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En Galicia trabajan cerca de un centenar de enólgos. Son gallegos en su mayoría y desarrollan su profesión de diversas maneras: en los servicios técnicos de los consejos reguladores, en la plantilla de grandes bodegas, como freelance que prestan sus servicios a varias bodegas, en la admistración pública... La relevancia de esta profesión se ha visto acentuada, sobre todo, en las últimas dos décadas y ha pasado de ser un oficio que se aprendía en una de las ramas de formación profesional, o suplementaba mediante un master otra titulación técnica, como por ejemplo química, a una carrera universitaria. Galicia, con cinco denominaciones de origen y tres universidades, sin embargo se ha quedado al margen, aunque no son pocas las voces que reclaman su implantación en el campus de Ourense de la Universidad de Vigo, por la lógica de ser la Galicia sur el territorio en el que se desarrolla la mayor parte de la viticultura y la vinicultura de nuestro país y la no menos relevante cuestión de que Ourense es el espacio geográfico en el que extienden cuatro de las cinco denominaciones de origen de Galicia.
Esa asignatura pendiente, la de la formación, no es óbice para que el nivel de este colectivo profesional sea altísimo y cuente con una reputación en consonancia que se reconoce en el mundo entero.
Los brujos del vino gallego constituyen un colectivo bien avenido. Desde hace 9 años la mayor parte se han ido integrando en la Asociación Galega de Enólogos que preside Luis Buitrón y de la que es secretario Pablo Estévez. El primero, se maneja fundamentalmente en el ámbito de la Ribeira Sacra. El segundo, es uno de los más reconocidos enólogos del momento gracias a que sus vinos coparon los premios de la DO Ribeiro. Con ellos están Felicísimo Pereira, colleiteiro y enólogo de varias bodegas tanto del Ribeiro como de otras D.O.; o Antonio Méndez Atanes, asesor de bodegas por todo el norte de España y, hasta hace seis meses, presidente de la DO Monterrei.
Otros, como Manuel Castro, Julio Ricarte o Asun Carballo y Katia Álvarez, trabajan para grandes bodegas como la cooperativa Viña Costeira, Virxen das Viñas o Martín Códax, respectivamente.
Un ciento escaso pero que se mueven como si fuesen mil y aunque suelen pasar inadvertidos son responsables en gran medida del éxito de los vinos gallegos.
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