Jorge Vázquez
SENDA 0011
El trabajador aumentado por IA
En las últimas semanas, por razones que no voy a explicar aquí ya que no vienen a cuento ahora, he vuelto a ver unas cuantas películas antiguas entre las que estaban por ejemplo "La Diligencia", "Dos cabalgan juntos", "Vive como quieras", "Con faldas y a lo loco" y algunos clásicos más del cine de esos tipos John Ford, Frank Capra, Billy Wilder, etc., que hicieron del cine la maravilla que es. O la maravilla que entendemos hoy, tal como la entendemos hoy.
El caso es que a medida que las veía día tras día, las comentaba después con amigos a los que también les gusta ese cine de los años cuarenta y cincuenta. Yo no sé si ustedes se habrán fijado, pero en las películas de John Ford los malos son siempre los buenos y los buenos son siempre los malos. Es una especie de juego de apariencias. Y aunque esto ocurre en todas sus películas, el ejemplo perfecto es "La Diligencia".
En "La Diligencia" los buenos son un médico borracho (Thomas Mitchell), una prostituta (Claire Trevor), un fugado de la justicia (John Wayne), un vendedor de whisky (Donald Meek), un exconfederado tahúr (John Carradine), un idiota casi subnormal (Andy Devine) y algunos personajes más, todos parecidos a los citados antes e igualmente patéticos supongamos, si es que hay que llamarlos algo. ¿Patéticos? No sé. No lo parecen.
En las películas de John Ford, y también en las de Frank Capra por cierto, los personajes buenos de verdad siempre son los perdedores. Los que menos tienen. Los miserables. Los rechazados. Los pobres.
Los malos en cambio son, seguimos en "La Diligencia" no se olviden, un grupo de señoras de "La Liga de la Decencia y Buenas Costumbres" o algo así que ya no lo recuerdo, y un banquero (Berton Churchill). ¡Genial! Cuando en la película las cosas se ponen difíciles con el ataque de los apaches a la diligencia todos se juegan la vida y lo que sea por los demás... excepto el banquero que sigue amarrado todo el rato a su maldito maletín en el que lleva la pasta que ha robado a cientos de currantes e inversores durante años. ¡Uau! ¿Era una premonición?
Pues yo creo que sí. Creo que "La Diligencia", una película de 1939 (aquí estábamos entonces acabando la guerra), era una premonición y sigue hablando de nosotros aun hoy. Sus imágenes en un brutal y precioso blanco y negro, y su guión inolvidable que parece que se hubiera escrito en el cielo, habla de nosotros aunque eso quizá no nos guste demasiado. Habla de la valentía, de la cobardía, del honor, de la verdad. O sea, de nosotros como dije.
Los buenos son los de siempre y los malos son los de siempre. ¡Hay que fastidiarse! A mi John Ford me recuerda mucho a Chesterton. Lean entonces a Chesterton y tal vez así entiendan mejor a John Ford. Yo lo he hecho y he aprendido bastante. ¡Salud, amigos!
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