El tren del COB no se fue, dejaron que se fuera

SEXTA DERROTA

Sexta derrota en siete partidos para el COB, un equipo con bajas, sin refuerzos y que se aleja de lo que podría haber sido

El jugador cobista Rafa Lisboa, con el balón, ante la defensa de Renfroe.
El jugador cobista Rafa Lisboa, con el balón, ante la defensa de Renfroe. | Fuenlabrada

Este partido ya lo hemos visto unas cuantas veces. Demasiadas. Un inicio esperanzador, un nudo ilusionante y un desenlace que mezcla enfado, resignación y un lapidario “lo de siempre”. El COB volvió a perder. Son seis derrotas en los últimos siete partidos ligueros. A un lado, el trabajo y esfuerzo de los jugadores, innegable. En muchos momentos, no solo plantando cara a los nobles de la competición, sino comiéndoles la tostada. En el Pazo y lejos de él. Al otro, que entrado el mes de febrero, con dos lesionados de forma permanente en las últimas semanas, nadie ha movido nada. Por H, por B o por Z. No han reforzado a un equipo que necesitaba armas. Ni siquiera tenían que ser de destrucción masiva, pero armas. Todo lo bueno que se ha hecho se está escapando de entre los dedos. El COB se ha condenado a subir el Everest en manga corta y chanclas, y así es imposible.

Un grupo que lleva al límite al Palencia o dos veces al Fuenlabrada, que se impone al Obradoiro o que le da guerra al Estudiantes y al Coruña mientras la gasolina aguanta, puede y debe pensar en el play off con todas las de ley. Pero sin muñecos, es imposible. El COB no ha ido al mercado a atacar, como podían muchos. Pero lo peor es que tampoco ha ido para defenderse. Las lesiones de larga duración no han encontrado sustitutos, ni temporales ni permanentes. Inmovilismo. Todo en un campo de batalla en el que todos los demás han apostado por mejorar. Con mejor o con peor suerte, pero han jugado sus cartas. A unos les saldrá póker, otros irán de farol. Pero el COB, a día de hoy, no ha salido a jugar ni una sola mano. Cuando el resto va en una dirección y tú en otra…

Ayer fue un más de lo mismo. Poco que reprochar a un grupo que infra-entrena por número y, también, por disponibilidad de instalaciones. Claro que hay fallos que desesperan, por supuesto. Pero no hay que obviar el contexto. Las manos en las rodillas buscando el aire que no llega al comienzo del cuarto parcial son la viva imagen de un depósito vacío. Tener jugadores que pasen de defender a Kasibabu para, la jugada siguiente, marcar a Renfroe puede parecer un plus, pero también es un debe, una explicación empírica de que algo falla. No hay más. No se quiere tener más.

Y si a un equipo cogido con alambres le sumas un tridente arbitral de manos en la cabeza (y en la cartera), la misión se vuelve imposible. Los números cantan, con una diferencia abismal en los tiros libres. Las sensaciones aún fueron peores. El compadreo con los fuenlabreños, para dar de comer aparte. Pero, y hay que volver al mercado, tampoco el COB tiene los jugadores con galones y respeto que puedan pegar una voz cuando toca. Los tuvo y se recuerdan pasados los años, pero ahora no es el caso.

El sábado, ocasión de redimirse. Pero la sensación amarga sobrevuela. El COB no ha perdido el tren, están dejando que lo pierda. Todo el mundo veía el virus, pero nadie ha hecho nada para inyectarle el antídoto a pesar de las alertas. Y tiene pinta de que ya es tarde. Demasiado tarde.

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