La ourensana Marta Bobo, primera gimnasta olímpica gallega, rememora 1984: “Recuerdo desayunar con Carl Lewis”

De la Rúa do Paseo a la Villa Olímpica de Los Ángeles 84, la trayectoria de Marta Bobo es el relato vivo de una pionera. Con apenas 13 años, cambió el calor de su numerosa familia por la exigencia de Madrid, guiada por una disciplina que mezclaba música, movimiento y una autoexigencia brillante. Primera gimnasta gallega en ser olímpica, Marta no solo sobrevivió a la presión mediática y a las lesiones inoportunas, sino que transformó su pasión en una carrera académica volcada en la igualdad de género y la docencia. Hoy, con la perspectiva que dan los años y el orgullo de ver a sus hijas seguir su estela, desvela los entresijos de una vida dedicada a defender los valores del esfuerzo en un mundo que corre demasiado rápido.

Marta Bobo, una historia de elite y esfuerzo
Marta Bobo, una historia de elite y esfuerzo | 2

Pregunta. ¿Cómo llegó la gimnasia a su vida?

Respuesta. Yo soy de una familia numerosa en Ourense, vivía en la Rúa do Paseo. Cuando yo tenía 6 o 7 años mi madre nos envió a hacer un campamento en el Club 2000 con Aurora Martínez y Antonio Prada en el gimnasio en Ervedelo. A mí me enganchó la gimnasia y ya desde entonces estoy vinculada al Club 2000. Allí fueron los inicios, de la mano de Aurora Martínez y con el grupo de Silvia Alonso, Pino Díaz, Lourdes Grande, Maricruz Cobelas, Pili Cobelas... Realmente a través del Club 2000 y de Aurora Martínez y de Antonio Prada se generó ese boom de la gimnasia en Ourense. En esos momentos en España había tres focos de gimnasia, Madrid, Valladolid y Ourense. Me enganchó la disciplina porque combinaba música, aparatos, expresión y movimiento corporal. En el año 78, Aurora nos llevó a ver un campeonato en Madrid y me quedé prendada. Tan pequeña en aquel viaje a Madrid, viendo gimnastas rusas, búlgaras, incluso españolas, María Jesús Alegre, Susana Mendizábal, que fueron las pioneras en España… Yo dije que quería hacer aquello.

P. Con 13 años se fue para Madrid. Sería un cambio radical…

Tenía 13 años y veo que en Madrid todas las chicas llevan tacones, todas se maquillan… Allí no pude ir a la residencia Blume porque era menor de 16 años

R. El Club 2000 empezó a proyectarse a nivel nacional y yo fui convocada al equipo nacional por Ivanka Tchakarova en el año 80. Había estudiado en el colegio Belén y después en Carmelitas. Ahí me desplazo. En Madrid, claro, ya cambia mi vida absolutamente porque era el año 80 y empiezo a vivir de una forma diferente. Extraño muchísimo la vida familiar. Éramos cinco hermanas, una familia, todos los Arce, que somos veinte primos, Bobo Arce, Bermello Arce, Arce Amor, Delgado Arce. Éramos una familia con mucha relación cotidiana y también por la parte de los Bobo, comíamos, cenábamos, los vinos de fin de semana… Tenía muchísima morriña y viajar a Madrid… Imagínate los trenes en ese momento y lo que tardabas en llegar. Tenía 13 años y veo que en Madrid todas las chicas llevan tacones, todas se maquillan… Allí no pude ir a la residencia Blume porque era menor de 16 años. Entonces me quedé a vivir en casa de una señora en la calle Príncipe de Vergara y allí estaba viviendo otra gimnasta, Sonia Conde, que era una gimnasta de Valladolid y hoy sigue siendo una persona muy importante para mí.

En la Copa del Mundo de Belgrado (1983).
En la Copa del Mundo de Belgrado (1983).

P. ¿Cómo compaginaba los entrenamientos?

R. Tenía bastante apoyo, tengo que decirlo. Mis padres pudieron mandarme a estudiar al San Pablo CEU y me ayudaron. Yo empiezo a faltar mucho a clases, tengo muchos compromisos internacionales, tengo concentraciones, se me facilita bastante la tarea de poder continuar con los estudios, pero bueno, yo también era bastante exigente y tenía un expediente habitualmente brillante, demasiado autoexigente a veces. Compaginar estudios y entrenamiento era hasta cierto punto duro, pero yo tenía esa facilidad. Me movía en motocicleta para poder llegar rápido y aprovechar el tiempo. Y por la noche estudiar y estudiar. El Campeonato del Mundo de Múnich fue el primer evento internacional importante y voy de rebote, pero para mí fue duro, porque estaba clasificada mi hermana, Sonia Conde, pero la seleccionadora decide que está pasada de peso y no la lleva. Entonces me pone a mí de titular 15 días antes. Para mí fue fortísimo, porque yo era muy pequeña, con 15 años, que Sonia se quedase en casa y me pongan a mí de titular. Me estrené en Múnich y de repente, sorpresa, entro en una final y la mejor clasificada de las españolas y paso a la final de mazas y quedó séptima. Entonces hay un boom y a partir de ahí todo cambia. Luego en el 82 llega Ivanka Tchakarova, que era búlgara y trajo a España un proyecto muy interesante. Y entra ya la época que conoce todo el mundo de gimnasia rítmica, que es la época de Emilia Boneva, a partir del año 82. En ese momento hay otra ourensana, que es Pino Díaz, y participamos en el Campeonato de Europa de Noruega. Entonces se dice que la gimnasia rítmica va a ser olímpica.

P. Y llegaron los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84.

Estoy súper agradecida al Comité Olímpico Español porque sé que en aquellos momentos no tenía el respaldo de la Federación Española, lo cual fue duro

R. El 83 fue un año especial. También recuerdo que ahí sí que pudieron acompañarme mis padres. Fue una etapa muy bonita. Un mes antes de ir a Estrasburgo, por una recepción del aro me rompo un metacarpiano, me escayolan el brazo y me dicen que no puedo mover la mano. Y voy de médico en médico llorando, viene mi madre... Parecía que se había terminado, pero confío en el doctor Guillén, que me puso a entrenar escayolada con la otra mano. Al final llegué y fue un campeonato muy bueno, fui décima del mundo y me clasifiqué directamente para los juegos del 84. Tuve que dejar COU por los entrenamientos intensivos. Llegaron los Juegos del 84 con todas sus alteraciones y la presión mediática. Pasado el tiempo pienso en la fortaleza que tiene que tener un deportista para saber inhibirse de todo lo que hay alrededor y tener claro su objetivo. Yo fui a Los Ángeles después de toda la historia que se habían inventado, porque éramos una ourensana, una catalana y dos madrileñas e interesaba demostrar la fuerza que tenían Madrid y Cataluña. En ese momento mis padres lucharon, yo luché y el Comité Olímpico me puso una médico que se responsabilizó de mí durante los Juegos de Los Ángeles y dio garantías de mi participación. Estoy súper agradecida al Comité Olímpico Español porque sé que en aquellos momentos no tenía el respaldo de la Federación Española, lo cual fue duro. Y luego el aire acondicionado, que he visto algunos vídeos del ejercicio de cinta y lo difícil que fue, porque para mí fue el minuto y medio más largo de mi vida, aquello fue un terror. De todas maneras los Juegos fueron una maravilla, recuerdo desayunar con Carl Lewis, el equipo de baloncesto, la selección española y a Samaranch y a Fernando Romay, recuerdo con toda la delegación española lo bien que nos lo pasamos en Disneyland… Recuerdo el vuelo y las guerras de almohadas. Los Juegos se quedan, te impregnan, es una experiencia única independientemente del resultado. Y casualmente, porque la historia lo quiso, coincidió con que nunca una mujer gallega había ido a unos. En ese momento ni era consciente. Luego vinieron otras de las que estoy muy orgullosa, que además han sido alumnas mías de la facultad, me refiero concretamente a Sofía Toro y Tamara Echevoyen, que se convirtieron en las primeras mujeres medallistas gallegas.

En 1895, fotografiada por Schommer.
En 1895, fotografiada por Schommer.

P. ¿Cómo dio el salto a la docencia?

R. Tras los Juegos intenté recuperarme, tuve el campeonato de Europa, de Viena, estuve bien, estuve también en alguna final y ya me enfoqué a terminar COU porque quería acceder a la universidad. Ese año la concentración en verano fue en Cádiz, un calor horrible, y en agosto Santander, fresquito. Empecé a ver cosas un poco extrañas y notaba que no contaban conmigo. Poco antes del Mundial, en una entrevista de Matías Prat y María Escario, me hablan de mi lesión y de qué pena que no pueda participar. A mí no me lo habían comunicado. Desfilé, llevé la bandera con mucho orgullo y vi cómo competían mis compañeras y lograban una medalla de bronce, de lo cual me alegré tremendamente. Ya había entrado en el INEF, pero me invitaron a pasar un mes en Canadá y me quedé 5 años. Allí estudié Educación Física y Salud en la Universidad de Toronto y tenía una vida. En el año 90-91 nos recibió Manuel Fraga y se puso en contacto conmigo Augusto César Lendoiro para crear el proyecto de tecnificación gallego. Empezamos con todo el desarrollo pero duró un año porque no había inversión. Me iba a volver a Canadá pero me ofrecieron una plaza de profesora en A Coruña. Me enamoré de la ciudad, me enamoré y aquí llevo desde entonces. Siempre he seguido vinculada a la rítmica, como juez y entrenadora.

P. Actualmente sus investigaciones se centran en la igualdad de género en el alto rendimiento.

R. Igualdad, sobre todo igualdad. Me preocupa mucho todo lo que está relacionado con mujer, calidad de vida, actividad física y luego mujer y alto rendimiento deportivo. Desde el deporte se forjan creencias, valores ya desde las edades tempranas y las grandes desigualdades en oportunidades que siguen existiendo entre mujeres y hombres. Además, soy defensora absoluta de la rítmica masculina. Tenemos datos y estudios de que realmente la rítmica masculina, tal y como está el modelo en España, es viable, igual que la danza o el patinaje. Después en diferentes proyectos sí que analizamos la situación en Galicia, hay un dato muy importante y preocupante que se sigue reproduciendo cada vez más, que las niñas cuando llegan a la adolescencia y al instituto, abandonan la práctica deportiva y sólo se quedan aquellas que están vinculadas con proyectos de alto nivel o que tienen una fuerte adherencia, mientras que ellos siguen teniendo la oportunidad. Tiene que seguir habiendo oportunidades, seguir habiendo una discriminación positiva hacia la práctica y la competencia. Y después en el alto rendimiento, pues las mujeres en puestos de gestión, de control, en puestos políticos, que tomen decisiones importantes respecto al deporte, en cuanto a campañas y en cuanto a recursos, a profesionalización de la mujer en el deporte, a equiparar sueldos, a equiparar condiciones de vida, de entrenamiento, de disfrute, a respetar situaciones de maternidad, a favorecer la carrera deportiva en condiciones de igualdad.

P. ¿Cómo ha visto cambiar el deporte desde que comenzó su carrera?

R. Muchísimo. Se han transformado los modelos deportivos en la prestación, en la vestimenta, en las normas, en los materiales y es un avance de las ciencias del deporte increíble, de la tecnología, de los procesos de entrenamiento, de la ciencia de la psicología, de la nutrición, de todo lo que acompaña. También estamos en la otra parte del uso de algunos métodos que están muy perseguidos por el Comité Olímpico Internacional y los métodos de doping y toda la normativa. Además, las chicas y los chicos de hoy en día no son los de hace 5 años, ni los de hace 10, ni los de hace 20 y pueden hacer otras cosas y tienen otro potencial. Y como entrenadora pues tienes que saber verlo así como gestora del deporte. Hay cosas que perduran siempre, como son los valores del deporte. Creo que es el único reducto social que queda de sacrificio y esfuerzo, porque la recompensa no es inmediata, es de los pocos sitios en los que hay frustración, en los que tiene que haber compromiso, en el que tiene que haber regularidad, etc. En el que hay que saber esperar la paciencia. Vivimos una sociedad muy rápida y el deporte es un lugar muy bueno para desarrollar o mantener ciertos valores.

Con su hija Candela, también gimnasta.
Con su hija Candela, también gimnasta.

P. Y ya tiene relevo en la familia.

R. En principio mis dos hijas empezaron con la rítmica porque convivían con ella, tanto Candela como Paula. En un momento Paula decide que quiere dejarlo pero Candela sigue.Yo sí que es cierto que por la presión de ser las hijas de Marta Bobo quiero protegerlas, porque a veces los entornos para los “hijos de” no son muy favorables. Yo ya había vivido los sacrificios que conlleva y decidí apoyarlas. Porque los principales patrocinadores de un deportista son sus padres. Candela ha seguido su desarrollo y la verdad es que el año pasado tuvo un año muy bueno y fue subcampeona de España y ahora está ya en primera categoría muy contenta. Ella estudia INEF y Paula estudia Enfermería y está vinculada a la natación sincronizada, que me parece más duro que la rítmica todavía. Muy orgullosa de las dos como madre y después como técnica, pues Candela como gimnasta tiene personalidad en pista, tiene su propio carácter, su forma de hacer, es una gimnasta elegante y que bueno, que aproveche el deporte y que lo disfrute todo el tiempo que ella quiera.

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