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PROTECCIÓN ANIMAL
En abril de 2021, un oso destrozó 5 colmenas de David Pérez en Valdín (A Veiga), fueron 10 menos que las 15 destruidas un año antes y dos más que las 3 inutilizadas a finales del pasado abril, que podrían ser las últimas afectadas. En los últimos días, un directivo del FAPAS (Fondo para la Protección de los Animales Salvajes), Roberto Hartasánchez, viajó desde Asturias para instalar un cierre que evitará nuevos daños y servirá “de referencia” a otros apicultores. “Para que un oso no entre en un colmenar protegido con un sistema eléctrico, la electricidad le tiene que dar en el hocico o las palmas de las manos. Un oso no es una vaca”, comentó Hartasánchez.
Para lograrlo, basta con colocar una malla metálica detrás de los cables eléctricos para que “transmita la electricidad y le dé en el hocico”, añadió. Explicó también que en Asturias ya hay colmenares protegidos con este sistema en zonas frecuentadas por osos, que “saben que no es un punto de alimentación”. Desde el colectivo están difundiendo este método entre apicultores de León, Burgos, Cantabria o Asturias, porque “es un método muy eficaz”.
El FAPAS nació en 1982 para proteger la población de buitres en los Picos de Europa, cuando solo quedaban ocho parejas. Luego amplió su acción al oso pardo, con el mismo objetivo: “el estudio y la conservación de la biodiversidad, a través de las especies más representativas de los ecosistemas cantábricos”.
Roberto Hartasánchez explicó que el colectivo no recibe subvenciones públicas para evitar compromisos políticos y se mantiene únicamente con el apoyo de los socios, lo que “nos permite desarrollar estos trabajos a escala pequeña”. Aun así, sus objetivos van cada vez más lejos, como en el caso del oso, ya que trabajan en zonas alejadas de las áreas de reproducción.
La población de osos del Noroeste peninsular oscila entre los 300 y los 350 ejemplares, según las estimaciones que maneja el FAPAS. “Su presencia no es muy importante pero sí muy intensa”, comentó Roberto Hartasánchez, refiriéndose al proceso de despoblación que arrastra el rural. “Hay mucho hábitat y pocos osos, pero dando mucho la lata”, comentó.
Son 288 los kilómetros que separan en línea recta los colmenares más alejados entre sí que protegió FAPAS este año, ubicados en Valdín y Espinosa de los Monteros (Burgos). Según los cálculos del colectivo, la presencia del oso ya ha sido detectada en una superficie de 25.000 kilómetros del Noroeste peninsular. Atendiendo a los cálculos realizados en la Omaña leonesa, su número va en aumento.
En Valdeorras, la especie es detectada periódicamente. Son ejemplares “subadultos”, en su mayoría machos de entre 2 y 4 años, que mientras no entran en celo tienen tendencia a desplazarse siguiendo el rastro que otros dejaron, incluso un año antes. Posiblemente, lleguen a la comarca procedentes de Os Ancares, que es la zona de reproducción más próxima y, dado el crecimiento de la población, sus visitas serán cada vez más frecuentes.
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