Muere Jordi Borja que llevó el urbanismo como compromiso
OBITUARIO
Jordi Borja en América Latina colaboró con gobiernos locales, varias academias y muchos organismo internacionales
Jordi Borja, geógrafo, urbanista y uno de los grandes referentes del pensamiento urbano contemporáneo, falleció a los 85 años después de años dedicado a forjar una obra decisiva para entender la transformación de las ciudades en España y en América Latina durante las últimas décadas. Su trayectoria combinó la reflexión académica, la acción política y la intervención directa en proyectos urbanos que marcaron época, especialmente en Barcelona, ciudad a la que dedicó buena parte de su vida intelectual y profesional.
Nacido en Barcelona en 1941, Borja se formó en Geografía y posteriormente amplió estudios en sociología urbana y planificación territorial. Desde muy joven vinculó su trabajo al compromiso político y social, primero en la lucha antifranquista y más tarde en el impulso de políticas urbanas que defendían la ciudad como espacio democrático. Su visión del urbanismo se articulaba alrededor de una idea central: la ciudad debía ser un lugar de convivencia, de mezcla y de derechos, y no un producto sometido exclusivamente a las lógicas del mercado.
Desde Barcelona
Durante los años ochenta y noventa desempeñó un papel relevante en la transformación de Barcelona, especialmente en el periodo previo y posterior a los Juegos Olímpicos de 1992. Participó en la renovación de espacios públicos, en la apertura de la ciudad al mar y en la redefinición de barrios que, hasta entonces, habían quedado al margen de las grandes decisiones urbanísticas.
Borja fue también un académico prolífico. Profesor en diversas universidades y autor de numerosos libros y artículos, sus textos se convirtieron en referencia obligada para generaciones de urbanistas, arquitectos y responsables públicos. En ellos abordaba cuestiones como la gobernanza metropolitana, el derecho a la ciudad, la movilidad, la participación ciudadana o los efectos de la globalización sobre los territorios urbanos. Su capacidad para combinar teoría y práctica le otorgó una autoridad singular en el debate sobre cómo deben planificarse y gestionarse las ciudades del siglo XXI.
Su influencia trascendió ampliamente las fronteras españolas. En América Latina colaboró con gobiernos locales, instituciones académicas y organismos internacionales, aportando su experiencia en procesos de planificación urbana y reformas metropolitanas. Ciudades como Buenos Aires, Quito, Santiago de Chile o Ciudad de México encontraron en él un interlocutor capaz de comprender sus complejidades y de proponer soluciones adaptadas a contextos sociales y políticos muy diversos.
Borja defendió siempre que la ciudad era un espacio político en sí mismo. Consideraba que la calidad democrática de una sociedad podía medirse observando cómo se organizaba su territorio, cómo se distribuían los servicios públicos y cómo se garantizaba el acceso equitativo a la vivienda, al transporte y al espacio común. Su pensamiento, profundamente humanista, situaba a las personas en el centro de la planificación urbana y reivindicaba la necesidad de que los ciudadanos participaran activamente en la construcción de su entorno.
A lo largo de su vida recibió numerosos reconocimientos por su labor intelectual y profesional, aunque él mismo solía restar importancia a los premios y ponía el acento en la necesidad de seguir debatiendo, investigando y transformando las ciudades.
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