El COB saca el rodillo ante el Melilla y sigue intratable en el Pazo (98-75)

SEXTA VICTORIA

El equipo dirigido por Moncho López volvió al Pazo y sumó otra victoria que aporta tranquilidad antes del primer tramo exigente de la temporada

Romaro Gill realiza un mate durante el partido.
Romaro Gill realiza un mate durante el partido. | José Paz

Sexta victoria en los primeros nueve partidos del COB. El equipo entrenado por Moncho López llena el granero para afrontar el duro invierno o, por lo menos, el primer y exigente tramo de la temporada. Una serie de cuatro partidos contra tres candidatos al ascenso -Fuenlabrada, Coruña y Guipúzcoa- y un rival directo en la zona media, el Oviedo.

Por lo que pueda pasar, el club ourensano preparó un mullido colchón, en el que el Melilla del ex Christian Díaz -recibido con mucho cariño por la afición- colaboró con un partido más que confortable. Por momentos, incluso somnoliento para el espectador.

El rival del COB no era, en absoluto, una plantilla mediocre. El Melilla cuenta con buenos y expertos jugadores y dos referentes -el francés Poirier y el estadounidense Heron- quienes, en una mala tarde, te meten 47 puntos. Otra cosa es el contexto y el pésimo momento que sufre este club, acostumbrado a solucionar los problemas deportivos recurriendo a la chequera.

La impotencia visitante no restó los méritos del COB, de vuelta a un Pazo con excepcional ambiente, un mes después del último partido, con la baja de Martín Iglesias y varios compañeros a medio camino entre la enfermería y la cancha (maravillosas ventanas FIBA). Apenas se apreció en el encuentro.

Los cobistas siguieron su guión habitual desde el comienzo. Defensa, rebote y respuesta rápida. Defensa, recuperación y contragolpe. Los primeros tres minutos invitaban a un concurso de triples -5 de las primeras 6 canastas- pero la verdadera competición residía en la defensa. Ahí el COB destruyó y desesperó al Melilla.

En seis minutos se alcanzó la diferencia de 10 (19-9). En nueve se rozaron los 20 (30-11). El COB jugó como un bloque compacto e insuperable en su campo, turnándose Gill y la pantera Okanu en el mermado puesto de pívot sin mayor problema. Ni dos tiempos muertos seguidos del técnico visitante pudieron impedir su destino. A partir del segundo cuarto, la sensación general fue que todos admitían la victoria local y se había terminado el pescado en el Pazo.

La mezcla de defensa ágil y compacta, la rapidez en la transición, la insistencia por el rebote ofensivo y el juego colectivo e inspirado en ataque de los de Moncho López no tuvieron réplica. Las diferencias aumentaron a los 20 puntos (50-30 en el minuto 18) a los 30 (89-59 en el 38) y no fueron a más, porque había menores en las gradas y porque el COB tampoco posee ese instinto asesino.

No hubo mucho más. Fue uno de esos partidos en los que el redactor deja de tomar apuntes mediado el tercer cuarto y la curiosidad se centra en predecir si el ganador alcanzará los 100 puntos o si anotarán todos los integrantes de la plantilla. Ni lo uno ni lo otro. El COB se quedó a una canasta de los tres dígitos y Diogo Seixas a otra de mojar en el encuentro.

Anotaron todos los demás, destacando un Kalscheur (21 puntos) a casi punto por minuto o un McDonnell (14) tan eficaz como desapercibido por el gran público. En el buen nivel general, una vez más se notó el aporte extra de adrenalina del joven trío integrado por Martín Fernández, Isaac Vázquez y el felino Okanu. Se espera por Huguet.

Uno de esos partidos que el Museo de Moncho López podría producir, editar y distribuir esta Navidad como ejemplo de su filosofía de juego. La que convierte a una plantilla, para muchos en esta Liga desconocida e indiferente, en un rival capaz de competir con cualquiera y vender muy cara su derrota.

Se comprobará en las próximas semanas, las últimas de 2025. Después de un comienzo de calendario asequible, tocan tres rivales de zona alta y uno de pretensiones similares a las del COB. Quizá una serie que pueda explicar el puesto real -y las pretensiones justificadas- del equipo en esta Liga.

Pase lo que pase, el granero está casi lleno -se escapó algún saco por el camino- para afrontar sin miedo el duro y crudo invierno.

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