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La comunidad judía de Toronto (Canadá) cree que la madera de ese árbol de diez metros de altura puede jugar un papel simbólico en la edificación de una sinagoga, sobre todo teniendo en cuenta que la barbarie de Hitler acabó con la vida de varios millones de judíos en toda Europa.
La historia del roble se remonta a abril de 1942, cuando el líder nazi lo hizo traer desde su ciudad natal, Braunau (Austria), como obsequio con motivo de su cumpleaños y primer paso para la germanización de Jaslo, ocupada en aquel momento por las tropas alemanas.
Los planes municipales pasan ahora por acabar con el árbol para construir una rotonda, descongestionar el tráfico y, de paso, eliminar un molesto recuerdo de la ocupación nazi y la Segunda Guerra Mundial, un conflicto que arrasó esta ciudad prácticamente en su totalidad.
Si el Ayuntamiento acepta la propuesta canadiense, el siguiente paso será el traslado del polémico árbol hasta Toronto, donde su madera sería empleada en la construcción de una sinagoga.
Sin embargo, algunos ciudadanos polacos ya han mostrado su oposición a la tala, especialmente desde que Kazimierz Polak, uno de los vecinos que fue testigo de cómo los soldados nazis plantaban en 1942 el entonces escuálido arbolito, se ha erigido en defensa del roble.
Polak pidió a las autoridades municipales que respeten y mantengan en su lugar al árbol, al que consideró como una atracción turística, restando importancia al hecho de que se trate de un regalo de Hitler.
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