Un escultor con alma de poeta

Galicia rural artística

Xosé Nogueiras es un artista autodidacta que encuentra su inspiración en el legado familiar. Se expresa a través de la escultura y la composición poética. Sus obras están atravesadas por el arraigo a las tradiciones seculares de la Galicia rural.

Xosé Nogueiras junto al Buda de su autoría. La pieza data del año 2019
Xosé Nogueiras junto al Buda de su autoría. La pieza data del año 2019 | Evelio Traba

Xosé Nogueiras Santana (Castelaus, Vilar de Santos) es un hombre de setenta años que no se rinde a los mandatos de la edad ni la rutina diaria. Para él, “solo los muertos se jubilan”. Dotado de una sensibilidad especial desde la infancia para trabajar figuras volumétricas, es, además, poeta y pintor en sus horas libres.

De carácter afable y ademanes inquietos, este carpintero y ebanista de profesión es alguien para quien la jubilación no ha sido un periodo sedentario, sino un momento de reinvención y cambio que dedica en buena medida a una pasión que ha constituido el centro secreto de su vida: la creación artística, especialmente la escultura.

Sus obras, elogiadas por amigos y vecinos, están centradas en la memoria familiar y los valores locales de la tradición agro-ganadera de Xinzo de Limia, municipio de Ourense donde nació en 1955. Sus temáticas van, desde aspectos relacionados con utensilios de la vida cotidiana de sus ancestros, bajorrelieves que representan escenas de labranza, hasta imágenes alegóricas a la serenidad y el perdón. Dan fe de ello un Buda sentado con un globo terráqueo entre las manos, y un Sagrado Corazón de Jesús a tamaño natural en el jardín de su casa, ambos esculpidos en sendas moles de granito gallego.

Hay en esas ejecuciones, una rusticidad y una belleza natural que producen admiración en el espectador, un sentir de sobrecogimiento y desconcierto, una invitación a la paz reflexiva y el silencio. Xosé Nogueiras transmite en su plática una necesidad de reencuentro con los saberes perdidos, y una posibilidad de recuperar la vida contemplativa frente a los cantos de sirena de la vida tecnológica.

Quien escucha su relato vital, y está frente a esas obras que no le encargó nadie, redescubre posiblemente esa belleza de la existencia que implica, como diría el maestro Antonio Gala “darle a cada día su propio afán, pero también su propia sonrisa, su propio gozo”.

“Yo aprendí a conversar con el alma de las piedras”, confiesa con una emoción que se queda vibrando en el pensamiento de sus interlocutores. Todo comenzó hacia 1964, cuando el niño Xosé transformó con una lima, la navaja de afeitar de su padre. Esto le valió una reprimenda, pero bien sabía que sólo una punta con semejante capacidad de corte le serviría para tallar su primer proyecto: un Cristo predicador con túnica azul y roja, hablando a sus discípulos en la mañana de Galilea.

Poco tiempo después persistió en su afán y talló una pistola tan realista, que la Guardia Civil revisó la casa de sus padres creyendo que la réplica la había ejecutado a partir de un modelo real, cuando lo cierto es que la había copiado a partir de una fotografía publicada en la prensa. Menudo susto para Xosé y su familia, pero esto, lejos de amedrentarle, le dio nuevos bríos.

Luego vinieron con el tiempo, y su posterior formación en la Escuela de Carpintería y Ebanistería de Vigo A Acelerada, ambiciones mayores, pero sobre todo la persistencia de una obsesión que está en el centro de su obra: dejar un legado familiar, reconstruir la memoria de sus mayores, profundamente impregnada para él de valor sentimental y arraigo a su Castelaos natal. Pero aquí no se detuvo el artista: una vez domada la dureza de las piedras, vino la necesidad de conquistar espacios más sutiles: el espacio de la imagen literaria.

Nogueiras en lo que llama “el santuario de la memoria”.
Nogueiras en lo que llama “el santuario de la memoria”. | Iago Cortón

Fue entonces cuando publicó por la editorial Nuevos Autores de Madrid, Poemas do sentir galego,(2011) piezas líricas que expresan el amor por la humanidad y los aprendizajes vitales de una vida entregada al servicio de los demás. Se trata de una colección de más doscientos poemas entre pequeños y medianos, escritos en gallego, como un tributo al uso íntimo y familiar de la lengua. En esas páginas renacen las labores de labranza, reverberan los crepúsculos de Xinzo, y las fuentes comarcales se derraman con su habitual generosidad.

Su autor cree que cada vez se hace más necesaria la articulación de un arte para y por el Bien. “Primero hay que ser persona, después viene lo demás”, sentencia con un gesto risueño que inconscientemente reproducen sus interlocutores.

Hay que ver su mesa de trabajo a pocos metros de una lareira, con decenas de grandes clásicos entre los que se encuentran Balsac, Cervantes o Tolstoi. Sus cuadernos de hace veinte años, con las hojas y la tinta quemadas por la voracidad del tiempo. Nadie que conoce a Xosé Nogueiras puede quedar indiferente: generosidad y su sapiencia son una energía contagiosa. En legados como el suyo, la Galicia rural vive y respira con espléndida salud.

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