxford y Sydney asegura que iniciar tempranamente un tratamiento de reducción del colesterol con estatina podría comportar beneficios a largo plazo para las personas con un alto riesgo de desarrollar cardiopatías. El estudio, que se presentó en el congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC 2022) en Barcelona, asegura que el uso del fármaco -modificador de lípidos para bajar el colesterol más popular- podría bajar el riesgo de cardiopatía isquémica e ictus en un 25%.
“Suspender el tratamiento con estatina, a menos que lo aconseje un médico, no parece ser una opción acertada”, destaca el autor de la investigación, el doctor Runguo Wu, de la Universidad Queen Mary, quien insiste en que una interrupción temprana de este tratamiento “podría reducir sustancialmente la protección contra las enfermedades cardíacas”. Según los investigadores, las “afirmaciones exageradas” sobre los efectos secundarios de las estatinas podrían estar detrás de su “infrautilización por parte de personas con mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares”.
A través de un modelo de microsimulación con datos de 118.000 participantes del ensayo del Cholesterol Treatment Trialists (CTT) y 500.000 pacientes del Reino Unido, el estudio estimó los efectos de la terapia con estatinas en el caso de que las personas mantuvieran el tratamiento de por vida, si lo interrumpieran a los 80 años o si retrasaran su inicio cinco años antes de cumplir los 45.
Aunque los investigadores desconocen “cuándo debería iniciarse el tratamiento y durante cuánto tiempo para optimizar sus efectos”, según Runguo Wu, este estudio confirma que “las personas con mayor riesgo cardiovascular empiezan a acumular beneficio desde el principio del tratamiento y tienen más que perder que los de bajo riesgo si lo retrasan”.
Según el estudio, la interrupción del tratamiento a los 80 años borra una gran parte del beneficio potencial, sobre todo en personas con un riesgo cardiovascular bajo. Las personas que empiezan a tomarlas a los 50 años pero dejan de hacerlo a los 80 pueden perder el 73% del beneficio si tienen un riesgo cardiovascular bajo y el 36% si es alto, ya que “los que tienen un riesgo elevado empiezan a beneficiarse antes”.
Si bien en las personas menores de 45 años con bajo riesgo cardiovascular un retraso de cinco años en la toma de estatinas tendría poco impacto, la interrupción en personas menores de 45 con alto riesgo supondría una pérdida del 7% del beneficio potencial. También hay diferencias de género, ya que al ser menor el riesgo de las mujeres, interrumpir el tratamiento es más perjudicial para ellas.n
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