El mito de las suecas y los suecos

MORRIÑA.COM

Publicado: 12 ago 2026 - 04:40
La Región

Se me ha caído el mito de las suecas por varias razones. Primero porque he comprobado que también hay suecas morenas y bajitas; que no son todas tan rubias y esbeltas como nos vendieron en el tardo y postfranquismo de la Transición. Para mí que era todo un cuento del landismo, como aquel “vente pa España, Pepe” con el que la emigración y el destape configuraban la vida y los sueños de los españolitos de entonces. Estocolmo, a pesar de ser nórdica y báltica, es una ciudad muy europea que ya no es un espejo de belleza y erotismo. La capital de Suecia es la firme demostración de que el calentamiento global del cambio climático no está provocado por las suecas porque ha desaparecido la legendaria leyenda de su hermosa perfección. No es que de repente seamos todos negacionistas de la excelencia femenina en la que se miraba la sociedad española de entonces. Pero tropezarse en un hotel multirracial con el asalto marroquí a la ciudad española de Ceuta, presente en las portadas de los periódicos, impacta e indica que algunos están perdiendo la batalla de la realidad virtual que nos venden de fronteras para dentro. Cada vez se ven más migraciones masivas y menos bellezas rubias de ojazos azules, tanto hombres como mujeres, de más de 1,80 y cuerpo atlético esculpido en la frialdad de los fiordos y bronceados en el Benidorm de Alfredo Landa y los Ozores.

Si, es cierto, se me ha caído el mito de las suecas y los suecos

En el museo del nobel, un pintor británico afincado en Suecia chapurreó una crítica feroz a la permisividad gubernamental española por poner en peligro con el efecto llamada la integridad territorial europea. La gente estaba enteradísima de la dejación de funciones y del peligro que entraña la invasión magrebí para la vieja Europa. Incluso el pintor sugería que Ceuta y Melilla son un problema para la UE, lo cual dicho por un inglés que se olvida de Gibraltar tiene el valor que tiene. Pero realmente, no terminamos de ser conscientes de la falta de prestigio internacional de España tras acontecimientos inexplicables de nuestra política exterior, siempre supeditada a los intereses personales de un poder espurio que nunca da explicaciones de sus negligencias continuas.

Si, es cierto, se me ha caído el mito de las suecas y los suecos, que reniegan de su marca de lujo Volvo, y viven, junto a una monarquía lúgubre, del recuerdo de Pippi Calzaslargas y la banda sonora de Abba. Ni las pequeñitas albóndigas de Ikea consiguen saciar el hambre de explicaciones de una Europa perpleja por la actitud de un presidente español de vacaciones mientras juega a la rabieta con Meloni, mucho más centrada en la verdad y la realidad de una migración descontrolada que obedece a intereses políticos de este sanchismo despendolado y del sátrapa multimillonario Mohamed VI en busca de su final mundialista. El mito de las suecas apenas es ya un vago recuerdo de otro tiempo, cuando España no era víctima del populismo egoísta de un poder dispuesto siempre al engaño del pueblo y al dopaje electoral. Vamos, que el de la Mareta se hace el sueco con Ceuta, la corrupción y todo lo demás.

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