Un riñón de cerdo mantiene con vida a un hombre 271 días

AVANCE MÉDICO

El paciente de 66 años culminó su proceso tras recibir un órgano humano de un donante

Los cirujanos Leonardo Riella y Tatsuo Kawai con el paciente Tim Andrews tras la operación.
Los cirujanos Leonardo Riella y Tatsuo Kawai con el paciente Tim Andrews tras la operación. | Kate Flock

La escasez crítica de órganos disponibles obliga a miles de personas con enfermedad renal terminal a depender de la diálisis durante largos meses o incluso años. Aunque la diálisis constituye un tratamiento vital que logra mantener con vida a los pacientes, dista mucho de ofrecer la calidad de vida y las ventajas metabólicas de un trasplante exitoso. Ante esta problemática, los xenotrasplantes (la utilización de órganos provenientes de animales modificados genéticamente para asegurar su compatibilidad con el organismo humano) emerge como una de las alternativas más prometedoras de la medicina moderna.

Un avance histórico en este ámbito fue reportado por investigadores del reconocido centro Mass General Brigham (Estados Unidos). En un artículo recientemente publicado en la prestigiosa revista científica The Lancet, el equipo médico detalla la experiencia del paciente Tim Andrews, marcando un hito sin precedentes en la medicina reconstructiva y de trasplantes.

En enero de 2025, Andrews, de 66 años, recibió un riñón de cerdo genéticamente editado. El órgano mostró una respuesta excepcional al comenzar a funcionar desde el primer día de la intervención. Gracias a esta cirugía, el paciente logró vivir exitosamente durante 271 días sin necesidad de recurrir a la diálisis. Finalmente, en enero de 2026, Andrews culminó su proceso al recibir un riñón humano procedente de un donante. Su caso no solo representa la supervivencia más prolongada sin diálisis registrada en un ser humano vivo tras un xenotrasplante renal porcino, sino también la primera transición documentada con éxito desde un xenoinjerto hacia un órgano humano definitivo.

La mejor alternativa

“La escasez de órganos es la mayor crisis que enfrentamos actualmente en el campo de los trasplantes”, enfatiza el doctor Leonardo Riella, autor principal del estudio. El especialista argumenta que el trasplante es indudablemente la mejor alternativa terapéutica para la insuficiencia renal, pero la falta de donantes impide ofrecer una respuesta oportuna a los pacientes.

Según plantea el doctor Riella, el xenotrasplante puede ofrecer una solución escalonada ante esta deficiencia. En una primera fase, funcionaría como un “puente” biológico que permita a las personas abandonar la diálisis mientras aguardan la disponibilidad de un riñón humano compatible. A largo plazo, una vez que la investigación demuestre su completa seguridad y durabilidad, podría consolidarse como una terapia definitiva por derecho propio.

El primer trasplante de un riñón porcino a un receptor humano vivo se realizó en 2024 en el mismo hospital; en esa oportunidad, el paciente sobrevivió 52 días antes de fallecer por complicaciones cardíacas ajenas al injerto. Hasta la publicación del caso de Andrews, ningún estudio había logrado documentar una supervivencia superior a los dos meses, ni había demostrado la viabilidad de usar el procedimiento como puente hacia un trasplante convencional. Andrews recibió el órgano bajo un permiso de acceso ampliado de la FDA y permaneció bajo rigurosa monitorización para evaluar la función renal, prevenir el rechazo y descartar transmisiones infecciosas.

El fallo tardío del órgano revela el reto que aún queda por delante

Un episodio inicial de rechazo mediado por células T se resolvió con el tratamiento, no se detectó transmisión de patógenos porcinos y el paciente pudo prescindir de la diálisis durante 271 días, recuperando una autonomía notable para realizar sus tareas cotidianas y pasear. Tras aproximadamente seis meses, se redujo la inmunosupresión debido a una infección intercurrente que requirió un ajuste farmacológico cauteloso. Posteriormente, el xenotrasplante desarrolló daño microvascular e inflamación que progresaron hasta la insuficiencia orgánica. El paciente recibió entonces un riñón humano de donante fallecido, con función inmediata del injerto y sin evidencia de sensibilización durante el seguimiento, demostrando la ausencia de anticuerpos perjudiciales tras la exposición previa al órgano animal.

Los hallazgos ilustran tanto el potencial como las áreas de mejora de los xenotrasplantes como puente para pacientes que esperan un riñón humano. Es importante destacar que la lesión microvascular en el riñón porcino tiene implicaciones para el desarrollo de estrategias inmunosupresoras, la ingeniería genética del donante y el seguimiento en futuros estudios clínicos de trasplante, sentando así las bases para perfeccionar la edición del ADN animal, optimizar las terapias de mantenimiento y diseñar protocolos clínicos más precisos que minimicen las complicaciones vasculares a largo plazo en futuros receptores.

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