Laudato si’, el cuidado de la casa común

Gonzalo Sánchez, Ecovigilantes de Franciscanas

Ecovigilantes de Franciscanas
Ecovigilantes de Franciscanas

Han pasado ya más de 10 años (mayo de 2015) de la publicación por el Papa Francisco de la encíclica Laudato si’, llamamiento claro a cuidar la casa común, y cada día es más vigente. Esto se debe, fundamentalmente, a la visión que ofrece de nuestra realidad, que -lamentablemente- sigue de mal en peor en el ámbito de la Ecología Integral. La propuesta del Papa Francisco trasciende el tiempo y se proyecta en el futuro. El Papa Francisco nos recuerda que cuidar la Casa Común, renovar nuestras estructuras eclesiales y vivir la sinodalidad son parte de un mismo llamado: anunciar el Evangelio con alegría y esperanza, haciéndonos cercanos a la vida de las personas y de la naturaleza, pues somos un “todo” en la obra de Dios. 28 son ya los años que Ecovigilantes de Franciscanas cuidan la casa de todos/as.

El Papa Francisco inicia Laudato si’ con un canto de alabanza y gratitud. Retoma las palabras de san Francisco de Asís, el padre del Ecologismo: “Laudato si’, mi’ Signore” -“Alabado seas, mi Señor”-, de este modo, el santo de la fraternidad universal reconocía a todas las criaturas como hermanas y hermanos que reflejan el amor del Creador. Desde ese espíritu, la encíclica invita a mirar el mundo no como un objeto de consumo, sino como una Casa Común que acoge a todos. El Papa señala que la tierra “gime con dolores de parto”, porque está sometida a heridas profundas: contaminación, desechos, cambio climático, pérdida de biodiversidad, deterioro de la calidad de vida humana. Estas heridas afectan de manera especial a los pobres, que son quienes menos responsabilidad tienen en la degradación ambiental. Desde el comienzo, Francisco subraya que el desafío no es sólo ecológico, sino también humano, social y espiritual.

Capítulo 1 Lo que está pasando en nuestra casa (N.º 17-61)

Francisco inicia su reflexión describiendo la situación actual del planeta, como quien observa su propia casa en peligro. No se trata de datos abstractos, sino de realidades que afectan la vida cotidiana de millones de personas. El aire, el agua y el suelo sufren por la acumulación de residuos, por la cultura del descarte y por el uso indiscriminado de plásticos y tóxicos. El clima es un bien común, pero la emisión de gases de efecto invernadero provoca calentamiento, derretimiento de hielos y aumento del nivel del mar, afectando principalmente a los más pobres. Objetivo de Desarrollo Sostenible nº 13 Acción por el Clima.

El tema del agua. (Objetivo de Desarrollo Sostenible nº 6 Agua limpia y Saneamiento: Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible, así como el acceso a saneamiento para todos)

El agua potable es un derecho humano esencial. Sin embargo, millones carecen de acceso seguro y los intereses económicos presionan para privatizar este bien vital. El desperdicio, la contaminación y la escasez amenazan a poblaciones enteras y a ecosistemas frágiles. Ecovigilantes de Franciscanas participan en limpiezas de Ríos y Playas con el Proyecto Libera, Proxecto Ríos y Limpieza Simultánea de Ríos con ADEGA.

Pérdida de biodiversidad (Objetivo de Desarrollo Sostenible nº 15 Vida de ecosistemas terrestres: Proteger, restaurar y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres)

Miles de especies desaparecen cada año, y con ellas se pierde riqueza genética y cultural. Los bosques tropicales, los arrecifes de coral y otros ecosistemas únicos están en riesgo. Cada criatura tiene un valor propio y refleja la sabiduría de Dios. Su desaparición empobrece al mundo y revela la irresponsabilidad humana. Deterioro de la calidad de vida humana El crecimiento desordenado de las ciudades genera hacinamiento, contaminación, inseguridad y falta de espacios comunitarios. La tecnología no siempre mejora la vida si no está orientada al bien común. El estilo consumista provoca vacío interior y una sensación de desarraigo.

Inequidad planetaria

Los países ricos son responsables de gran parte de la contaminación, pero las consecuencias recaen en los más pobres, que tienen menos recursos para adaptarse. La deuda ecológica entre el Norte y el Sur es una realidad que exige justicia.

La debilidad de las reacciones

Aunque existen acuerdos internacionales, su cumplimiento es insuficiente y a menudo dominado por intereses económicos. La política se muestra débil frente a los poderes financieros. Falta decisión para cambiar modelos de producción y consumo.

Diversidad de opiniones

No todos comparten el mismo diagnóstico. Algunos confían en soluciones técnicas y minimizan el problema. Otros creen que la crisis es inventada. Sin embargo, la evidencia científica muestra la gravedad de la situación. El Papa pide un debate honesto, abierto y basado en datos sólidos.

En resumen

El primer capítulo de Laudato si’ es como una radiografía de la Tierra herida y deja de manifiesto que el problema es global, humano y ético. No busca generar miedo, sino despertar responsabilidad en cada uno de nosotros y nosotras.

Reflexión

Ecovigilantes se/nos preguntan:

  1. ¿Qué sentimientos nos produce ver cómo la Tierra sufre contaminación, pérdida de bosques y cambio climático?
  2. ¿De qué manera nuestras decisiones diarias (consumo, basura, transporte…) ayudan o dañan nuestra “casa común”?
  3. ¿Qué acciones concretas podemos asumir junto a nuestras familias o comunidades para cuidar mejor el medio ambiente?

Capítulo 5. Algunas líneas de orientación y acción (N.º 163-201)

El Papa invita a pasar de la reflexión a la acción. Ninguna persona ni institución puede enfrentar sola la crisis ecológica: se requiere un camino común.

Diálogo en la política internacional

El problema ambiental es global y necesita acuerdos globales. Se requiere superar intereses nacionales y apostar por una cooperación internacional que respete el bien común y a los países más vulnerables.

Política nacional y local

Cada gobierno debe legislar y controlar para proteger la casa común, sin someterse a la lógica del corto plazo. La política debe buscar consensos amplios y sostenibles, más allá de los ciclos electorales. Ecovigilantes de Franciscanas pensamos globalmente y actuamos localmente.

Economía y diálogo con la ciencia

La economía debe integrarse con la ética y la ecología. No todo lo técnicamente posible es moralmente aceptable. Es necesario promover energías limpias, reducir la contaminación y garantizar un desarrollo sostenible. La ciencia y la política, en diálogo, pueden ofrecer soluciones concretas. Ecovigilantes proponen las 3RS y la Economía Circular.

Religión y educación

Las religiones aportan una motivación ética y espiritual para cuidar la Tierra. La educación ambiental, en la escuela y en la familia, debe formar en hábitos sencillos: reducir el consumo, reciclar, valorar el agua, respetar la vida. En resumen Francisco llama a un esfuerzo común: diálogo internacional, políticas responsables, economías solidarias, compromiso ciudadano y educación ecológica. Solo así será posible enfrentar la crisis ambiental como una verdadera familia humana.

Reflexión

Ecovigilantes se/nos preguntan:

  1. ¿Qué responsabilidades tienen los gobiernos y las instituciones en el cuidado del planeta?
  2. ¿Cómo podemos —los ciudadanos y las ciudadanas— exigir y colaborar en decisiones justas para la ecología?
  3. ¿Qué significa trabajar juntos como humanidad para enfrentar una crisis que nos afecta a todos y todas?
  4. ¿Qué compromisos estamos dispuesto a asumir —de modo personal— para cuidar la casa común?

Contenido patrocinado

stats