De Twitch a Nueva York: Kai Cenat y la nueva generación de diseñadores

MODA Y STREAMING

Kai Cenat ha llevado a la pasarela una fórmula que rompe con el camino tradicional de la moda: una comunidad digital de millones de seguidores como punto de partida para construir una marca. El streamer presentó en Nueva York la primera colección de VIVET, seguida online por más de 180.000 personas.

Crear comunidad: la tarea pendiente de la moda
Crear comunidad: la tarea pendiente de la moda | La Región

Durante décadas, la legitimidad en la moda seguía un recorrido bastante reconocible: estudiar diseño, entrar en un atelier, aprender el oficio, trabajar para otros, construir un lenguaje propio y, finalmente, conseguir que la industria te concediera un espacio. Kai Cenat acaba de plantear que ese recorrido ya no es el único posible. El pasado 12 de septiembre, el streamer presentó en Nueva York la primera colección de VIVET, su nueva firma de moda, ante una audiencia que conocía su nombre mucho antes de saber qué era su ropa. Más de 180.000 personas siguieron el desfile online.

Y aquí está lo verdaderamente relevante: Cenat no ha llegado a la moda después de convertirse en diseñador. Ha llegado con algo que hoy puede ser igual de poderoso que una trayectoria tradicional: una comunidad. Su capital cultural no se ha construido en una escuela de diseño, sino frente a una pantalla. Y VIVET nace precisamente de esa inversión de las reglas.

A sus 24 años, Cenat no procede de una casa de moda ni cuenta con una formación académica convencional en diseño. Su trayectoria se construyó creando contenido y una comunidad digital de millones de seguidores. Pero hay un matiz importante: antes de convertir esa audiencia en consumidores, decidió apartarse durante nueve meses del streaming para aprender sobre moda.

El resultado es VIVET, nombre derivado del latín vivet, “vivirá”, y una primera colección titulada Journal 1, concebida casi como el registro de ese proceso de aprendizaje. Cenat documentó ideas, dibujos, referencias y muestras mientras se familiarizaba con la construcción de prendas y los textiles. Aprendió incluso a coser y viajó a Italia para profundizar en el oficio. Su intención era comprender cómo se construye una prenda desde dentro antes de poner su nombre sobre ella.

Ese gesto es importante porque diferencia el fenómeno Cenat de la simple operación de celebrity fashion. La industria lleva años convirtiendo rostros conocidos en colaboraciones, cápsulas y campañas. Pero VIVET plantea otra cosa: la audiencia no es el resultado de la marca; es uno de sus activos fundacionales.

Sobre la pasarela aparecieron hoodies oversize, tracksuits, pantalones de cuero, outerwear, piezas de piel, tailoring y accesorios. Un vocabulario streetwear reconocible, conectado con códigos que ya han sido explorados por figuras como Demna o Kanye West. Cenat, además, contó con el consejo de nombres como Demna, Ye, Pharrell Williams y Law Roach. Este último le dio, según The Business of Fashion, una recomendación tan sencilla como reveladora: conocer a su cliente.

Porque Cenat ya conoce al suyo. Lo ha visto crecer, reaccionar, consumir y participar durante años. Y esa información puede convertirse en una forma de poder creativo que las marcas tradicionales tardan décadas en construir.

Ahí es donde VIVET empieza a resultar más interesante que su propia colección. La cuestión no es si Cenat ha alcanzado todavía una identidad estética incontestable —algunas críticas han señalado precisamente la familiaridad de determinadas referencias—, sino qué significa que pueda acceder a una pasarela internacional con una comunidad que ya existe antes que la etiqueta.

La primera fila y el casting lo hicieron todavía más evidente. Lauryn Hill, Jaden Smith y miembros de la comunidad de streamers de Cenat acompañaron la presentación. Algunos de sus colaboradores habituales también desfilaron, entre ellos Duke Dennis, BruceDropEmOff y Ray, junto a modelos como Alton Mason. No era únicamente una elección de casting: era una manera de convertir la propia comunidad en parte del universo de la firma.

Y esta es probablemente una de las transformaciones más relevantes que está viviendo la industria. Virgil Abloh ya demostró que la legitimidad cultural podía construirse desde fuera de las instituciones tradicionales de la moda, cruzando música, arte, arquitectura, street culture e internet. La generación que llega después tiene una herramienta adicional: puede construir una audiencia antes incluso de diseñar su primera prenda.

Eso modifica las reglas del negocio. Una casa tradicional necesita construir reconocimiento para después crear comunidad. Un creador digital puede llegar a la moda con la comunidad ya construida y utilizarla como plataforma para desarrollar una marca. La influencia deja de ser una herramienta de comunicación y empieza a convertirse en infraestructura empresarial.

Por supuesto, eso no significa que el oficio haya dejado de importar. Precisamente los nueve meses de aprendizaje de Cenat demuestran lo contrario. Una audiencia puede conseguir atención, una primera fila y millones de visualizaciones; no puede, por sí sola, construir un buen patrón, desarrollar un tejido o resolver una silueta. La influencia puede abrir la puerta, pero el producto sigue teniendo que justificar por qué merece quedarse dentro.

Y quizá ahí esté el verdadero interés de VIVET. No en demostrar que cualquiera puede ser diseñador, sino en mostrar que la definición de quién tiene derecho a llegar hasta la pasarela está cambiando. La moda ya no controla por completo sus propias puertas de entrada porque internet ha creado nuevas formas de legitimidad cultural.

Kai Cenat no ha seguido el camino tradicional hacia Nueva York. Ha llegado desde Twitch, acompañado de millones de personas que ya forman parte de su universo. Ahora queda por ver si consigue convertir esa atención en algo mucho más difícil: un lenguaje de moda propio, reconocible y capaz de sobrevivir más allá de su nombre.

Porque quizá el gran cambio no sea que los streamers quieran ser diseñadores. Es que la moda ha empezado a necesitar algo que los streamers llevan años sabiendo construir: una comunidad que quiera estar ahí antes incluso de que exista la colección.

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