Pilar Falcón: “Jueces y abogados dan ahora por hecho que la oratoria se ha perdido”

ENTREVISTA

La doctora en Ciencias de la Información y colaboradora de La Región, Pilar Falcón, publica “Hablar es un placer”, una obra en la que reivindica la oratoria como herramienta para comunicar, influir y transformar desde la autenticidad

La escritora Pilar Falcón.
La escritora Pilar Falcón. | La Región

Pilar Falcón es doctora en Ciencias de la Información y ha escrito libros de peso sobre la comprensión de la comunicación y la política como “El Imperio Rosa”, “Fraga y Galicia” o “Un camino de cine Xacobeo”. Recientemente, la colaboradora de La Región ha publicado “Hablar es un placer. Oratoria efectiva para transformar con alma” en la editorial Reus.

Las frases

  • “Una se da cuenta de que se debe enseñar lo que se sabe”
  • “Se escucha poco y se habla demasiado”
  • "Una escuela de oratoria sería fundamental”

Pregunta. ¿Por qué se ha decidido a escribir este libro?

Respuesta. Hay momentos en que una se da cuenta que ha pasado la vida aprendiendo y llega el momento de enseñar lo que se sabe. Esa ha sido mi sensación, estimulada por los que me rodeaban. Esto de lo que llevas toda la vida hablando, ¿por qué no enseñarlo, con la falta que hace? Y así fue. Me hizo sentirme consciente de que estamos obligados a compartir lo que sabemos.

P. La oratoria era fundamental en la antigüedad grecolatina. Pienso en los sofistas, en el tratado sobre el orador de Cicerón o las “Instituciones Oratorias” de Quintiliano. ¿Por qué era así?

R. Yo creo que se pensaba más y había una necesidad de exteriorizarlo. Y también estaba muy claro cuáles eran las clases dominantes intelectualmente. Esa altura se reflejaba en los buenos oradores que podían hacer escuela. Había quienes no tenían tantos medios naturales y sabían de la importancia de la oratoria. Demóstenes es un ejemplo bien claro, ¿verdad?

P. En su libro es una figura central.

R. Claro. Con todas las deficiencias que él tenía. Y gracias a practicar, practicar y practicar, de ponerse recto, consiguió ser uno de los oradores de referencia que tenemos. En un libro tan práctico como es “Hablar es un placer” es un ejemplo a tener en mente. Todo el mundo conoce el ejemplo de Jorge VI del Reino Unido, del que se habla en la película “El discurso del rey”. Pero es que su tartamudez, al lado de los problemas que tuvo Demóstenes, no era nada. Con muchos menos medios se superó, en un ejercicio de resiliencia brutal. Es un ejemplo a tener en cuenta cada día.

P. ¿Cuál es el papel del silencio en la oratoria?

R. El silencio nos obliga a escuchar y cuando tú escuchas, lo siguiente que vayas a decir debe tener más valor. Cuando te dedicas a reflexionar durante una conversación lo que dices suena con mayor valor, a parte de demostrar que estabas en escucha. Y, sinceramente, se escucha poco. Se habla demasiado y los oradores no usan el silencio como escucha sino como estrategia.

P. Están más pendientes de lo que quieren decir.

R. Sí, es un silencio para sacar puntilla, para combatir al adversario. Antes se pensaba más, ahora hay un auténtico bombardeo de información. Ahora el tiempo falta.

P. Usted destina este libro a todo el mundo, pero presta una especial atención al derecho y la abogacía. ¿Por qué?

R. Se ha perdido la oratoria en la abogacía. Esto no lo digo yo, lo dicen las personas que viven en ese mundo, tanto jueces como abogados. Dan por hecho que la oratoria se ha ido perdiendo. Ya no se para uno a hablar. El juez pide: “Por favor, sea breve”. Pero esto lo podemos llevar también a los medios de comunicación. No existe una escuela, la mayoría está fuera de tono a la hora de dar noticias. Y con las redes sociales se permite que cualquiera hable con tal de llenar los tiempos. Lo importante es tener efecto de impacto para llenar huecos en el tiempo más breve posible. Ni siquiera en el Parlamento de España se escucha a gente que sea digna de ser escuchada. Son populismos, mensajes propios de mítines. Nos rodea todo un ejemplo de mala praxis.

P. En los tiempos que vivimos, ¿es más importante que nunca el arte del buen hablar?

R. Sí. Fomentemos el hablar bien, el respeto a la lengua. Somos los únicos seres vivos con la capacidad de hablar, de sonreir, de comunicarnos entre nosotros. Los mejores momentos de nuestra vida se reducen a menudo a una conversación amena: aquello que te dijo tu abuela, tu amigo, tu padre. Esos momentos que te llegan y marcan para siempre. Esa cualidad tan enorme está cada vez menos valorada. Es como el respirar, porque lo hacemos constantemente y una se olvida. Nos autoevaluamos demasiado poco: la voz que tenemos, cómo la proyectamos, en qué tono nos dirijimos a los demás. Una escuela de oratoria sería fundamental, necesaria e imprescindible, sin duda ninguna.

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