La Romaría da Saínza revive la historia y despide el verano
ROMERÍA
La batalla entre moros y cristianos fue el preludio de una jornada festiva en la que hasta brilló el sol
La época estival no dice adiós en Ourense hasta la Romaría da Saínza, un evento que combina tradición e historia y que puso el broche de oro a tres meses de gran actividad en la provincia.
Una celebración que en cada edición reúne, como ayer, a miles de personas, fieles tanto de Nosa Señora da Mercé como de una fiesta que convierte a Rairiz de Veiga en la capital ourensana por un día. El momento más esperado del día fue su gran combate entre moros y cristianos, antesala de una larga jornada en la que nunca faltan ni la comida ni la música.
El domingo arrancó con la procesión de la Virxe da Mercé desde la iglesia de San Xoán, con el delegado territorial de la Xunta, Manuel Pardo; el subdelegado del Gobierno; Eladio Santos; el presidente provincial, Luis Menor, y la alcaldesa, Asunción Morgade, a la cabeza, así como el resto de autoridades y regidores de A Limia, que acompañan siempre una celebración muy sentida en toda la comarca.
Con la figura de la Virgen ya sobre el campo donde se ubica el Castelo da Saínza, antes del inicio de la batalla campal se celebró la misa solemne. La lluvia de las jornadas pasadas prolongó su tregua con la Saínza, ya que no hizo acto de presencia en ninguno de los momentos más importantes, y ayer no fue una excepción. Mientras duraba el oficio, los cristianos esperaban pacientemente su momento, lucían sus caballos y preparaban sus cañones con la vista puesta en el Castelo, donde el rey moro permanecía atrincherado tras el éxito del asalto de sus tropas a la fortificación, la noche anterior.
Las hostilidades que se presagiaban dieron por fin inicio con el robo del estandarte cristiano por parte de los moros, lo que precipitó todo. Una vez más, los cristianos se encomendaron a la Virxe da Mercé, que los guió a la victoria tras una hora de espectacular batalla con varios actos, y que hizo las delicias de todos los presentes.
Justo a su conclusión, el sol salió con fuerza, se lanzaron fuegos artificiales y el narrador de la batalla se despidió, no sin antes recordar: “De hoxe nun ano… viva a Romaría da Saínza!”.
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