El COB, un náufrago en la isla ante el Palma (83-76)

DERROTA

El equipo ourensano evidenció sus limitaciones en la derrota ante el Palma tras un partido que nunca supo jugar y en el que fue víctima de sus errores

El jugador cobista Smith lanza a canasta durante el partido ante el Palma.
El jugador cobista Smith lanza a canasta durante el partido ante el Palma. | Frederic Pons

Hace frío fuera del Pazo. El COB sigue sin dar con la tecla cuando juega como visitante y lo visto en Mallorca ante el Fibwi Palma sirve como ejemplo. Los ourensanos cayeron 83-76 en un partido triste por el fondo y duro por la forma. Porque los de Moncho López son un equipo de orquesta, no de solistas. Y cuando el estilo no sirve, no se plasma el guion deseado y el juego embarrado toma protagonismo, ahí pierde potencial. El equipo ourensano nunca estuvo cómodo, cometió en algún cuarto más errores que en partidos completos pasados y acusó a ese líder que diga “el balón, a mí” cuando el panorama pintaba negro. Sensación de ocasión perdida para asentarse en esa zona noble. Agria sensación.

El partido fue de cara. Desde el principio se veía que iba a ser raro. El COB encajó pronto un 7-0 de parcial y, tras tiempo muerto, reaccionó metiéndole otro igual al Palma (11-12, m.5). Pero el descontrol era el que controlaba la situación. Okanu ejerció como estilete en unos minutos notables solo ensombrecidos por una innecesaria falta sobre triple final. Un 20-22 para acabar el primer cuarto que ya esbozaba por dónde iban a ir los derroteros.

El segundo no hizo más que confirmarlo. Los fallos en los tiros libres (¡otra vez!) pidieron paso como guinda a una especie de patio de colegio al que, por momentos, le faltó la música de Benny Hill (30-27, m.15). Martín Fernández salió con su valentía habitual. Se alió con Okanu para empezar a sumar aciertos (33-35, m.17), pero el Palma siempre tenía ese As para matar el Tres y agarrarse a un duelo que se fue 40-41 al descanso.

La reanudación invitó a pensar a que hubo “Monchiña” en el vestuario. El COB salió más serio y cogió la máxima renta con +6. Duró lo mismo que un pestañeo. Parcial de 9-0 para los locales, con un Bombino sólido, un Capalbo eléctrico y un Brian Vázquez que empezó a dejarse ver, (52-46, m.25). Pies de barro en el COB.

A estas alturas de la película, era una utopía pensar que el partido se iba a calmar. Los ourensanos tendrían que ganar entre el caos, y eso no les gusta. Entre un poco de uno y una miguita del otro, los cobistas no se descolgaron. Unos tiros libres de Kalscheur, que estaba peor atrás que delante, y un triple de Smith permitieron que se fueran al final del tercer parcial a tiro de dos puntos, 59-57.

Final para olvidar

El momento de la verdad había llegado. Solo había dos caminos por delante: o ganar un duelo feo, fuerte y formal o perderlo dejando una herida de las que escuece. El escurridizo Capalbo seguía haciendo daño a la defensa ourensana, aunque Okanu daba la réplica al otro lado de la pista para mantener el equilibrio (64-64, m.33). Romaro Gill quería compensar sus malos primeros minutos y se dejó notar para poner un 67-68 que le daba la delantera al COB más de 12 minutos después. Y Kalscheur ratificó esa sensación. Parecía que el COB se asentaba justo cuando hacía falta. Pero fue un espejismo. Porque si es verdad eso de que los errores te hacen más fuerte, el COB ayer salió de Palma como el mejor de los culturistas. Cuando la victoria estaba ahí a pesar de los pesares, todas las circunstancias propias y ajenas jugaron a la contra. Romaro Gill fue eliminado por faltas, Bombino mejoró por mucho sus porcentajes de tiros libres y Brian Vázquez parecía Stephen Curry en moreno (78-75, m-39).

Por si fuera poco, el minuto y pico final fue un poema que lejos de acercar al COB en el luminoso, lo terminó por condenar. A un triple de Lisboa sobre la bocina que no tocó aro le siguió uno de Brian Vázquez que entró como un cañón dando al traste con cualquier esperanza cobista y desatando la jarana local. Se acabó. El 83-76 premió al que menos errores cometió en un carrusel de fallos.

El COB, que jugó con la camiseta exclusiva del Magosto, no se puso el traje que se pone en el Pazo. Fuera pierde enteros. La ausencia de un referente que ponga sobre la mesa galones, puntos y hasta un grito de vez en cuando se hace más acusada cuando se coge carretera y manta. Un problema cuando el calendario te obliga a seguir ejerciendo como visitante. Mañana, partido de Copa España en Ibiza a cara o cruz. El domingo, visita a Burgos para medirse con el Tizona en Liga. Tocará corregir y mejorar porque en el horizonte asoman los “cocos” de la competición. Y el Pazo no estará para empujar.

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