José Luis Gómez
CUENTA DE RESULTADOS
La deuda no deja de ser un problema
CUENTA DE RESULTADOS
La deuda vuelve a inquietar al mundo. Y existen razones para ello. El endeudamiento global alcanza cifras que hasta hace pocos años habrían resultado difíciles de imaginar: ya supera los 365 billones de dólares. Pero detrás de semejante montaña de pasivos se esconde una realidad mucho más compleja que la que proporciona el dato agregado. No toda la deuda es igual, ni todos los países que deben mucho presentan el mismo riesgo: ni siquiera basta con observar las cuentas públicas para saber dónde se encuentra la verdadera vulnerabilidad de una economía.
España constituye un buen ejemplo. La deuda de las Administraciones públicas se situó en julio en el 99,9% del PIB, por debajo del 100% por primera vez desde febrero de 2020. La noticia tiene indudable valor simbólico, aunque debe ser interpretada con cautela: el Estado sigue debiendo 1,744 billones de euros. La ratio baja porque el PIB nominal crece más deprisa que el endeudamiento. España tiene menos deuda en relación con el tamaño de su economía, pero no está amortizando todo lo que debiera.
Esta fotografía, sin embargo, resulta incompleta. Como señala Judith Arnal en un oportuno análisis publicado por el Real Instituto Elcano, el debate europeo está concentrado en la deuda pública y presta menos atención a la privada. Es una distinción importante para España porque explica mejor que cualquier otra por qué el país que estuvo en el centro de la crisis europea de 2012 se encuentra hoy en una posición muy diferente.
El endeudamiento global alcanza cifras que hasta hace pocos años habrían resultado realmente difíciles de imaginar: más de 365 billones de dólares
España había entrado en la gran crisis financiera con unas cuentas públicas sobre el papel modélicas. En 2007 registraba superávit presupuestario y la deuda pública representaba apenas el 36% del PIB. El problema estaba en otro sitio: hogares y empresas habían acumulado una deuda equivalente al 216% del PIB durante los años de expansión inmobiliaria y crédito abundante. Cuando estalló la burbuja, una parte de aquella deuda privada terminó contaminando los balances bancarios y, de rebote, las cuentas públicas. En 2012 España tuvo que solicitar asistencia financiera europea para recapitalizar parte de su sistema bancario. Casi todas las cajas de ahorros se vinieron abajo.
Al acabar aquel año, la deuda pública ya había escalado hasta el 84,1% del PIB, casi 15 puntos más que doce meses antes. Al mismo tiempo, familias y empresas seguían soportando un endeudamiento próximo al 214% del PIB. Las empresas debían alrededor del 133% y los hogares, el 81%. El país estaba obligado a desapalancarse justo cuando atravesaba una recesión, aumentaba el desempleo, caían las rentas y se cerraba el crédito.
Catorce años después, la transformación es enorme. En el primer trimestre de 2026, la deuda consolidada de los hogares españoles equivalía al 42,5% del PIB y la de las empresas al 62,5%. En ambos casos son mínimos históricos de las respectivas series: desde 1999 para las familias y desde 2001 para las sociedades no financieras. La riqueza financiera neta de los hogares, además, alcanzó el 155,3% del PIB. España ha llevado a cabo uno de los mayores procesos de desapalancamiento privado entre las grandes economías desarrolladas. Por eso comparar la España actual con la de 2012 conduce a conclusiones equivocadas. El principal problema de endeudamiento se ha desplazado hacia el sector público, mientras el privado presenta balances mucho más saneados.
@J_L_Gomez
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