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Empieza lo más bonito de la liga para el COB
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Con pequeñas dudas al comienzo, buen desarrollo y mucha incertidumbre en los últimos minutos, el partido del COB fue de los que recuperan afición.
En especial de quienes se desanimaron por la sorprendente derrota en Santander o perdieron el hábito tras casi un mes sin degustar baloncesto en directo. Para todos ellos, el equipo de Moncho López hizo méritos para recuperar su fidelidad, tras un emocionante partido contra el Menorca (84-80).
La temporada pasada, la melodía que mejor describió el estilo cobista era la “marcha Radetzky”. El equipo era una orquesta en defensa y ataque, con Moncho von Karajan en frac y a la batuta. En la presente, pese a imperar la misma filosofía, el estilo se asemeja más a una banda de rock. De “heavy metal” para ser más precisos.
Estilo necesario para tumbar a un Menorca con tres pistoleros en el Pazo. Dos de ellos -Cone y Lobo- de los que disparan primero y preguntan después. El tercero, Littelson, de los que ni siquiera se molesta en preguntar.
Entre los tres anotaron 65 de los 80 puntos visitantes. Y Littelson, 36 de esos 65. Las claves del enemigo eran bien conocidas antes del partido; lo difícil, anularlas.
Y más después de un comienzo cobista con dudas en ataque y defensa. Las piezas tardaron unos minutos en ajustarse, siendo bienvenidos los puntos de Kalscheur y las siete pérdidas del Menorca. La salida a pista de Isaac Vázquez y la pantera Okanu imprimieron un doble impulso de energía y velocidad para lograr la primera ventaja, 16-9 en el minuto seis.
Fue en el segundo cuarto cuando Rafa Lisboa tomó, por fin, el timón de la nao. Fuera la melancolía y las dudas. El luso se puso en ‘modo Mundial’ para dirigir, asistir, anotar -lo esperado- y defender -mejor que nunca- y liderar a una falange macedonia en la pista. Inexpugnable en su campo. Mortífera al contragolpe.
La distancia se disparó a 12 puntos -41-29 en el minuto 15- con un COB en pleno despliegue físico. Los de Moncho López corrieron, saltaron, recuperaron balones casi perdidos, empujaron, mordieron… llevaron al límite el reglamento, con rápidas rotaciones y mucho protagonismo entre los jóvenes. El técnico debería pensar en comprarse una chupa de cuero y dejarse melena para estar al nivel.
Este COB de rock duro reventó los tímpanos del Menorca -afectado además por la lesión de rodilla de Pol Figueras apenas comenzado el encuentro- quien recurrió a la defensa en zona y la demoledora puntería de Littelson para no terminar sordo al final de la primera parte, 49-39. Poco premio para semejante despliegue local.
Menorca mantuvo esa zona toda la segunda y se encomendó a San Littelson y a sus apóstoles, Lobo y Cone, en ataque. El COB pareció salvar un pequeño bache en el tercer cuarto, pero el ritmo y la puntería no eran los mismos.
Las faltas personales de Lisboa o Jürgens ofrecieron más minutos a Isaac Vázquez. El ourensano demostró carácter y ambición, asumiendo la presión y preparado para mayores retos. Pero, por jerarquía y experiencia, era el momento idóneo de Lisboa.
El internacional portugués encauzó el partido, 74-66 en el minuto 35. La lesión de Martín Iglesias, una falta antideportiva de Okanu y los puntos del pelma de Littelson lo apretaron a 74-72 en un pestañeo.
Otro triple de Lisboa, dos libres de Kalscheur y un taponazo de jaguar Okanu -82-77- parecían sentenciar a falta de un minuto. El único desliz de Lisboa permitió a Littelson -¡pesao!- anotar y apretar el marcador a 82-80, pero he aquí que el Menorca no supo jugar con el tiempo y las faltas, permitiendo un final menos estresante de lo necesario. Victoria de la redención.
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