Parada de Ribeira vuelve a bendecir su iglesia tras sufrir una profanación y un robo

SEGUNDO ROBO ESTE AÑO

Parada de Ribeira (Xinzo de Limia) podrá retomar el culto tras sufrir un severo golpe. El obispo ofició un acto de desagravio para purificar la iglesia, profanada hace días por unos ladrones que se llevaron la cruz procesional y robaron las hostias consagradas.

El obispo bendice con el hisopo el templo, en la ceremonia de purificación de este lunes.
El obispo bendice con el hisopo el templo, en la ceremonia de purificación de este lunes.

“Virán posiblemente ás outras, ou estes días ou moi pronto”. Las palabras que el párroco Tomás Delgado pronunció el pasado abril resonaban este lunes con dolor en Parada de Ribeira. La pasada primavera, esta iglesia de Xinzo de Limia sufrió un asalto con cerraduras reventadas que se volvió a reproducir este fin de semana. Pero esta vez el ataque a la fe fue mucho más profundo: robaron cruces y profanaron el sagrario. Este sacrilegio obligó a oficiar un multitudinario rito especial de reparación presidido por el obispo, Leonardo Lemos Montanet.

El asalto consumó la amenaza que flotaba sobre la comarca. En la madrugada del 28 de abril, esta misma iglesia fue uno de los seis templos saqueados en una oleada en A Limia. Entonces, destrozaron puertas y cepillos para llevarse apenas 50 euros. “O malo é o que destrozan”, lamentaba el sacerdote ante unos daños materiales muy superiores al botín.

Esta vez, perpetraron un expolio irremplazable: un cáliz, dos copones y la joya del templo, la cruz procesional de plata del siglo XVIII. Sin embargo, el golpe más duro fue la sustracción de las hostias consagradas, una profanación que el Derecho Canónico considera el grado más grave de sacrilegio, al tratarse del cuerpo de Cristo.

El acto de reparación comenzó con una sentida procesión al aire libre. El obispo Lemos, mostrando su faceta más cercana, se detuvo a estrechar la mano de los feligreses para tejer una red de consuelo en medio de la consternación, contando con la presencia del alcalde de Xinzo, Amador Díaz.

Posteriormente, la imagen más sobrecogedora se vivió en el interior de la iglesia. La hornacina dorada incrustada en el recio muro de piedra mostraba su puerta abierta de par en par y su interior completamente vacío. Hacia ese punto exacto del sacrilegio dirigió el obispo su hisopo, esparciendo agua bendita para limpiar espiritualmente el rastro de la profanación.

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