Enrique Tejera, nieto de O Aviador de A Peroxa: “Para mí era como una especie de Indiana Jones”
TRAS 51 AÑOS
Germán Varela, “uno de los profesionales más importantes de la aviación civil española”, se despedía de su pasión a gran altitud en 1975. La Región lo entrevistó en septiembre de aquel año a raíz de su jubilación, tras 42.000 horas de vuelo, una historia que hoy luce en el restaurante de su nieto.
Hay vivencias que se transmiten de generación en generación y se inmortalizan a través de la mirada de un periodista. Para Enrique Tejada, aquella entrevista realizada a su abuelo materno, O Aviador de A Peroxa, es mucho más que un recorte de La Región que hoy cuelga de la pared de su negocio. Este artículo simboliza, negro sobre blanco, una prueba más de la aventura vital de su abuelo que escuchó narrar desde niño en muchas reuniones familiares.
Mientras La Región hacía llegar sus historias al otro lado del Atlántico en la bodega de un avión, Germán Varela sobrevolaba esas mismas aguas, protagonizando nuevos relatos. Un sinfín de viajes, situaciones límite y andanzas cruzando el mundo. “Para mí era como una especie de Indiana Jones”, describe. Una admiración que se respira en su hamburguesería, montada como un homenaje al que siempre fue su héroe.
Durante su crianza estuvieron muy unidos y lo considera “una gran escuela de vida”. Entre los recuerdos destaca algunos episodios especialmente complicados. Por ejemplo, rememora Enrique, cuando cruzando el Atlántico su abuelo se quedó sin un motor o aquella vez que atravesó una tormenta tropical en alguna zona de Sudamérica. Anécdotas que, con el paso del tiempo, contribuyeron a forjar la imagen de aquel piloto que parecía haber vivido una vida de película y que hoy inspira a su nieto al frente de O Aviador.
Una pasión de abuelo y nieto
Germán Varela inició su carrera a los mandos de aviones de hélice y posteriormente pasó a los de reactor. “Por encima de todo amaba volar; para él era totalmente vocacional”, explica Enrique. Lo resumía con una frase que aún recuerda: “¡Yo pagaría por volar, vamos!”. Un amor que, según su nieto, no habría abandonado por voluntad propia. “Yo creo que no se jubilaría si le hubieran dejado”.
Su ilusión por volar convivía con una forma de entender la vida mucho más sencilla. Después de recorrer distintos países y pasar buena parte de su trayectoria entre aeropuertos, encontraba también su sitio en los pequeños placeres cotidianos. Era feliz tanto sobrevolando Nueva York como en su casa cerca de A Peroxa acompañado siempre, eso sí, “de un buen vino con un poco de jamón y queso”.
Cuando probó las hamburguesas por primera vez en Nueva York en los años cincuenta, lo primero que pensó fue en cómo estarían con carne gallega"
En esta ciudad de Estados Unidos, Varela tuvo uno de esos encuentros que, décadas después, acabarían teniendo un significado especial. Allí probó una hamburguesa por primera vez, en los años cincuenta. Le llamó la atención aquel plato americano, que aún no era habitual en su tierra, y pensó en cómo sería si se preparase con carne de vaca gallega. Enrique recuerda escuchar esta ocurrencia de niño, igual que tantas otras historias de los viajes de su abuelo, sin imaginar entonces que algún día acabaría apostando por la burguer americana de carne de la tierra.
Guiado por su admiración, su primer trabajo fue auxiliar de tierra y posteriormente estuvo como tripulante de cabina, aunque también pasó por otros oficios, como la venta de coches o el trabajo de guía turístico. “A veces no quedaba otra que reciclarse”, justifica. Después de casi cuatro años viviendo en el extranjero, regresó a Galicia con las ganas de volver a casa y con una parte de aquella historia familiar todavía presente.
Un legado vivo en O Aviador
Cuando decidió abrir su negocio, retomó la idea de su abuelo y también lo hizo el apodo con el era conocido en A Peroxa, O Aviador. Un nombre que reunía sus dos pasiones, los aviones y su tierra natal.
Su espíritu aventurero se constata también en la colección de objetos que su nieto conserva como parte de su legado. Su gorra, las gafas, la licencia de vuelo y distintas insignias permiten poner rostro y memoria a una trayectoria destacada. Además, la entrevista de La Región en 1975 permite recuperar la voz de Germán medio siglo después. La esencia de O Aviador, en As Caldas, sigue despertando la curiosidad de sus clientes por conocer la historia del hombre que le da nombre.
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