La crisis de la vivienda y las ciudades termales

Publicado: 17 feb 2026 - 02:40
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El 27 de febrero próximo la Facultad de Empresariales y Turismo de Ourense será nuevamente el escenario de un Encontro no Campus, en esta ocasión interesado en el debate de la comúnmente denominada crisis de la vivienda, un tema de notoria actualidad y transcendencia social que desborda el marco de las economías nacionales para convertirse en una cuestión de carácter global. En tal sentido, hace apenas un año, la ONU publicaba un estudio sobre los desafíos y prioridades para mejorar la accesibilidad residencial que apuntaba como principales causas del problema los cambios en la estructura demográfica, la escasez de oferta y las limitaciones financieras. Un cóctel en el cual, al aumento de la demanda motivado por el crecimiento poblacional, la mayor movilidad de los hogares y la inmigración, se sumaban la exigua disponibilidad de suelo, los bajos niveles de edificación, o de dotaciones en alquiler, y las restricciones y carestía de la financiación, tanto para la rehabilitación y construcción de obra nueva como para el acceso a viviendas en régimen de arrendamiento.

Ni que decir tiene que el resultado lógico de la confluencia astral descrita se vino a traducir en una desmesurada presión al alza del precio de la vivienda, con efectos particularmente pronunciados en las ciudades más pobladas y especial incidencia sobre los colectivos sociales de menor poder adquisitivo, que se ven forzados a desplazarse a zonas urbanas periféricas. Es más, el mencionado documento de la ONU destaca a su vez una llamativa precarización del mercado de alquiler, en tanto en cuanto viviendas de baja calidad y escaso nivel de mantenimiento alcanzan altos niveles de renta.

A este último respecto, la inglesa Bath se percibe como paradigmático ejemplo histórico de resolución del problema habitacional propio de cualquier destino turístico, sobre todo si, como era el caso, este evoluciona rápidamente a partir de una dimensión y consolidación reducidas

Pero la accesibilidad residencial no es un problema de nuevo cuño exclusivo del mundo actual. Con toda seguridad la revolución industrial emprendida en Inglaterra a mediados del siglo XVIII nos ilustra de los contratiempos que generaron los notables desplazamientos de población desde las áreas agrarias tradicionales hacia los nuevos centros fabriles. Un éxodo masivo que acabaría desembocando en situaciones de hacinamiento y precaria salubridad, con perniciosas consecuencias sociales en las ciudades industriales en expansión. No obstante, por aquel entonces, las Islas Británicas evidenciaban ya un patrón bivalente de cambio en su estructura productiva y, por extensión, en el modelo de desarrollo urbano. Un proceso que derivaría en sendas concreciones poblacionales claramente diferenciadas y que, a su vez, tratarían de solventar la cuestión residencial emprendiendo caminos contrapuestos: la ciudad especializada en el trabajo y la ciudad orientada al tiempo libre.

A este último respecto, la inglesa Bath se percibe como paradigmático ejemplo histórico de resolución del problema habitacional propio de cualquier destino turístico, sobre todo si, como era el caso, este evoluciona rápidamente a partir de una dimensión y consolidación reducidas. En tal sentido, hacia 1720 y con el beneplácito de la corona británica, la corporación municipal optó por transgredir los límites históricos de la ciudad y habilitar espacio urbanizable más allá de las murallas medievales, posibilitando con el devenir del tiempo una inversión inmobiliaria equiparable a la dotación de capital fijo de la industria textil algodonera inglesa a finales del siglo XVIII. Una movilización de recursos que vino acompañada de un urbanismo impecable capaz de constituirse en un atractivo perdurable que afianzase el crecimiento sostenido de Bath. Es decir, la ciudad fue consciente de que precisaba una propuesta global de desarrollo urbano, a la vez funcional y vanguardista, que supiese conjugar los requerimientos residenciales y recreativos de los nuevos y antiguos residentes con las tendencias arquitectónicas y urbanísticas de la época. Un enfoque que transcurridos trescientos años semeja estar en plena vigencia.

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