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PRIMERA FEB
Duodécima derrota del COB contra uno de los cabezas de la liga y miembro de la aristocracia del baloncesto español, el Estudiantes de Madrid. Sí, el rival menos adecuado para confirmar la recuperación física y mental del equipo ourensano, pero cierto es -o lo pareció- que el equipo de Moncho López vuelve a sentirse equipo. Compitiendo durante la mayor parte del encuentro contra un aspirante al ascenso directo.
Un Moncho López que sigue pagando su penitencia de cinco partidos viendo los toros desde la barrera, dando la alternativa en el banquillo a Diego Gómez la semana pasada y ayer a Xoel Folgueiras. No fue necesario disfrazarlo como “Lobo” o esconderlo tras una canasta. Un trío arbitral más benevolente le permitió situarse en los asientos de prensa. Desde allí, en permanente contacto virtual con sus ayudantes, intentó dirigir el encuentro. Misión siempre complicada y frustrante.
No lo hicieron mal los cachorros tácticos del técnico cobista. Tras un comienzo flojo de los locales, el Estudiantes se adelantó 9-19 en apenas seis minutos y amenazaba tormenta. Joaquín Rodríguez, Jason Granger -base con cuerpo de pívot- y Devin Schmidt disfrutaban en la pista. Romaro Gill jugaba con guantes de vaselina y Sergio Rodríguez salió a pista contra sus excompañeros con el pie izquierdo, promediando falta por minuto.
Ajustaron el quinteto y dieron con la clave para competir. Ogunsipe, Mendikote y Samu aportaron la energía y el rebote necesarios para plantar cara, complementados por fuera con el combo portugués. La defensa general se entonó, el ataque recuperó fluidez y, por momentos, el COB recordó al equipo feliz de 2024. Ogunsipe adelantó a los locales (25-23 en el minuto 11) convirtiendo ya el partido en un duelo igualado.
Krikke cerró la primera parte con un notable 38-36. Sin Gill ni Sergio Rodríguez, con un pésimo 3 de 18 en triples y siete pérdidas de balón, un COB en progresión, aunque nunca en su mejor versión, tuteaba a un Estu de inmenso potencial pero escasa contundencia.
Una tendencia permanente hasta casi el final del partido. El COB volvió a pista con una considerable empanada mental. A los locales les costó encontrar a Moody, muy perseguido por los rivales. En su ausencia, tampoco encontraron más puntos que los de Brito y aportaciones puntuales de Krikke o Lisboa. Quizá se abusó de Ogunsipe, contagiado por la ineficacia de Gill bajo el aro. Entre las virtudes del austriaco no figura la capacidad de mantener en el marcador al equipo, por lo que se vió superado en varios momentos del juego.
Fueron unos minutos de imprecisiones que el Estudiantes, sin gran sensación de superioridad, aprovechó para despegarse por pequeñas diferencias (63-71 en el minuto 35). En apariencia, no mucho para derrotar al COB en un Pazo con ganas de marcha y por encima de los 4.000 espectadores. En realidad, suficiente para vencerle ante su falta de acierto -18 por ciento en triples- y 18 pérdidas de balón.
El ímpetu en el rebote ofensivo de Mendikote -va a canasta como quien corre hacia el touchdown- y los destellos de Brito fueron lo más destacado en los últimos minutos. Tiempo en el que Estudiantes, dirigido por Granger y rematado por Andric o Kravic aseguraron los puntos. Sin lustre, ajustado a guión. Quizá un poco decepcionante para los seguidores colegiales, pero sin duda efectivo.
Una derrota que, resultado y rival aparte, confirma la recuperación de su estilo, el que ya mostró en Menorca. Para recuperación de las victorias, será clave el próximo partido, entre semana, en Morón. Esperemos que no obliguen a Moncho López a verlo desde la Giralda.
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