A Limia testa el futuro de la agricultura gallega

VIDA

La comarca de A Limia se ha convertido en el principal laboratorio al aire libre para el cultivo de cereal de invierno en la comunidad. A través de un proyecto de largo recorrido coordinado por el Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo (CIAM), los agricultores locales disponen de un espacio idóneo para testar de primera mano el rendimiento, los ciclos fenológicos y la resistencia a enfermedades de las nuevas variedades de trigo y centeno híbrido antes de adquirirlas en el mercado. Esta iniciativa no solo transfiere la última genética y tecnología agraria de forma directa al sector más profesionalizado de Galicia, sino que permite a los investigadores ajustar sus estudios a las particularidades climáticas y retos específicos del terreno limiano.

Luis Urquijo es el investigador al frente del proyecto del Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo en A Limia.
Luis Urquijo es el investigador al frente del proyecto del Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo en A Limia. | Lucía Otero

A Limia se ha convertido en el gran laboratorio al aire libre del cereal de invierno en Galicia. Allí, el Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo lleva a cabo desde hace meses unos ensayos que permiten a los agricultores de la comarca conocer de primera mano cómo se comportan las variedades de trigo y centeno híbrido antes de decidir qué semilla sembrar en sus fincas.

Luis Urquijo, investigador del proyecto, explica que el trabajo que desarrollan en A Limia, en la zona de Piñeira Seca, replica una metodología habitual en otras regiones cerealistas de España. El objetivo es “probar, testar las variedades nuevas que se registran de cereales de invierno o de primavera en la zona para saber la adaptación agroclimática que tienen, la resistencia a enfermedades, el rendimiento que tienen y cualquier otra cuestión del grano para darla a conocer a los agricultores de la zona y que puedan ellos ver las espigas, la planta, cómo se desarrolla y sobre todo compararlas unas con otras”.

Luis Urquijo, investigador del proyecto
Luis Urquijo, investigador del proyecto | Lucía Otero

La comparación se hace siempre frente a variedades de referencia, ya consolidadas entre los agricultores. “Se comparan con cuatro testigos normalmente en caso de los trigos, el caso de los centenos híbridos con un testigo”, detalla Urquijo, “y así se ven las diferencias con esos testigos que son más antiguos, más conocidos por la gente, pues para ver si esas nuevas variedades son un poco más productivas y se defiende mejor de las plagas, enfermedades y bueno, que tengan un buen grano que es lo que necesitan saber”. En definitiva, resume, se trata de que los agricultores “tengan más información de cosas nuevas, o sea de semillas nuevas que salen al mercado”.

¿Por qué A Limia?

La elección de la comarca no es casual. “Es la más profesional, son los agricultores más profesionales en cuanto al cereal de trigo, de centeno y ahora también tienen cebada”, afirma Urquijo, que atribuye esa profesionalización a la propia estructura de la tierra. “Son más profesionales porque es donde hay fincas más grandes en Galicia, donde la gente vive de la agricultura y es donde hay más concentración de tierras”.

Las cifras respaldan esa importancia. “Más o menos hay como unas 17.000, 18.000 hectáreas en toda la comarca de A Limia”, calcula el investigador, lo que la convierte en el punto donde “se concentra esa producción de cereal de invierno”. Por eso, sostiene, “es donde debemos probar, porque el resto de Galicia se ha ido abandonando estos cultivos que tienen, digamos, menos beneficio que otras cosas como la leche o las hortícolas”. A ello se suma un argumento práctico porque A Limia es también la zona “donde se puede llegar a más población, a más agricultores que estén en este sector, donde se venden también más productos fitosanitarios y donde se cosecha más grano”.

Encuentro con agricultores.
Encuentro con agricultores. | Cedida

Veinte años de ensayos

Si bien los ensayos en A Limia llevan unos años, el proyecto tiene un recorrido mayor. “Yo entré aquí desde el 2004 y el proyecto ya había empezado”, recuerda Urquijo. Durante este tiempo, los ensayos cambiaron varias veces de ubicación. “Hubo años que se hacía aquí en A Coruña, en Mabegondo, donde tenemos el centro de investigaciones, hubo algunos años en A Pobra de Brollón y bueno, ya definitivamente los últimos años se empezó a hacer en A Limia”.

“A Limia es la zona más profesional porque es donde hay concentración y están las fincas más grandes de Galicia”

El motivo de fijar finalmente la sede en A Limia tiene que ver con la propia diversidad climática de Galicia. “Aunque a nosotros nos queda muy lejos,como al final las zonas agroclimáticas son tan diferentes, pues allí es donde los agricultores tienen sus parcelas y donde conocen bien el terreno”, explica. Y añade una razón de peso al recordar que, “si lo hacemos en zonas muy diferentes, no les va a interesar y no vendrían a verlas. Por eso ahora decidimos empezar a hacerlas estos últimos años todas en A Limia”.

Acogida notable

La respuesta del sector ha sido, según el investigador, muy positiva. “A las jornadas que tuvimos el año anterior y este año han ido entre 45 y 55 personas”, apunta Urquijo, “y hay bastante buena aceptación”. Por el momento, los ensayos se centran en trigos de invierno y centenos híbridos, pero el equipo de Mabegondo ya mira más allá. “Tenemos la previsión de meter algunos nuevos cultivos, algunos de primavera, el triticale o incluso cebadas de primavera”. El objetivo, señala, es “dar a conocer más variedades, más cultivos distintos”.

Jornada divulgativa celebrada el pasado mes de julio.
Jornada divulgativa celebrada el pasado mes de julio. | Cedida

Así, uno de los cultivos que más interés despierta es el centeno híbrido, especialmente adecuado para suelos de peor calidad. “Siempre ha sido así, tiene una raíz más profunda, más grande, se adapta mejor a suelos más pobres, también de terrenos no tan agrícolas, sino más de medio monte”, explica Urquijo. Por eso, añade que “siempre el centeno se dedica a las zonas un poquitín menos fértiles, pero hoy en día se hacen en zonas agrícolas o zonas a lo mejor un poco peores”. Destaca que “esos centenos híbridos tienen un rendimiento muy alto, incluso, por ejemplo, en la zona donde estamos, más alto que el trigo”.

Las enfermedades

Sobre el trabajo de las casas de semillas para mejorar la sanidad de las nuevas variedades, Urquijo explica que “en la mejora vegetal que hacen las empresas de semillas van introduciendo genes de resistencia de determinadas enfermedades”. Como resultado, “normalmente la mayoría de las semillas nuevas que se meten en la zona son más resistentes a las enfermedades foliares que tienen, por ejemplo, los trigos; normalmente las hojas están más verdes y les atacan menos las enfermedades”.

Pero esa resistencia no es uniforme, y de ahí la necesidad de testar cada variedad en su propio terreno. “Siempre hay alguna diferencia entre algunas variedades y otras, y merece la pena testarlas en la zona porque, a lo mejor, hay alguna variedad que va muy bien en Palencia o en León, aquí va bastante peor o su ciclo fenológico, a lo mejor la floración es más tardía”, advierte el investigador. Esto tiene consecuencias prácticas, en el sentido de que “a lo mejor no compensa tanto sembrarla, porque la gente prefiere plantas que tengan una floración más precoz”. En última instancia, subraya, “los profesionales agricultores son los que determinan cuáles son más interesantes para sus terrenos”.

Al mismo tiempo, la pasada campaña estuvo marcada por las intensas precipitaciones registradas en otoño e invierno. “El ensayo estuvo muy bien, siempre hubo algo de problemas cuando en febrero, con tantas lluvias, había demasiada humedad, demasiada agua en el terreno”, relata Urquijo, “y en algunas zonas se vio todavía un poco de daño”. Aun así, el balance final fue positivo logrando que el trigo se recuperase bien.

Otros, sin embargo, sí sufrieron más con el exceso de agua. “Al centeno no le va tan bien tanto exceso hídrico, le va peor que al trigo; entonces ahí sí que hubo algún problema”, explica. El trigo, en cambio, mostró mayor capacidad de recuperación, “creció bien y el ensayo estaba muy bonito, se desarrollaron bien las plantas a pesar de que fue un año muy lluvioso”.

¿Y el cambio climático?

¿Está el cambio climático dejando huella en estos casi veinte años de ensayos? “Nosotros tampoco medimos eso”, aclara, aunque reconoce una tendencia perceptible. “Sí que hay años en los que quizás se nota un poco más errática la climatología; hay años con grandes secas y otros con una pluviometría demasiado grande, hay mucha diferencia entre unos años y otros”. Esa irregularidad hace que “algunas veces sea difícil adaptarte o elegir qué variedades elegir”.

Toma de muestras en Piñeira Seca.
Toma de muestras en Piñeira Seca. | Cedida

Urquijo insiste en que se trata de “un proyecto de largo recorrido”, en el que “siempre interesa que se conozcan año tras año todas las variedades”. Y recuerda que esta misma filosofía de trabajo se aplica también a otros cultivos clave para Galicia, commo variedades de maíz forrajero, “para que la nueva genética llegue también a Galicia”.

El valor de la cercanía

Más allá de los datos agronómicos, Urquijo destaca el valor humano y profesional que tiene para un investigador participar en este tipo de proyectos sobre el terreno. “A nosotros nos permite conocer de primera mano a los agricultores, saber los problemas que tienen sus parcelas, las variedades que quieren más, los cultivos que siembran más”, explica. Gracias a ello, añade, “conocemos más fielmente cómo se desarrolla esa zona, el interés mayor que tiene un cultivo sobre otro y qué variedades prefieren, si son muy cortas o son muy largas de ciclo”.

Ese contacto directo permite también detectar cuestiones muy concretas y particulares de cada zona. “Vamos viendo problemas puntuales, como que a los trigos que no tienen barbas les ataca más, por ejemplo, el jabalí; entonces esos trigos no les gustan tanto y no los suelen sembrar”, apunta el investigador, quien matiza que “son cosas que dependen de las zonas; a lo mejor en otras no les importan tanto”. Es precisamente esa información de detalle, recalca, la que da sentido al trabajo de Mabegondo en el terreno.

El objetivo final, concluye el investigador, es que los agricultores gallegos no dependan de información de otras zonas para tomar sus decisiones, “sino que ya lo sepan de primera mano y lo puedan testar cerca de donde tienen ellos cultivadas sus plantas”.

Contenido patrocinado

stats