La enseñanza on line

Ayer y hoy he vuelto a tener clase con mis alumnos de los cursos de baloncesto que imparte el Gobierno vasco. Estoy seguro de que lo agradezco yo más que ellos (de eso no tengas duda pesao…), porque me obliga a prepararme exhaustivamente la asignatura y, por lo tanto, a estudiar y ordenar mis ideas. Además, es una manera diferente de compartir cosas de basket y conocer a nuevos entrenadores.

Desde que participo en este formato versión "on line", en vez de hacerlo "en vivo", como antes de la pandemia, la sensación es la misma; antes de cada clase tengo una ilusión máxima y al terminarla, ese sentimiento ha tornado en una especie de desazón.

Y es que esto del coronavirus de marras me está quitando una de las cosas con las que más disfruto en mi vida. Debo reconocer que me encanta enseñar, de hecho mi profesión está directamente relacionada con ello y es ése uno de los motivos por los que me apasiona. Me parece un reto increíble saber utilizar los canales de comunicación necesarios para poder conectar con el alumno; el lenguaje corporal de ambos, el contacto visual y el saber si lo que estás diciendo le está llegando dentro -parece que estoy escribiendo una novela erótica- es la parte más complicada de este trabajo.

El problema es que, con la cuarentena, todo eso ha quedado reducido a varias pantallas diminutas, donde ves las cabecillas de la gente y a otra un poco más grande, que es la principal, dónde compartes el temario. Los micrófonos están apagados y es posible que alguna de las cámaras también. A todo esto hay que sumarle que no todo el mundo tiene la misma calidad de conexión, y claro, si los miras a ellos no ves lo que estás enseñando, a no ser que seas el Dioni.

En definitiva, al terminar las clases te quedas con la misma carilla que Marta López viendo una webinar de Alfonso Merlos y con las dudas de saber si les ha servido para algo todo el trabajo previo, como al Atleti la Champions … (mi amigo Leo me mete mañana una buena por Facebook).

De todos modos, ya me puedo hacer a la idea de que esto va a durar mucho tiempo porque, según he visto hoy en el telediario, en menos de un mes estamos todos confinados a perpetuidad. Siempre nos quedará la satisfacción de que los franceses van a estar peor que nosotros, como en el basket.

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