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Sí, verduras. Seguro que es uno de los alimentos de los que huyes, pero no deberías. Comer verduras no tiene por qué ser algo aburrido, sino que la imaginación es aquí tu aliada y puedes combinarlas de mil y una maneras. Ya imaginarás lo buenas que son para tu alimentación, así que no dudes en incorporarlas a tus menús diarios.
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Una de las más reomendadas para la alimentación infantil es un tipo de verdura que aporta mucha fuerza. Exacto, las espinacas. ¿Recuerdas a Popeye, el Marino? Pues exactamente eso le hacen las espinacas también a tu cuerpo. Crudas, en ensalada, cocidas o en revuelto, son una gran fuente de hierro y vitaminas.
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Otra de las imprescindibles es la berenjena. Su sabor y su textura son muy apetecibles, pero lo mejor es que se adapta a un sinfín de recetas. Puedes comerla a la plancha, rebozada en tempura, al horno rellena de carne… Aquí lo importante es que busques la forma en la que más te gusta e incluyas este alimento muy rico en fibra.
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Llega la verdura más “odiada” por los más pequeños y también por muchos adultos. Pero no hay duda de que el brócoli es una de las verduras con mayor aporte de vitaminas. No tienes por qué comerla cocida e insulsa, porque su forma y su sabor se adapta a multitud de recetas. Pruébala con filetes de pollo, por ejemplo…