Preocupación en O Barco y A Rúa por el exceso de velocidad: “Los coches únicamente frenan si piensan que está el radar”
VECINOS ALZAN LA VOZ
Los vecinos alertan del riesgo para los peatones y reclaman medidas para frenar la velocidad en varios puntos de A Rúa, O Barco y Vilamartín.
Las altas velocidades alcanzadas por los conductores preocupan en la comarca de Valdeorras. Los últimos en alzar la voz fueron los vecinos del barrio de A Rúa Vella, especialmente los residentes en la calle de San Roque y su entorno, que han mostrado su preocupación por la velocidad a la que circulan algunos vehículos por esta zona del municipio.
La situación genera especial inquietud entre los peatones, que consideran que cruzar la vía o incorporarse a ella puede resultar peligroso debido a la rapidez con la que circulan determinados conductores.
Uno de los principales puntos de preocupación se encuentra en las inmediaciones del semáforo situado en esta zona. Según explican los vecinos, el dispositivo permanece en ámbar durante buena parte del tiempo y algunos conductores, en lugar de reducir la velocidad ante la proximidad del cambio a rojo, optan por acelerar para intentar atravesarlo antes de que se detenga el tráfico.
“Cuando lo ven en ámbar, muchos aceleran en lugar de frenar”, explican algunos residentes. En dirección a O Barco, además, el semáforo permanece en rojo apenas unos 15 segundos en cada ciclo, lo que favorece que el tráfico recupere rápidamente la circulación.
La calle de San Roque y sus alrededores tienen además una importante función como vía de entrada y salida de A Rúa. Se trata de uno de los principales puntos de llegada al municipio desde O Barco a través de la N-120, así como de salida hacia Somoza, O Barco, Vilamartín de Valdeorras y otras localidades próximas, como San Miguel de Outeiro. Esta circunstancia hace que el tránsito de vehículos sea constante durante buena parte del día.
Precisamente para intentar controlar esta situación, hace aproximadamente dos décadas se instalaron varios pasos de peatones elevados en distintos puntos de la localidad, como en la Avenida de Campo Grande. Estos elementos buscaban obligar a los conductores a reducir la velocidad y, al mismo tiempo, mejorar la seguridad de los peatones, ya que el municipio es atravesado por una recta de varios kilómetros de longitud.
Sin embargo, los vecinos consideran que en el entorno de la calle San Roque existe actualmente una presencia insuficiente de estos elementos. Aunque es cierto que a unos centenares de metros existen pasos de peatones elevados, se encuentran alejados del núcleo principal de la zona.
Conductores consultados reconocen, por su parte, que en ocasiones pueden superar el límite de velocidad sin ser plenamente conscientes de ello. «A veces vas un poco por encima y ni te das cuenta, ves el semáforo y lo quieres pasar», explica uno de ellos, que considera que la configuración de la vía y la necesidad de atravesar el semáforo pueden contribuir a que algunos vehículos circulen más rápido de lo debido, sea o no de forma deliberada.
La preocupación por la velocidad no es exclusiva de A Rúa. En O Barco de Valdeorras, los vecinos de la Avenida del Bierzo también reclamaron recientemente medidas para hacer más seguro este vial ante la velocidad a la que circulan algunos vehículos en un barrio, el de O Chao, en el que actualmente hay un colegio y una escuela infantil separados por apenas 20 metros, lo que aumenta el flujo de vehículos.
En Vilamartín de Valdeorras, por su parte, se han instalado luces en el propio suelo sobre los pasos de peatones con el objetivo de mejorar su visibilidad y reforzar la seguridad de los peatones. Estas medidas cobran especial importancia en una localidad en la que el límite de velocidad es de 30 kilómetros por hora.
Dentro del término municipal de Vilamartín, la zona de San Miguel de Outeiro es también señalada como uno de los puntos conflictivos por la velocidad de los vehículos. En este tramo, donde el límite está establecido en 30 kilómetros por hora, algunos vecinos consideran que la velocidad real de circulación está lejos de ese límite. “Los coches únicamente frenan si piensan que está el radar; prácticamente nadie va a 30 km/h”, señalan en la zona.
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