Vacaciones a dos metros de distancia

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Mientras en el litoral buscan soluciones para evitar la aglomeración en las playas, la Galicia interior presenta una oferta alternativa alejada de las grandes concentraciones

Las playas estudian cómo evitar aglomeraciones (JV LANDÍN).
Las playas estudian cómo evitar aglomeraciones (JV LANDÍN).

Playas a menos de un tercio de su ocupación habitual. Pequeñas actuaciones en espacios abiertos. Fiestas con “numerus clausus”… hoteles que promueven el turismo familiar frente al de los grandes grupos y una sensación generalizada de que todo estará bajo vigilancia. Así se presenta el verano de 2020, el más extraño de la historia contemporánea, si exceptuamos el de 1816, cuando no hubo verano por la explosión del volcán Tambora el año anterior. La crisis sanitaria ha dado carpetazo, a menos por el momento al turismo de masas, no solo en España, también en el resto de Europa. Es una mala noticia para núcleos turísticos clásicos como Sanxenxo, Baiona, incluso para Santiago de Compostela. Pero no tan mala para otros en los que predominan los grandes espacios abiertos en los que la distancia personal es posible, aunque haya una gran afluencia de visitantes.

El verano de 2020 no va a ser igual para nadie y mucho menos para las playas gallegas. Un millar de arenales tan heterogéneos en tamaño como en accesos y unas competencias que están en manos de los municipios en los que se encuentran ubicadas hacen difícil crear una norma general para todas. El modelo propuesto por la Xunta, de crear una aplicación para el control de cita previa como existe en la playa de las Catedrales no ha cuajado. Además de la inviabilidad de control en aquellas que tienen múltiples accesos, la aplicación da ventaja a quienes disponen de medios digitales y margina al resto de los usuarios. Por último, está la difícil situación en la que se supone que se encontrarán los municipios si tienen que asumir ellos las labores de control en sus propias playas. Desde algunos municipios esperan que se cree una norma general que sea común para todos y que se habiliten los medios para su aplicación, “ya que se trata de circunstancias excepcionales que afectan a todas las playas de España”.

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Mientras sigue reinando la incertidumbre, desde los municipios costeros de Galicia están atentos a las propuestas que se manejan en otros puntos. Por ejemplo, el sistema portugués, de semáforos en las playas que indican el grado de ocupación: verde para cuando se encuentra a menos de un tercio de su aforo; naranja, si están a menos de dos tercios, y rojo cuando ya está el aforo completo. Son larguísimos arenales, muchos de ellos kilométricos, en la costa atlántica, desde Caminha hasta el Algarve, pero al encontrarse todos en mar abierto, además del aforo, con una distancia mínima de dos metros entre usuarios, salvo que sean de la misma familia, pesa sobre ellos las condiciones de seguridad relativas al viento y el estado de la mar. Como medida alternativa, con el fin de que nunca lleguen a alcanzar su máxima capacidad, nuestros vecinos portugueses han puesto un límite que filtra la entrada de los bañistas antes de entrar en la arena: solo se podrá aparcar en los estacionamientos habilitados para tal fin, lo que reduce el número de bañistas a la capacidad de los estacionamientos cercanos a las playas. Las autocaravanas no podrán emplazarse en esos estacionamientos ni tampoco en los arcenes de carreteras y caminos cercanos a las playas, una prohibición que se extiende al resto de los vehículos de motor.

En Andalucía ya manejan como primer criterio, la rotación de los bañistas, limitando a cuatro horas el tiempo de acceso a la playa por persona, de manera que se pueda compensar el menor número de plazas posibles con varios turnos diarios.

Hoteles y camping esperan poder iniciar la campaña en la segunda quincena de junio. Algunos establecimientos ya tienen abiertas las reservas a partir del 15 de junio en sus respectivas páginas web, como sucede con el camping Cañón do Sil, en Parada do Sil o a partir del domingo siguiente, el día 21 como el Parador de Baiona.

Los grandes buscadores de ofertas hoteleras, como Trivago o Booking, ofrecen una amplia oferta para todo tipo de destinos nacionales, partiendo de la hipótesis de que en estas próximas vacaciones, van predominar los viajes domésticos. Es decir, las vacaciones dentro del propio territorio nacional o, a falta de opciones más ambiciosas, pequeñas escapadas de fin de semana. Esta última es la esperanza de muchos hoteles de cuatro a cinco estrellas en ciudades como Madrid, con ofertas tentadoras de habitaciones dobles con baño en fin de semana y desayuno buffet incluido, por menos de cien euros la noche y en solo alojamiento, a partir de setenta euros, en hoteles céntricos de cuatro estrellas, como el Riu Plaza, en la plaza de España, por 81 euros la noche para dos personas, o Conde Duque, por 80.

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El interior vende su imagen más saludable

La que sí mantiene sus precios es la hostelería rural en Galicia. Casas de turismo rural, pequeños hoteles con encanto y alojamientos turísticos. Y lo cierto es que el turismo de los paisajes de interior se apunta como una gran alternativa. La alta densidad de veraneantes en la costa no parece presentarse como una opción posible en estos momentos y hay una tendencia que se está observando en los buscadores de alojamiento, de rastrear alternativas en otras localizaciones menos transitadas. La Ribeira Sacra, la montaña ourensana, el parque nacional de la Baixa Limia-Xurés, con sus propuestas de turismo activo, gastronomía, amplia oferta de rutas de senderismo y pequeños hoteles están en el punto de mira de quienes buscan nuevas opciones para un ocio que se aleje del mundanal ruido y que ofrezca la percepción de mayor seguridad frente al covid-19. La gran difusión mediática que había experimentado la Ribeira Sacra en los meses anteriores al comienzo de la crisis sanitaria comienza a generar sus primeros réditos.

BALNEARIOS

Los balnearios ya cuentan con un plan de contingencia para la prevención del covid-19, Elaborado por el Comité de Técnicos constituido por el Instituto para la Calidad Turística Española (ICTE) en colaboración con la Asociación Nacional de Balnearios (ANBAL), que les permitirá afrontar una campaña de 2020 que ya tenía que haber comenzado con los turnos dedicados al IMSERSO en buena parte de sus establecimientos y cuya temporada alta arranca a partir de las últimas semanas de junio. Actualmente, salvo aquellos centros que han colaborado como alojamiento para personal sanitario y de servicios esenciales, los balnearios gallegos, como el resto de los españoles se encuentran cerrados. En el plan de contingencia que se les exige previa a su apertura se incluye la creación de un comité de seguridad y salud y una planificación de las actividades que se desarrollan para que se puedan cumplir las normas de distancia personal de seguridad tanto con los usuarios como con el personal que deberá de actuar con equipos de protección personal, especialmente en el área de tratamientos, en la que no es posible asegurar una distancia mínima de seguridad entre el agüista y el personal y, de momento, no se abrirán servicios de aerosoles y nebulizaciones para el tratamiento de las vías respiratorias.

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LAS FIESTAS

La gran incógnita gira todavía en torno a las fiestas populares, algunas de ellas con una altísima densidad de asistentes. No existen protocolos generales para su desarrollo y los concellos, que son los que tienen en su mano la celebración o no, se muestran muy cautos. Las que se refieren a las primeras semanas del verano, como las hogueras de San Juan con sus populares sardinadas o la fiesta del Pan de Cea, han quedado suspendidas. Pero las que tienen sus fechas en el calendario del mes de agosto siguen todavía en el aire. José Manuel Dacal, concejal de turismo de O Carballiño, cree que todavía es prematuro hablar de la Festa do Pulpo y de cómo se va a celebrar, ya que en la mente no está suspenderla. “Pero si se celebra, no será, desde luego como hasta ahora”. Dacal es partidario de adaptar la programación de fiestas a las nuevas circunstancias, buscando siempre actuaciones al aire libre, con aforo más limitado, y fiestas que lejos de concentrarse en una jornada, puedan desarrollarse a lo largo de varios días. “Todo va a depender de cómo evolucionen las cosas a lo largo de las próximas semanas, pero está claro que no será igual que en 2019”, añade José Manuel Dacal. Una respuesta que es común en la mayor parte de los concellos consultados, así como en las denominaciones de origen de los vinos que celebran sus ferias en verano, como sucede con Rías Baixas, Valdeorras y Monterrei.

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