Germán Mateo, barcelonés: “Sobrado forma parte de mi vida, de mis recuerdos y de quien soy. Para mí es volver a casa”

REGRESO POR VERANO

Germán con su nieto Río.
Germán con su nieto Río.

Aunque él ya ha nacido en Barcelona, no ha faltado nunca a sus veranos en Sobrado de Trives, de donde eran sus padres. Ahora este taxista jubilado disfruta de sus recuerdos de infancia de la mano de su nieto Río correteando por las calles de este pequeño pueblo trivés. Poder ver que su amor por el pueblo sigue en sus hijos, es su mayor orgullo.

Pregunta. ¿Qué significa para usted poder venir casi año tras año a Sobrado?

Respuesta. Para mí significa volver a casa. Sobrado de Trives forma parte de mi vida, de mis recuerdos y de quien soy. Aquí pasé muchos veranos desde pequeño y volver cada año es una manera de reencontrarme con mis raíces, con los lugares de siempre y, sobre todo, con esa tranquilidad que solo encuentro aquí, y ahora recién jubilado aún más.

P. Más ahora, con hijos y nietos, ¿le gustaría que se enamoraran como usted de este territorio?

R. Sin ninguna duda. Me encantaría que mis hijos y mis nietos sintieran por esta tierra aunque fuera una pequeña parte de lo que siento yo. Que conozcan sus caminos, sus montañas, sus pueblos y sus tradiciones, pero sobre todo que tengan aquí sus propios recuerdos. Al final, eso es lo más bonito: poder transmitirles una parte de tu historia y que ellos la hagan suya.

P. ¿Actúa la morriña?

R. Sí, la morriña tiene mucho que ver. Hay algo que te llama cuando has crecido aquí cada verano. Puedes estar lejos, pero cuando llega el verano sientes la necesidad de volver, de ver a la familia. También está el paisaje, el aire, la tranquilidad… pero creo que, por encima de todo, está esa sensación de volver a un lugar que forma parte de ti.

P. ¿Cómo definiría las vacaciones en Sobrado?

R. Son unas vacaciones para desconectar de verdad. Aquí bajo el ritmo, disfruto de las cosas sencillas y tengo tiempo para estar con la familia, pasear, hablar y disfrutar del entorno. Me aportan tranquilidad y, sobre todo, la sensación de estar donde quiero estar.

P. ¿Qué es lo mejor de esta tierra?

R. Sin duda, su naturaleza y su gente. La montaña, los paisajes, el aire limpio, los pequeños pueblos… pero también la forma de vivir y de relacionarse. Aquí todavía se disfruta de cosas que en otros lugares hemos ido perdiendo: sentarse a hablar, saludar a los vecinos, disfrutar de una comida en familia o simplemente salir a caminar sin mirar el reloj.

P. ¿Y lo peor?

R. Quizás la despoblación y la falta de oportunidades para los más jóvenes. Es una pena ver cómo muchos pueblos van perdiendo habitantes y cómo algunas casas que antes estaban llenas de vida permanecen cerradas durante buena parte del año. Creo que sería importante conseguir que la gente joven pueda quedarse o volver y que estos pueblos mantengan la vida que tuvieron.

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