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Los restos mortales de Eloy Tato Losada, “el obispo de Viladequinta”, ya reposan en el cementerio de su localidad natal, en Carballeda de Valdeorras. Fallecido el día 18, en el Hospital Público Valdeorras, ayer recibió sepultura después de la misa funeral oficiada en la iglesia de Santa Rita, en O Barco de Valdeorras.
La Eucaristía fue presidida por el obispo de Astorga, Jesús Fernández, quien estuvo acompañado por el arzobispo de Santiago de Compostela, Julián Barrio, y el prelado de Ourense, Leonardo Lemos. También asistieron una treintena de sacerdotes, varias hermanas Misioneras Catequistas (que el fallecido convirtió en congregación religiosa), su familia y una nutrida representación del Concello de Carballeda, que encabezó la alcaldesa, María del Carmen González.
Los obispos de Astorga y Ourense y el arzobispo de Santiago, en la llegada del ataúd al templo. (José Paz)
La ceremonia se desarrolló con el lema “Colombia, eternamente en tu corazón”, que podía leerse detrás del altar, y con muy pocas flores. La ausencia de coronas fue consecuencia de un deseo expreso de Eloy Tato, quien indicó que prefería que el dinero que cuestan fuese donado a alguna organización solidaria, como Cáritas.
En la homilía, el obispo de Astorga, Jesús Fernández, realizó un breve repaso a la intensa vida de Eloy Tato, que comenzó recordando que fue obispo dimisionario de Magangué (Colombia). Aludió a sus estudios en el Seminario de Astorga y a su ordenación sacerdotal en 1946, ejerciendo durante seis años el ministerio parroquial en las parroquias de Alberguería, Meda, Prada, Riomao, Corexido y Vilaboa, en el Concello de A Veiga. Posteriormente, se incorporó al Seminario de Misiones en Burgos para, un año después, consagrarse al Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME).
A la edad de 36 años fue preconizado obispo titular de Cardicio y vicario apostólico de San Jorge, siendo el obispo más joven del mundo. La ordenación episcopal se desarrolló en Astorga, en 1960, y nueve años después, cuando fue creada la diócesis de Magangue, Eloy Tato fue su primer obispo, desarrollando esta labor hasta su renuncia en 1994, momento en que regresó a su pueblo natal.
Depositando el báculo sobre el féretro. (José Paz)
El prelado de Astorga recordó que Eloy Tato fue “uno de los dos únicos obispos vivos que participaron en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II. Según las últimas noticias que nos han legado, resta otro superviviente, con residencia en Canadá”. Jesús Fernández también indicó que “se nos ha ido a la Casa del Padre un misionero que tenía clara su misión y que la afrontó con valentía. Trabajador infatigable, nunca paralizó sus sueños”.
Tras el funeral, el ataúd con los restos mortales era enterrado en el cementerio de Viladequinta, rodeado por su familia y vecinos.
En el templo no faltó la referencia a las misiones. (José Paz)
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