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La salvia officinalis denominada comúnmente “salvia común” en castellano o “xarxa” o “salva” en gallego, es una planta semiarbustiva, perenne y muy aromática, perteneciente a la familia de las Lamiáceas. Es conocida, también, como “hierba sagrada de Grecia”, “salvia fina”, “salvia real”, “salvia de los pájaros”, etc. Aparece citada ya por Plinio el Viejo en su Historia naturalis y su nombre, etimológicamente, deriva del latín “salvere” que significa “curar o salvar” debido a sus excelentes propiedades beneficiosas; el adjetivo “officinalis” hace referencia al uso medicinal.
Ya en el medioevo estaba presente en todas las boticas de los monasterios, pues la famosa Escuela Médica Salernitana, fundada en mi país, en la ciudad de Salerno, en el siglo IX y que conoció su máximo esplendor entre los siglos X y XIII, la consideraba de máxima eficacia. Fue así como se extendió el dicho: “Cur moriatur homo, cui salvia crescit in horto?, es decir, “¿cómo puede morir un hombre en cuyo jardín crece la salvia?”
De hecho, San Benito, predispuso que, en todos sus monasterios, donde la máxima era “ora et labora” (reza y trabaja), sus enfermos y enfermerías monacales deberían ser cuidados como el mismo Cristo. Fue esta la regla por la cual impuso a sus monjes el conocimiento, cultivo y selección de plantas medicinales. La solicitud de San Benito por los enfermos, necesitados y peregrinos, pronto marcó la hospitalidad benedictina y el nacimiento de las Boticas monacales.
A la mencionada Escuela salernitana llegaban gentes procedentes de toda Europa, bien para buscar cura a sus enfermedades o bien para aprender el arte de la medicina. A dicha Escuela se le atribuye también el sabio consejo: Post prandium stabis, post coenam ambulabis, o sea, “después de comer reposa, después de cenar pasea”.
La Salvia officinalis, aunque originaria de la cuenca mediterránea, se encuentra extendida por todo el mundo, frecuentemente cultivada, como es el caso de Galicia. Su tallo, de sección cuadrangular, es leñoso en la base, erecto, ramificado y cuando la planta es joven algo pubescente. Sus abundantes hojas, ricas en aceites esenciales que le confieren su característico aroma, son opuestas, ovaladas o lanceoladas, ligeramente dentadas, con nervaduras bien marcadas, rugosas al tacto, verde grisáceas por la cara superior y más claras y con una pelusilla blanquecina por la inferior. Florece en primavera y principios de verano y sus flores de color violáceo, raramente blanco rosáceas o azuladas, se presentan en espigas terminales.
Para usos medicinales se recolectan las hojas, poniéndolas a secar a la sombra en lugar ventilado y guardándolas en botes herméticos. Esta recolección puede hacerse dos veces al año. Antiguamente sus hojas se empleaban como dentífrico. Dioscórides, Plinio y Galeno recomendaban su uso como diurético, cicatrizante y reconstituyente. También posee propiedades antisudoríficas, antiespasmódicas y antisépticas. Por sus propiedades astringentes, son útiles las compresas sobre úlceras y llagas de difícil cicatrización. Se emplea contra las afecciones gastrointestinales y contra la diarrea. También para enjuagues bucales en caso de inflamación de las encías y faringitis y en casos de dolores de muelas, preparando una infusión con un puñadito de hojas en agua hirviendo y dejándola reposar antes de utilizarla. La tradición considera que su uso, una vez hervida, es eficaz para superar estados de melancolía. Asimismo, sus hojas, mezcladas con las del romero, el tomillo y la lavanda, metidas en un saquito de tela e inmersas en agua templada en la bañera, constituyen un baño relajante y tonificante. El vino a la salvia, recomendado por Hildegarda de Bingen contra el mal aliento, se preparaba con una cucharada de té de hojas hervidas en cuarto litro de vino durante dos minutos; una vez filtrado, se bebía a sorbos varias veces al día. En cosmética se emplea como tonificante y revitalizador de pieles secas. Todos estos usos deben contar siempre con la prescripción médica.
La salvia es, asimismo, una especie muy reputada en la gastronomía. Su uso, al igual que el perejil, el orégano, la hierba buena, la menta, el romero y el tomillo, es variado. Tradicionalmente, por su sabor ligeramente picante se empleaba para adobar carnes y quesos. Sus hojas, fritas en aceite de oliva, previamente rebozadas en harina, son un crujiente y sabroso aperitivo. Es famosa la miel de salvia y exquisita la famosa “saltimboca a la romana”, compuesta por escalopines de ternera, jamón, hojas de salvia, mantequilla, vino dulce y pimienta.
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