XORNAL ESCOLAR
Preguntas frecuentes sobre la fiebre infantil
Escola de Familias
En los niños, la mayoría de las veces las convulsiones están desencadenadas por fiebre. Una convulsión febril es una respuesta del cerebro ante la elevación de temperatura. El niño pierde bruscamente la conciencia, el cuerpo puede ponerse rígido y comenzar con sacudidas bruscas de brazos y piernas o quedarse completamente flácido. También es frecuente que la boca esté morada, cerrada con fuerza, como encajada y la mirada perdida. Suele durar menos de 5 minutos. Al final, el niño tiende a dormirse.
La edad de presentación suele ser entre los 6 meses y los 5 años en niños sanos, sin enfermedades de base. Suelen aparecer el primer día de fiebre, antes incluso de que nos demos cuenta que el niño se está poniendo enfermo y generalmente, en el primer pico de fiebre. Los niños con temperaturas altas son más propensos, posiblemente la rapidez en su elevación es el factor más importante, pudiendo ocurrir antes de subir la fiebre o después del pico máximo. Sigue sin estar claro, que el factor desencadenante más importante es el incremento brusco de la temperatura y no la temperatura máxima.
En las convulsiones febriles simples, hablamos en todo momento de niños sanos, que hasta entonces no había presentado ningún problema, que no tienen ninguna infección o inflamación del sistema nervioso central ni problemas metabólicos y que no tienen historia previa de convulsiones sin fiebre y/o epilepsia.
Sí. Son frecuentes, hasta un 5% de los niños las padecen. La causa es desconocida. Los niños con bases genéticas concretas las padezcan de forma más frecuente.
Sí. El riesgo es un 20% mayor cuando existe un hermano con convulsiones febriles y alrededor del 30% si ambos padres y un hermano la padecieron.
Sí, en un tercio de los casos repiten. Después del primer episodio, 1 de cada 3 niños volverá a tener otro.
Sí. En la primera acudirá al hospital para ser valorado por un pediatra que tranquilizará a los padres y determinará la causa de la fiebre. Es importante tener en cuenta que muchas veces, tras la crisis, existe un periodo postcrítico, de somnolencia o decaimiento, que puede durar bastantes minutos y que no es crisis propiamente dicha, sino una especie de “recuperación” de la misma.
No. Las convulsiones tienen buen pronóstico, sin consecuencias en el desarrollo neurológico. Son un proceso benigno y auto limitado. Una convulsión febril no es un criterio de ingreso. Lo normal es dejar al niño en observación en Urgencias durante unas horas para ver que se recupera con normalidad y darle de alta a domicilio. El ingreso está indicado si la convulsión es prolongada, presenta dos convulsiones en menos de 24 horas, convulsiones complejas o ansiedad familiar importante.
Tras una convulsión febril simple, el niño se recupera sin mayor problema en unos minutos, si por el contrario lo veis diferente, más adormilado, decaído o por el contrario irritable, con dolor de cabeza o vómitos, acudir a un servicio de urgencias.
Por muy dramáticas y espectaculares que sean, las convulsiones febriles tienen buen pronóstico y no ocasionan problemas neurológicos posteriores, ni daño cerebral ni aumento del riesgo de epilepsia. Son niños sanos y deben llevar una vida normal.
No. Hay que dar de forma preventiva un antitérmico no reduce el riesgo de convulsionar.
No. La presencia de convulsiones febriles simples no tiene nada que ver con la gravedad del proceso. Pueden convulsionar con un catarro o con una gastroenteritis sin importancia.
Entre los 5 y los 6 años remitirán los episodios.
No hace falta hacer un estudio si cumple todos los criterios de convulsión febril simple.
No es necesario en las convulsiones febriles simples. Será vuestro pediatra quien os informará, os tranquilizará y resolverá todas las dudas.
Ni las medidas físicas, ni la administración de antitérmicos (paracetamol e ibuprofeno en mayores de 6 meses) previenen la aparición. El tratamiento de la fiebre en los niños con convulsiones febriles debe ser igual al de los niños con fiebre que no han sufrido convulsiones.
Las familias no deben angustiarse ni estar pendientes de la temperatura del niño en todo momento. Utilice las dosis habituales de antitérmicos y no lo abrigue en exceso. Los niños con convulsiones febriles no necesitan un tratamiento diferente. Utilizar las dosis habituales de antitérmicos.
-Estar a su lado y si se puede, contabilizar el tiempo.
- Colocar al niño tumbado, de lado, sobre un costado, con la cabeza apoyada en una almohada o una toalla para respirar mejor y lejos de objetos con los que se pueda golpear.
- Colocar la cabeza de lado por si vomita.
- No sujetar al niño, no intentar parar sus movimientos ni bañarle.
- Asegurarse que no tiene ningún objeto en la boca, (chupete, mucosidad), tampoco introducirle nada en la boca y menos tu mano o tu dedo pues podría morderlos.
Nunca se le va a caer la lengua hacia atrás, ni producirle asfixia, lo de “se puede tragar la lengua” es un mito.
- Las convulsiones febriles son breves, suelen durar menos de 2 minutos. En caso de que no ceda, administrar la medicación prescrita. Los medicamentos para las convulsiones son muy efectivos. En el domicilio se recomienda administrar por vía rectal (Diazepam ) y si persiste llamar al servicio de emergencias(112).
Para terminar, decir que las convulsiones febriles tienen buen pronóstico. Después de la convulsión el niño tendrá el mismo estado de salud que antes. Cualquier infección banal que curse con fiebre puede provocarla. En la mayoría de las ocasiones, no se precisa ningún estudio especial.
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