CUANDO LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN
El anuncio de la Lotería de Navidad se vuelve realidad en Valdeorras
CUANDO LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN
Valdeorras fue el día del Sorteo de Navidad el epicentro de una historia que como dice su protagonista “no es que pase una vez en la vida, es que no pasa nunca”. Mario, nombre ficticio porque prefiere mantenerse en el anonimato, ganó ese día 400.000 euros después de que un hombre, al que le había hecho un favor dos meses antes, lo llamase para decirle que el décimo que le había comprado para agradecerle el gesto y del que Mario no tenía ni foto ni conocía el número estaba premiado con el Gordo.
Todo comenzó el pasado mes de septiembre. Un hombre le pidió a Mario si podía llevarle un tronco a serrar. Sin dudarlo, este accedió, se lo cargó en el camión y él lo llevó al aserradero, donde hicieron las tablas con la medida indicada. “Volví con ellas y me preguntó cuánto me debía y yo le dije que nada, qué le voy a cobrar si me coincidía de camino. El paisano me dijo que entonces me compraba un décimo para la Navidad y quedó la cosa así, ni me dijo el número, ni me mandó la fotografía, nada de nada”, explica este vecino de Valdeorras.
El día del Sorteo, al filo de las doce de la mañana y con el gordo ya cantado, recibió la llamada de este hombre mientras descargaba el camión en Lugo, completamente empapado. “Me dijo ‘¿No tienes pensado venir a buscar el décimo?’ Y yo le pregunté de qué décimo me estaba hablando y me explicó que era el que me había comprado por el favor que le había hecho, que estaba premiado, y le contesté: ‘mira no me toques las narices que no estoy para bromas’ y le colgué el teléfono cabreado”, recuerda.
Al colgar, tuvo una corazonada: “Pensé, ¿y si es cierto?”. Entonces Mario llamó a su mujer y le explicó lo sucedido. Esta se puso en contacto con el hombre y dos minutos después le mandó una fotografía con el décimo premiado, efectivamente, era el Gordo. La euforia fue absoluta y esa misma noche viajó hasta la provincia de León para recogerlo. “Me lo tenía guardado en su casa”, cuenta. No solo eso, en la parte superior del boleto estaba anotado a lápiz el nombre de la persona a la que debía entregarlo.
El trayecto para recogerlo no lo hizo solo, sino que estuvo acompañado por su mujer. “Ella no se lo creyó hasta que tuvo el décimo en la mano. Íbamos por la autovía y me decía: ‘Eso es mentira, es cosa vuestra’. Cuando llegamos allí cogió el décimo, lo metió en el bolso y hasta que llegamos de vuelta no dijo ni pío, roja como un tomate”, relata Mario uno de los mejores momentos de su vida.
“Esto es como un cuento de hadas, es para no creer. Que te compren un décimo, que te lo guarden, que no sepas el número, que justo sea el Gordo y que te llamen el día del Sorteo para dártelo… Eso no es que pase una vez en la vida, es que no pasa nunca. Le estaré eternamente agradecido porque 400.000 no es ninguna broma”, confiesa aún emocionado.
Al día siguiente fueron a ingresarlo en el banco. “Eso por precaución no se puede tener en casa”, explica. La noticia no alteró su día a día, ya que sigue trabajando en lo mismo, aunque sí que reconoce que vive con más tranquilidad.
"Esto es como un cuento de hadas, es para no creer. No es que pase una vez en la vida, es que no pasa nunca”, confiesa el afortunado
Aunque parezca mentira, el suyo no fue un caso aislado en este Sorteo. Este hombre de León había comprado otro décimo con el mismo número -premiado posteriormente con el Gordo- para un compañero de profesión que también le había hecho un favor. Sobre la misma hora que llamó a Mario también contactó con él para darle el boleto.
Ninguno de ellos sabía el número, por lo que no podían reclamarle el dinero, pero aun así fue una persona de palabra y le dio a cada uno un décimo con el número del primer premio. En total, 800.000 euros que si se los hubiese quedado -solo se guardó el que compró para él- nadie le hubiese podido reprochar nada, pero respetó el compromiso y dejó de lado la avaricia, demostrando que hay historias que, por increíbles que parezcan, pueden convertirse en realidad.
Es imposible no acordarse con este relato del anuncio de Lotería del año 2014, el cual emocionó incluso a aquellos que no tientan cada año a la suerte. Un hombre baja al bar del pueblo, donde están sus vecinos celebrando el gordo. Él los felicita, aunque por dentro se maldice de que toque el primer premio justo el año que no compró el décimo. Le ofrecen una copa -todos están celebrando con champán-, pero él prefiere un café, ya que el sentimiento que le invade por dentro no es precisamente el de euforia.
Se lo toma y le pregunta a Antonio, el propietario del negocio, cuánto tiene que pagar. Este le contesta que 21 euros, a lo que el protagonista, extrañado, replica: “¿21 euros por un café?”. La respuesta a esa pregunta es uno de los mejores momentos de su vida: “Un euro por el café y 20 euros de esto”. En ese momento, le entrega un décimo con el número premiado que le había guardado, terminando el anuncio con la frase: “El mayor premio es compartirlo”.
Así se puede ver en el anuncio completo:
Esta historia, con algunos matices, se hizo realidad once años después, cuando parecía que no era posible que sucediese más allá de la ficción. Uno de sus protagonistas es ourensano y el gesto solidario de un vecino de la provincia de León al entregarle el Gordo “olvidado” es algo que recordará siempre. “Cada vez que escucho el nombre del paisano se me saltan las lágrimas porque me arregló la vida, no te hace rico, pero te hace vivir más relajado”, confiesa Mario.
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