Menchu Baladrón, botica social en el rural ourensano
VIDA
En los entornos rurales, la cruz verde de la farmacia es, a menudo, la primera sirena sanitaria a la que muchos acuden, especialmente en zonas envejecidas. Menchu Baladrón Segura, secretaria de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Farmacéuticos (COF) de Ourense y farmacéutica comunitaria en San Cibrao das Viñas, conoce de primera mano esa realidad. En una provincia donde el 30% de la población supera los 65 años, la labor del farmacéutico ha evolucionado más allá de la mera dispensación de medicamentos. Por eso, a través de iniciativas pioneras como las “Escuelas Rurales de Salud”, Baladrón trata de abordar las barreras digitales o la polimedicación de los mayores, al tiempo que reivindica el papel de la farmacia como un agente social indispensable en la educación sanitaria y el combate de la soledad. Estos puntos se convierten en agentes de máxima confianza para los pacientes y sus profesionales avanzan hacia la prevención y la salud pública de proximidad.
Pregunta. Los farmacéuticos están en la primera línea de la atención sanitaria. Desde su experiencia en el COF de Ourense y en la Farmacia Reboredo, ¿cómo ha evolucionado la confianza del paciente y qué nuevas demandas perciben en el día a día?
Respuesta. La confianza del paciente en la farmacia comunitaria ha evolucionado de forma muy positiva en los últimos años. Cada vez se percibe con mayor claridad que somos profesionales que no nos limitamos a dispensar medicamentos, sino un agente sanitario de proximidad, accesible y confiable. Esto es así especialmente en el medio rural ya que en muchos municipios de nuestra provincia somos el primer punto de atención sanitaria al que acuden los ciudadanos. La capilaridad del sistema farmacéutico en nuestro país es una de sus principales fortalezas. Junto a esto, personalmente creo que desde la pandemia causada por el coronavirus mejoró mucho la percepción social de nuestro colectivo. La farmacia fue declarada servicio esencial y mantuvimos nuestras puertas abiertas todo el tiempo y muy especialmente en los momentos iniciales cuando existían muchas dudas e incertidumbre, acompañando a los ciudadanos en un período crítico.
P. Han puesto en marcha el programa “Escuelas Rurales de Salud a pacientes mayores vulnerables”. ¿Cómo nace este proyecto y qué realidades urgentes se encontraron en la provincia para decidir iniciarlo?
R. Es un proyecto promovido desde el Consejo General de Colegios Farmacéuticos, que secundamos desde el COF de Ourense. Cuatro farmacias de la provincia, situadas en municipios de menos de 30.000 habitantes, impartimos formación sanitaria a pacientes mayores vulnerables y a sus cuidadores. De este modo, cada farmacéutico comunitario de los que participamos en el programa ofrecemos dos charlas. Las Escuelas Rurales de Salud a pacientes mayores vulnerables responden a esa necesidad de reforzar la atención sociosanitaria desde la proximidad, incorporando la educación sanitaria como herramienta clave.
P. ¿Cómo fueron recibidas las primeras sesiones por parte de los asistentes?
R. La acogida está siendo muy positiva. Los pacientes valoran especialmente que se les dedique tiempo para explicarles de forma clara aspectos que muchas veces generan dudas y que en el mostrador de farmacia no tienen siempre ocasión de preguntar como, por ejemplo, cómo medir adecuadamente la tensión o cuestiones sobre interacciones entre medicamentos e, incluso, sobre automedicación. También es muy bien recibida la parte de formación digital, ya que muchos usuarios tienen dificultades con el acceso a aplicaciones sanitarias o a la tarjeta sanitaria electrónica.
P. Este programa se dirige a un sector muy específico. ¿Cuáles son las principales dudas o barreras de salud que le transmiten estos pacientes mayores?
R. Las principales barreras están relacionadas con los tratamientos, especialmente en pacientes polimedicados. Surgen dudas frecuentes sobre posología, interacciones, olvidos de medicación o interpretación de las indicaciones médicas. También hay una barrera importante en el ámbito digital, donde muchos mayores no se sienten seguros utilizando herramientas tecnológicas sanitarias. A esto se suma, en algunos casos, una cierta dificultad para identificar señales de fragilidad o deterioro funcional, algo en lo que la farmacia puede desempeñar un papel de detección precoz muy relevante.
P. El proyecto no sólo se enfoca en el mayor, sino también en su entorno. ¿Qué herramientas de educación sanitaria les ofrecen a los cuidadores?
R. A los cuidadores se les ofrece información específica sobre qué es un paciente vulnerable y qué implica serlo, así como orientación sobre las patologías más frecuentes y sus tratamientos. Pero, sobre todo, se insiste en algo fundamental que podríamos sintetizar en el lema de “cuidar al que cuida”. Desde las oficinas de farmacia que participamos en la iniciativa les ofrecemos herramientas para mejorar la organización de la medicación, reconocer señales de alerta y gestionar mejor la carga que puede suponer el cuidado diario.
P. A veces se asocia la vejez en el entorno rural con la resignación ante la pérdida de autonomía. ¿Cómo se le enseña a un paciente mayor a empoderarse a través del envejecimiento saludable?
R. Queremos transmitir que el envejecimiento puede ser una etapa activa si se adoptan hábitos saludables y se mantiene una actitud de autocuidado. Por eso, incidimos en aspectos como la adherencia terapéutica, la nutrición, la prevención de caídas o el uso adecuado de la medicación, pero también en la importancia de mantenerse informados y participar activamente en su propia salud.
P. Esta iniciativa demuestra que la farmacia rural va mucho más allá de dispensar medicamentos. En este sentido, ¿cómo se han alzado ustedes como una pieza clave para combatir problemáticas como la soledad no deseada?
R. Como he comentado anteriormente, la farmacia es, en muchos casos, el punto sanitario más cercano al ciudadano, en particular en el ámbito rural de nuestra provincia. Pero creo que debe ser también un espacio de confianza. Esa relación continuada con los pacientes nos permite detectar situaciones de aislamiento o vulnerabilidad. En la farmacia creamos entornos en los que las personas mayores no solo reciben información sanitaria, sino también acompañamiento y atención cercana, lo que contribuye a combatir la soledad no deseada.
P. La hemos visto impartiendo charlas a estudiantes de ESO y Bachillerato sobre el uso responsable de medicamentos. A su juicio, ¿falta cultura científica en la sociedad?
R. No hablaría de una falta de cultura científica, sino más bien de la necesidad de impartir educación sanitaria. Con ese objetivo he participado en un programa promovido por la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC) dirigido a estudiantes de 4º de ESO y 1º de Bachillerato para acercarles conocimientos básicos sobre salud y farmacia. Estas charlas han servido para que los jóvenes conozcan mejor el papel del farmacéutico, no solo como dispensador de medicamentos, sino como un profesional sanitario experto en su uso seguro y óptimo. Les explicamos cuestiones prácticas, como qué son los principios activos y los excipientes, cómo leer un prospecto, qué medicamentos requieren receta, los riesgos de la automedicación o las diferencias entre fármacos tan habituales como el ibuprofeno y el paracetamol. Además, abordamos aspectos relacionados con la conservación correcta de los medicamentos, los símbolos que aparecen en los envases o los fármacos que deben mantenerse refrigerados, entre otras cuestiones.
P. Participa activamente en el seguimiento de alertas de farmacovigilancia. ¿Cómo se traslada una alerta técnica al mostrador sin alarmar innecesariamente al paciente de a pie?
R. Todos los medicamentos pueden tener efectos secundarios. Por eso, los prospectos incluyen información sobre posibles reacciones adversas, incluso aquellas que se producen en un número muy reducido de pacientes. Cuando una persona presenta una reacción adversa que puede estar relacionada con un medicamento, los farmacéuticos disponemos de un procedimiento establecido para comunicarlo a los sistemas de farmacovigilancia. Esa información se analiza y contribuye a mejorar el conocimiento sobre la seguridad de los medicamentos. De hecho, una nueva reacción adversa relevante puede incorporarse a futuras actualizaciones del prospecto. Lo que quiero hacer es una llamada a la tranquilidad en este aspecto. No es algo que forme parte de nuestro día a día habitual ya que la gran mayoría de los tratamientos se siguen con normalidad y seguridad. En mi caso particular, después de muchos años de ejercicio profesional, solo he tenido que notificar dos reacciones adversas.
P. Entre las charlas a jóvenes, las Escuelas Rurales para mayores y la labor colegial, tiene una visión global de su sector. ¿Hacia dónde se encamina la profesión en la próxima década y qué servicios esenciales cree que deberían integrarse ya de forma definitiva en las farmacias?
R. El farmacéutico está asumiendo un papel más activo en prevención, salud pública, seguimiento de pacientes crónicos, fomento de la adherencia a los tratamientos (por ejemplo, con programas como el de los Sistemas Personalizados de Dosificación) y educación sanitaria. Considero que en años venideros será clave consolidar estos servicios, así como el acceso a herramientas digitales en farmacia. También será importante seguir fortaleciendo las farmacias rurales porque, en una provincia como 4 Ourense, cumplen un papel fundamental, dado que el 30 % de la población tiene más de 65 años, más de diez puntos por encima de la media nacional.
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