Empieza el estudio, pero ¿cómo estudiar?

Estudiamos para aprender, pero debemos aprender a estudiar

Empieza el estudio, pero ¿cómo estudiar?

Es cierto que "estudiamos para aprender", pero para conseguir este primer objetivo debemos "aprender a estudiar", ambos conceptos se complementan simultáneamente en la medida en que crecemos en el desarrollo cognoscitivo, de forma que un déficit en uno de ellos hace que los dos se vean mutuamente afectados.

Fases del estudio

En efecto, el proceso de "estudiar" implica una estructura conformada por elementos estáticos y procesos dinámicos cognitivos a lo largo de tres fases: 1) fase de preparación para el estudio, 2) fase de codificación de la información, y 3) fase de recuperación y profundización semántica de los contenidos.

La primera fase o de preparación para el estudio comprende dos elementos, que no son menores en importancia: 1) una adecuada ubicación o lugar fijo para el estudio, que se convierta en un elemento familiar para el mismo, y 2) una planificación temporal horaria debidamente predeterminada, aunque adaptable y flexible a las necesidades.

La segunda fase o de codificación está conformada por tres procesos activos: 1) una primera lectura inicial global, que sitúe el tema objetivo del estudio, 2) la activación de los conocimientos previos acerca de dicho tema, cuyo fin es establecer relaciones entre aquellos conceptos que hemos adquirido sobre el tema y la nueva información objetivo, lo cual se convierte, asimismo, en el elemento básico para la motivación intrínseca, y 3) la comprensión del contenido.
En cuanto al proceso de comprensión del contenido del texto, el cual constituye un extracto textual significativo, se ajusta a la siguiente estructura secuencial: 1) una lectura ya en profundidad del texto, realizando al márgen aquellas anotaciones consideradas importantes, 2) la selección de la idea o ideas principales del texto, 3) la selección consecuente de los párrafos o aspectos secundarios que complementan y enriquecen la idea o ideas principales seleccionadas, 4) el proceso de suybrayado de la idea o ideas principales y los párrafos seleccionados, 5) el desarrollo de un esquema o mapa conceptual, y 6) finalmente, la realización de un resumen de las ideas recogidas.

El aspecto básico de esta segunda fase es, pues, seleccionar la idea o ideas principales e ideas secundarias, pero ¿cómo seleccionarlas sin equivocarnos? Es evidente que la selección de los contenido principales depende del análisis de los conocimientos previos existentes, no obstante existen dos claves para llevar a cabo esta selección: 1) desde la perspectiva del autor del texto que, aunque, en ocasiones, dichas ideas principales aparecen implícitas, normalmente, se explicitan en forma de llaves o indicadores, tales como cambios en el tamaño o tipo de letra, señales gráficas (negritas, cursivas, entrecomillados), soportes gráficos complementarios (anotaciones al margen o textos a pie de página), y 2) que desde la perspectiva del lector, se refiere al uso de la técnica de la autointerrogación sobre la base de las anotaciones realizada al margen a lo largo de la lectura en profundidad.
Solo entonces y no antes, estamos en disposición de proceder al subrayado de la/s idea/s principal/es seleccionadas, así como señalar, por ejemplo, entre paréntesis, los fragmentos complementarios o ideas secundarias, que enriquecen el contenido principal.

La elaboración de todos los aspectos anteriormente indicados permite: 1) el desarrollo de un esquema, o bien un mapa conceptual sobre el contenido trabajado, y 2) la realización de un resumen consecuente acerca del mismo.
Los esquemas, de los cuales cabe destacar, entre otros, lo esquemas de sangrado, de llaves o de barras, facilitan la organización debidamente jerarquizada de la información, siguiendo un orden establecido de mayor a menor entidad conceptual.
Los mapas conceptuales, por su parte, son, igualmente, señales o indicadores visuales de las unidades conceptuales, enlazadas mediante líneas o flechas que las relacionan.

A partir del esquema o mapa conceptual, es posible elaborar un resumen del contenido, el cual consiste en unir las ideas seleccionadas anteriormente de forma narrativa, realizado con nuestras propias palabras, favoreciendo un formato propio.
La tercera y última fase está constituida por el proceso de recuperación de la información, en el cual la memoria de trabajo ejerce una labor principal de mediación en relación con el contenido codificado en la memoria permanente, que cumple dos finalidades básicas: 1) recuperar la información codificada, y, 2) profundizar dichos conceptos en niveles semánticos de cada vez mayor profundidad. Este proceso se desarrolla a partir de las señales o signos gráfico- visuales, expresados en el esquema desarrollado, a través del cual, la memoria de trabajo facilita el acceso o recuerdo de la información narrativa (resumen) codificado y, al hacerlo así, por medio del repaso, ésta adquiere cada vez mayores niveles de profundidad significativa en la memoria permanente, donde permanecerán las huellas de aprendizaje, siguiendo un proceso circular.