Verdolaga común, la que nunca muere
Entre sus propiedades terapéuticas destaca el ser cicatrizante y depurativa
La verdolaga común, denominada asimismo en castellano con los nombres de lengua de gato, nunca muere, portulaca o verdolaga silvestre y conocida científicamente con el nombre de Portulaca oleracea es una planta herbácea anual suculenta, originaria de la India, Oriente Medio y sur de Europa perteneciente a la familia de las Portulacáceas, que se ha naturalizado en todo el mundo. En Galicia se le conoce como baldroaga, beldroega o verdoaga.
Etimológicamente, una de las hipótesis más aceptada es que el nombre genérico portulaca proviene del latín portula, que significa “puerta pequeña o puertecilla” en referencia a la apertura, a modo de tapadera, por donde el fruto libera las semillas. El epíteto oleracea procedería del latín olus, “de la huerta u hortaliza”, en alusión a su uso tradicional como verdura.
Presenta una raíz primaria con raíces fibrosas secundarias. Sus tallos, muy ramificados, cilíndricos, carnosos, rastreros o más o menos erectos, son de color verde brillante dotados normalmente de una tonalidad rojiza, lo que hace a la planta fácilmente identificable. Sus hojas, de color verde oscuro, carnosas, planas, con forma de espátula oval y de ápice obtuso, se disponen agrupadas alrededor de los nudos de los tallos y en los extremos, de forma alterna u opuesta. Sus flores, pequeñas y de color amarillo brillante, surgen solitarias o en grupos en las axilas de las hojas superiores o en el extremo de los tallos.
Florece desde finales de la primavera hasta bien entrado en otoño. Se abren durante las horas soleadas. El fruto es una cápsula globosa y de aspecto membranoso, que contiene semillas pequeñas de color negro. Crece tanto en zonas de cultivo, huertas y jardines, como en terrenos incultos, márgenes de carreteras, terraplenes, generalmente en suelos nitrogenados. Tolera bien la sequía.
Se utiliza como planta alimenticia y medicinal. En gastronomía se usan tanto los tallos como las hojas y las flores, preferiblemente en estado fresco, del mismo modo que las verduras. Puede consumirse cocida o rehogada, con aceite y vinagre, o bien en ensaladas mezcladas con berros, diente de león o achicoria. También en tortilla, revueltos, salsas y sopas. Asimismo se pueden conservar en vinagre. Tiene un sabor ligeramente ácido y un poco salado. En algunos países, con sus semillas, una vez secas, se elabora harina para hacer pan y pasteles. Se usa, también, como forraje verde o seco.
Entre sus propiedades terapéuticas destaca el ser antiescorbútica, vermífuga, cicatrizante, depurativa y diurética. Aporta una buena cantidad de nutrientes, ya que es rica en omega 3, vitamina C, magnesio, calcio, potasio y hierro. Además, presenta pigmentos alcaloides que son potentes antioxidantes. Sus hojas, en uso externo a modo de cataplasmas, son eficaces para tratar dermatitis, urticarias, picaduras de insectos, como las de las abejas, forúnculos y hemorroides. No debe ser consumida en exceso debido a su alto contenido en ácido oxálico, que puede dar lugar a cálculos renales. Su consumo está desaconsejado durante el embarazo.
Se sabe que en la medicina griega era usada como remedio para el estreñimiento y la inflamación del sistema urinario. Viene mencionada por Teofrasto, en el 340 a.C., como una de las plantas a cosechar. Plinio el Viejo cita su uso, en su Naturalis Historia, como amuleto. En la India se empleaba como tónica del hígado y los mayas para tratar problemas urinarios y como desparasitante.
A pesar de sus beneficiosos usos y propiedades, en muchos países está considerada como una mala hierba, realizando incluso programas para controlar su crecimiento o eliminación.
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